Es un libro largamente esperado, una obra que nos ayuda a conocer mejor un tiempo nada fácil. Afortunadamente Marià Manent dedicó una parte de su tiempo a escribir lo vivido, una serie de cuadernos que son una personal fotografía de buena parte de la Cataluña del siglo XX. Bajo el cuidado de Arnau Vives-Piñas, Edicions 62 ha tenido la buena idea de publicar «Dietaris», una obra importante porque contiene los volúmenes «Montseny (Zodíac d’un paisatge)», de 1948; «A flor de l’oblit. Dietari dispers (1918-1966)», de 1968; «El vel de maia. Dietari de la guerra civil (1936-1939)», de 1975; y «L’aroma d’arc. Dietari dispers (1919-1981), de 1982. A ello se le suman una serie de fragmentos de textos también dietarísticos que Manent dio a conocer de manera dispersa en Prensa.. Nacido en 1898, el poeta empezó a escribir sobre lo vivido a partir de 1914, concibiendo en un primer momento estos textos como un artefacto privado, como una obra solamente para sus ojos. Él mismo se preocupó de matizar en algún prólogo que estos dietarios nacieron con la vocación de ser una suerte de espacio íntimo de reflexión. Sin embargo, durante la década de la treinta, esa idea empezó a desdibujarse al publicar algunos pasajes de «Montseny (Zodíac d’un paisatge)». La privacidad pasó a convertirse en un texto a la búsqueda de lectores, abierto en esta ocasión a todos los públicos.. Probablemente las cotas más altas como dietarista por parte de Manent las encontramos en «Montseny (Zodíac d’un paisatge)» y «El vel de maia. Dietari de la guerra civil (1936-1939)», dos textos vinculados en el refugio que la familia Manent poseía en el Montseny. En estas páginas se fusiona el aspecto más puramente literario de un espacio tan vinculado con lo mejor de las letras catalanas, como es el caso de Verdaguer, con el drama de la Guerra Civil, contemplando desde ese escenario como la contienda se iba volviendo en contra del gobierno republicano. A este respecto, es muy interesante la entrada del 24 de noviembre de 1937, con Marià Manent regresando por unas horas a una Barcelona en el que las Ramblas siguen llenas de flores como si nada pasara y dialogando con intelectuales como Armand Obiols quien creía –de manera certera– que a Inglaterra le parecía mejor una España con Franco que republicana para poder influir en el nuevo estado antes de caer en la órbita soviética.. «Dietaris» nos permite ser testigos de excepción de algunos episodios interesantísimos, como cuando el joven Marià Manent asiste a una de las primeras conferencias que Josep Carner dicta a los obreros en la Universitat Nova bajo el título de «Renaixement literari català». En ella, Carner recordaba que una característica esencial de los catalanes es el espíritu de libertad, lo que hizo que Cataluña floreciera con plenitud durante la Edad Media hasta el punto de producir una unidad de cultura, con hitos como la «Crònica» de Jaume I.. Resulta igualmente fascinante poder estar al lado de Manent cuando en 1967 visita a Joan Miró hablando, curiosamente en francés, «con noble orgullo» de su trabajo y con la idea de ir al monasterio de Scala Dei a la búsqueda de inspiración. Unos años más tarde, en otro pasaje de los diarios, volvemos a encontrarnos a Miró en otro escenario religioso, concretamente Montserrat, tras la publicación de su imprescindible «Càntic al Sol».. Otro retrato a tener en cuenta es el relacionado con Josep Pla a propósito de un viaje de Manent a Llofriu. Pla aparece como un entusiasta de Estados Unidos, opinando también sobre un político español de aquel momento –mayo de 1975– que es un ladrón.. En la entrada del 16 de agosto de 1948, Marià Manent anotaba que acompañaba a un redactor de la revista «Vogue» interesado en conocer las huellas de Picasso en Barcelona. En realidad se trataba del fotógrafo Irving Penn quien se hospedaba en el Hotel Ritz de la capital catalana. Fue allí donde Manent coincidió con Salvador Dalí, acompañado del mecenas y empresario Albert Puig Palau. Al poeta le pareció alguien poco dotado para el sentido del humor, con un bigote «obsesionante, eléctrico».
