Hijo natural de la actriz Carola Fernán Gómez, nieto no reconocido de la celebérrima María Guerrero, Fernando Fernán Gómez se hizo actor por inercia, aunque pronto mostró también su talento para la escritura y la dirección. Su vida, que atravesó cinco regímenes, de la Restauración borbónica a la democracia, quedó retratada en El tiempo amarillo, autobiografía a partir de la cual su amigo José Sacristán ha escrito El hijo de la cómica, una función sustantiva, luminosa y evocadora que él mismo dirige y representa en el madrileño Teatro Bellas Artes.. Seguir leyendo
Hijo natural de la actriz Carola Fernán Gómez, nieto no reconocido de la celebérrima María Guerrero, Fernando Fernán Gómez se hizo actor por inercia, aunque pronto mostró también su talento para la escritura y la dirección. Su vida, que atravesó cinco regímenes, de la Restauración borbónica a la democracia, quedó retratada en El tiempo amarillo, autobiografía a partir de la cual su amigo José Sacristán ha escrito El hijo de la cómica, una función sustantiva, luminosa y evocadora que él mismo dirige y representa en el madrileño Teatro Bellas Artes. Seguir leyendo
Hijo natural de la actriz Carola Fernán Gómez, nieto no reconocido de la celebérrima María Guerrero, Fernando Fernán Gómez se hizo actor por inercia, aunque pronto mostró también su talento para la escritura y la dirección. Su vida, que atravesó cinco regímenes, de la Restauración borbónica a la democracia, quedó retratada en El tiempo amarillo, autobiografía a partir de la cual su amigo José Sacristán ha escrito El hijo de la cómica, una función sustantiva, luminosa y evocadora que él mismo dirige y representa en el madrileño Teatro Bellas Artes.
Interpretado por Sacristán, Fernando evoca sus paseos infantiles de la mano de su abuela, durante la dictadura de Primo de Rivera, que solían concluir en la plaza de Santa Ana, en la que había jardines y bancos con mosaicos. Desde antiguo fue una plaza arbolada y acogedora, donde se cobijaron los personajes de Misericordia, la novela de Galdós. El pueblo madrileño siguió fondeando en aquellos bancos alicatados durante la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo (donde fueron sustituidos por unos de madera), la Transición y la democracia. Mediados los ochenta, la ciudad se terciarizó y el Ayuntamiento cedió las zonas estanciales de la plaza a los hosteleros, que ocupan con sus terrazas el hoy desarbolado espacio público.
En El hijo de la cómica, Fernán Gómez relata la forja de su carácter y el inicio de su pujante carrera, pero, en segundo plano, pone en evidencia los cambios sociales operados desde entonces. El gran intérprete habla de un Madrid donde los niños se tiraban el día entero en la calle (sin que ello causara preocupación a sus padres), donde se pregonaban la miel, el requesón y el arrope; una ciudad sin agua corriente ni televisión, donde las trabajadoras cantaban durante su labor y las familias pudientes se hacían leer las novelas en voz alta. En su evocación no hay nostalgia alguna sino un señalamiento de cómo fueron las cosas, de cuánto cambiaron y en qué sentido lo hicieron.
Tan protagonista de este relato es su narrador como la ciudad que habita, pero el personaje que nos roba el corazón es su abuela materna, cuya actitud risueña y optimista, propia de una socialista utópica, contrasta con la vida pésima que le dio su marido. Gracias a la anciana, el nieto aprendió a distinguir entre propietarios y proletarios, aunque él aspirase pronto a contarse entre los primeros, por influencia materna. A veces, Fernán Gómez dice cosas totalmente opuestas a las que piensa, con una ironía deudora del espíritu crítico característico de su amantísima abuela. Fue un chico querido, ilusionado, agradecido y “preguntón, con el pelo colorado, del color del pimentón”, parafraseando unos versos de Cela dedicados a un mocito pelirrojo al que conoció durante su Viaje a La Alcarria.
El hijo de la cómica es la historia de un actor contada por otro de igual nombradía, muy amigo suyo, además de protagonista de El viaje a ninguna parte. Sacristán, que aparenta unos cuantos años menos de sus 88 recién cumplidos, tiene una voz más redonda cada día, excelentemente proyectada, con la que reproduce de manera orgánica el habla de su maestro, adjetivo que cabe aquí porque en estas amistades siempre el mayor es la correa que transmite al más joven modos de hacer generacionales. Aparte de ser un homenaje justo e inspirado, esta función resulta muy valiosa en sí misma. El público aplaudió al actor en pie, con vehemencia, y, en los comentarios que se prodigaron a la salida, no escatimó elogios a su labor.
Texto: Fernando Fernán-Gómez (El tiempo amarillo 1921-1943)
Adaptación y dirección: José Sacristán
Reparto: José Sacristán
Teatro Bellas Artes, Madrid. Hasta el 28 de junio.
Teatre Romea, Barcelona. Del 2 de septiembre al 4 de octubre.
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