Toda historia principia con una pregunta y la de Valeria Luiselli parte de una cuestión accidental que le planteó su hija: ¿Por qué en todos los mitos de creación del mundo algo se parte en dos? ¿Por qué todos los comienzos surgen de una ruptura? «Reparaba en un hecho real que hay en todos los mitos de origen, cuando se separan el mar y la tierra o el cielo y la tierra se pelean, y es que siempre existe una ruptura en el inicio, incluso en la vida humana, cuando una madre da a luz y se divide en dos. Toda la novela está pensada en ese juego».. La escritora publica[[LINK:EXTERNO|||https://www.casadellibro.com/libro-principio-medio-fin/9791388111006/18055181?srsltid=AfmBOoqiC5tnFhP9s9Py2o6sKdtjVlpQIQ_pBoNH80SzDjb0sQOJR5_b||| «Principio, medio, fin»]] (Feltrinelli). Un texto que narra el viaje de una madre y una hija a Sicilia y que se convierte en un recorrido por la historia, la literatura, la familia, la memoria y, también, en una particular impugnación de Aristóteles y una seria reflexión sobre qué es la literatura y el acto de narrar. «Esta novela empieza en un círculo muy íntimo de esas relaciones y se va abriendo. A partir de la conversación entre madre e hija empieza también una conversación, primero con la comunidad del entorno, con la circunstancia en la que caen en Sicilia, una frontera mediterránea a la que están llegando comunidades de migrantes y ante la que se da una determinada respuesta política, pero también con las grandes leyendas y los mitos históricos de los viajes épicos de la humanidad, sobre todo la Eneida».. ¿Biográfico?. Solo en un 27 por ciento (risas). Mi interés por la exploración de los linajes femeninos tiene que ver con cómo se trenzan las historias de las mujeres de una familia, cómo nuestras identidades se van formando dentro de una familia y en relación con las mujeres que nos han precedido y que nos dieron la vida. Lo que sucede con las historias es que siempre se están tejiendo. Al ser contadas a las generaciones más jóvenes, ellas las trenzan, las rearticulan de otro modo y las resignifican. Esa circulación de historias me interesa particularmente: cómo las generaciones jóvenes, como la niña de la novela, toman una historia y la hacen plenamente suya, y cómo eso conduce el presente de sus vidas. La rearticulación de la historia por parte de la niña es el motor de esta novela. Lo único que mantiene vivo el pasado es reinterpretarlo, rearticularlo, interpretarlo mal o interpretarlo bien. Eso no importa. La imaginación humana, en un sentido enorme y colectivo, consiste en una conversación con el pasado.. «Las culturas no tienden a abrirles las puertas a otras culturas». Valeria Luiselli. Tiene peso la literatura grecorromana. ¿Por qué?. Sí, pero no porque me interese actualizar los mitos ni acercarlos al presente. Eso me parece una manera muy sorda, muy ciega, de intentar relacionarse con el pasado. Lo que me interesa es la mirada de los antiguos sobre el mundo que veían, un mundo todavía poco documentado, poco narrado, que empezaba a entenderse a través de la escritura. En el mundo en el que estamos, sobreescrito, sobreinformado, pero profundamente confuso y a ratos aterrador, esas miradas pausadas, capaces de describir una marea, un viento o un volcán, nos pueden ayudar a reformular la manera en que prestamos atención y observamos. El mundo se nos escapa porque no tenemos pausa para observarlo, porque no hay tregua. Vivimos en un tren de altísima velocidad. Deberíamos bajarnos y detenernos un poco. La lectura es un recordatorio de esa pausa necesaria.. Menciona la migración en tu novela.. El ser humano siempre ha sido hostil a lo desconocido, a lo que llega de fuera. Las culturas no tienden a abrirles las puertas a otras culturas, sobre todo si llegan en grandes números. Las personas que más hacen el ejercicio de la empatía, porque imaginan la vida de los otros, tienen curiosidad, leen y escuchan, suelen ser las