Edicions 62 reúne en un volumen la totalidad de los dietarios de un autor fundamental
Es un libro largamente esperado, una obra que nos ayuda a conocer mejor un tiempo nada fácil. Afortunadamente Marià Manent dedicó una parte de su tiempo a escribir lo vivido, una serie de cuadernos que son una personal fotografía de buena parte de la Cataluña del siglo XX. Bajo el cuidado de Arnau Vives-Piñas, Edicions 62 ha tenido la buena idea de publicar «Dietaris», una obra importante porque contiene los volúmenes «Montseny (Zodíac d’un paisatge)», de 1948; «A flor de l’oblit. Dietari dispers (1918-1966)», de 1968; «El vel de maia. Dietari de la guerra civil (1936-1939)», de 1975; y «L’aroma d’arc. Dietari dispers (1919-1981), de 1982. A ello se le suman una serie de fragmentos de textos también dietarísticos que Manent dio a conocer de manera dispersa en Prensa.. Nacido en 1898, el poeta empezó a escribir sobre lo vivido a partir de 1914, concibiendo en un primer momento estos textos como un artefacto privado, como una obra solamente para sus ojos. Él mismo se preocupó de matizar en algún prólogo que estos dietarios nacieron con la vocación de ser una suerte de espacio íntimo de reflexión. Sin embargo, durante la década de la treinta, esa idea empezó a desdibujarse al publicar algunos pasajes de «Montseny (Zodíac d’un paisatge)». La privacidad pasó a convertirse en un texto a la búsqueda de lectores, abierto en esta ocasión a todos los públicos.. Probablemente las cotas más altas como dietarista por parte de Manent las encontramos en «Montseny (Zodíac d’un paisatge)» y «El vel de maia. Dietari de la guerra civil (1936-1939)», dos textos vinculados en el refugio que la familia Manent poseía en el Montseny. En estas páginas se fusiona el aspecto más puramente literario de un espacio tan vinculado con lo mejor de las letras catalanas, como es el caso de Verdaguer, con el drama de la Guerra Civil, contemplando desde ese escenario como la contienda se iba volviendo en contra del gobierno republicano. A este respecto, es muy interesante la entrada del 24 de noviembre de 1937, con Marià Manent regresando por unas horas a una Barcelona en el que las Ramblas siguen llenas de flores como si nada pasara y dialogando con intelectuales como Armand Obiols quien creía –de manera certera– que a Inglaterra le parecía mejor una España con Franco que republicana para poder influir en el nuevo estado antes de caer en la órbita soviética.. «Dietaris» nos permite ser testigos de excepción de algunos episodios interesantísimos, como cuando el joven Marià Manent asiste a una de las primeras conferencias que Josep Carner dicta a los obreros en la Universitat Nova bajo el título de «Renaixement literari català». En ella, Carner recordaba que una característica esencial de los catalanes es el espíritu de libertad, lo que hizo que Cataluña floreciera con plenitud durante la Edad Media hasta el punto de producir una unidad de cultura, con hitos como la «Crònica» de Jaume I.. Resulta igualmente fascinante poder estar al lado de Manent cuando en 1967 visita a Joan Miró hablando, curiosamente en francés, «con noble orgullo» de su trabajo y con la idea de ir al monasterio de Scala Dei a la búsqueda de inspiración. Unos años más tarde, en otro pasaje de los diarios, volvemos a encontrarnos a Miró en otro escenario religioso, concretamente Montserrat, tras la publicación de su imprescindible «Càntic al Sol».. Otro retrato a tener en cuenta es el relacionado con Josep Pla a propósito de un viaje de Manent a Llofriu. Pla aparece como un entusiasta de Estados Unidos, opinando también sobre un político español de aquel momento –mayo de 1975– que es un ladrón.. En la entrada del 16 de agosto de 1948, Marià Manent anotaba que acompañaba a un redactor de la revista «Vogue» interesado en conocer las huellas de Picasso en Barcelona. En realidad se trataba del fotógrafo Irving Penn quien se hospedaba en el Hotel Ritz de la capital catalana. Fue allí donde Manent coincidió con Salvador Dalí, acompañado del mecenas y empresario Albert Puig Palau. Al poeta le pareció alguien poco dotado para el sentido del humor, con un bigote «obsesionante, eléctrico».
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