Los países europeos han empezado a moverse. Según el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, los aliados han «captado el mensaje» lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y están garantizando que se cumplan los acuerdos sobre el uso de bases militares. El malestar en Washington no es nuevo, pero sí ha ido en aumento. Trump ha acusado a varios socios europeos de no hacer lo suficiente para respaldar a Estados Unidos en la guerra contra Irán. Como gesto claro de ese descontento, el viernes anunció la retirada de 5.000 soldados desplegados en Alemania.. La decisión no pasó desapercibida en Bruselas. La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, reconoció que el anuncio fue inesperado y lo interpretó como una señal de alerta. «Necesitamos reforzar el pilar europeo de la OTAN y hacer más», dijo. Recordó además que la presencia militar estadounidense en Europa responde también a intereses de Washington, no solo europeos.. En ese contexto, Rutte trató de rebajar la tensión, aunque admitió que ha habido «cierta decepción» por parte de Estados Unidos. Aun así, aseguró que los aliados están reaccionando y que ahora se están asegurando de aplicar los acuerdos bilaterales sobre bases y apoyo logístico. No todos los países están en la misma línea. España, por ejemplo, ha dejado claro que las bases en su territorio no pueden utilizarse para operaciones relacionadas con la guerra contra Irán. En cambio, otros miembros de la OTAN -como Montenegro, Croacia, Rumanía, Portugal, Grecia, Italia, Reino Unido, Francia y Alemania- sí están atendiendo solicitudes de apoyo.. Además, Rutte apuntó que cada vez más países europeos están desplegando recursos navales en las cercanías del Golfo, como cazaminas, ante la posibilidad de una nueva fase del conflicto. También hay disposición a participar en futuras misiones para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz cuando termine la guerra.. Desde Washington salen señales más duras. Un correo interno del Pentágono revelado la semana pasada planteaba opciones para «castigar» a los aliados que, a juicio de Estados Unidos, no han estado a la altura. Entre las medidas que se barajan figuran la exclusión de ciertos países de puestos relevantes dentro de la OTAN o la revisión de apoyos estratégicos.. El documento refleja la frustración por las dificultades para obtener permisos clave (acceso, bases y sobrevuelo) considerados básicos para cualquier operación militar conjunta. Según fuentes conocedoras del contenido, estas ideas están circulando en los niveles más altos del Pentágono. El mensaje, en cualquier caso, parece haber calado. Europa empieza a ajustar su postura, empujada por la presión de un aliado que exige más implicación y menos ambigüedad.
Los países europeos han empezado a moverse. Según el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, los aliados han «captado el mensaje» lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y están garantizando que se cumplan los acuerdos sobre el uso de bases militares. El malestar en Washington no es nuevo, pero sí ha ido en aumento. Trump ha acusado a varios socios europeos de no hacer lo suficiente para respaldar a Estados Unidos en la guerra contra Irán. Como gesto claro de ese descontento, el viernes anunció la retirada de 5.000 soldados desplegados en Alemania.. La decisión no pasó desapercibida en Bruselas. La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, reconoció que el anuncio fue inesperado y lo interpretó como una señal de alerta. «Necesitamos reforzar el pilar europeo de la OTAN y hacer más», dijo. Recordó además que la presencia militar estadounidense en Europa responde también a intereses de Washington, no solo europeos.. En ese contexto, Rutte trató de rebajar la tensión, aunque admitió que ha habido «cierta decepción» por parte de Estados Unidos. Aun así, aseguró que los aliados están reaccionando y que ahora se están asegurando de aplicar los acuerdos bilaterales sobre bases y apoyo logístico. No todos los países están en la misma línea. España, por ejemplo, ha dejado claro que las bases en su territorio no pueden utilizarse para operaciones relacionadas con la guerra contra Irán. En cambio, otros miembros de la OTAN -como Montenegro, Croacia, Rumanía, Portugal, Grecia, Italia, Reino Unido, Francia y Alemania- sí están atendiendo solicitudes de apoyo.. Además, Rutte apuntó que cada vez más países europeos están desplegando recursos navales en las cercanías del Golfo, como cazaminas, ante la posibilidad de una nueva fase del conflicto. También hay disposición a participar en futuras misiones para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz cuando termine la guerra.. Desde Washington salen señales más duras. Un correo interno del Pentágono revelado la semana pasada planteaba opciones para «castigar» a los aliados que, a juicio de Estados Unidos, no han estado a la altura. Entre las medidas que se barajan figuran la exclusión de ciertos países de puestos relevantes dentro de la OTAN o la revisión de apoyos estratégicos.. El documento refleja la frustración por las dificultades para obtener permisos clave (acceso, bases y sobrevuelo) considerados básicos para cualquier operación militar conjunta. Según fuentes conocedoras del contenido, estas ideas están circulando en los niveles más altos del Pentágono. El mensaje, en cualquier caso, parece haber calado. Europa empieza a ajustar su postura, empujada por la presión de un aliado que exige más implicación y menos ambigüedad.
Rutte afirma que «cada vez más» países europeos están desplegando activos como cazaminas y dragaminas cerca del Golfo Pérsico para una «siguiente fase»
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