menos en las sociedades. Siempre están los que dicen que estos llegaron y vienen aquí a arruinarnos esto, a tener más hijos… Pero muchas de esas personas están huyendo de su país. Tenemos una obligación moral, ética y política frente a esto. La situación en Estados Unidos ahorita es espantosa. La mitad del pueblo estadounidense apoya esas políticas migratorias tan inhumanas y crueles. El problema es, por supuesto, su siniestro gobernante, pero también la gente que circunda ese proyecto político que vienen desarrollando desde hace años, y luego su base electoral, que se siente amenazada por la llegada de extranjeros, que se siente abandonada por sus gobernantes y a la que sus propios gobernantes convencen de culpar a los migrantes.. «Si soltaran al ICE en Nueva York, donde vivo, como ciudad nos vamos a defender». Valeria Luiselli. Estados Unidos va a tardar en arreglar lo que ha roto.. Sí, va a llevar muchos años volver a empezar en Estados Unidos, tal vez muchas generaciones, hasta volver a tener un tejido social sano, diverso y sólido. No está todo perdido. Vivo en Nueva York, donde estamos viendo también muchas cosas que nos asustan y nos duelen, pero que sigue siendo una ciudad pujante y de migrantes. Hay personas de todos los países del mundo. No todo está perdido y lo que tenemos lo valoramos, lo conservamos y lo cuidamos. Si nos sueltan al ICE en las calles, como ciudad nos vamos a defender. Este gobierno destruyó y le quitó financiación a tantas instituciones importantes del país, empezando por la radio pública y las universidades, que ahora atraviesan una crisis profundísima que implica no poder dar becas a los estudiantes y no disponer de fondos de investigación para la ciencia, que es donde se genera el conocimiento sobre medicina, neurología… Todo está colapsado.. Habla del feminicidio.. En México no sé siquiera si estamos avanzando en una buena dirección. Es un país con un grado de feminicidio espeluznante. Y es dolorosísimo. Cuando surgieron «Las Tesis», nos recordaron lo importante que es la voz colectiva cuando existe un estado de tal impunidad que el individuo está completamente desamparado, porque si matan a tu hermana, si te violan, no pasa nada, no hay consecuencias; si desapareces, nadie te encuentra. Frente a ese desamparo individual, solamente la colectividad parece ser una voz capaz de empujar las cosas en otra dirección. En esta novela pienso en esa necesaria colectividad. Es agotador para las mujeres porque no podemos bajar la guardia nunca. Siempre tenemos que dedicar buena parte de nuestra energía —y la energía humana no es un bien infinito, tiene sus límites— a defendernos de la violencia y de la posible violencia, sea psicológica, sexual o física. Hasta que eso no desaparezca, tampoco podemos desplegar todo nuestro potencial.. ¿Pero?. Ahora quiero matizar: eso no significa que no haya mujeres profundamente violentas o manipuladoras. Tampoco hay que pintar al género femenino como si fuésemos santas. Eso sería equivocado. Somos humanos. Lo cierto es que las estructuras de poder han estado controladas durante siglos por los hombres y sí existe una disparidad de género, pero no estoy santificando a las mujeres tampoco.. Todos tenemos la sensación de que estamos llegando al final de algo. Valeria Luiselli. El libro es una reflexión sobre lo que es la literatura.. Es sobre el proceso de escritura, los procesos creativos en la escritura, la historia literaria como memoria colectiva, como la tela misma de nuestra memoria histórica. Es una gran carta de amor a la imaginación y a la escritura. Mi interés era repensar lo que Aristóteles, en su «Poética», relega a un lugar sin importancia: la mitad. Habla del principio, el medio y el fin, y dice que el medio es todo lo que viene después del principio y antes del final. No dice nada sobre ese medio maravilloso que es, en realidad, el lugar en donde estamos siempre todos: a la mitad de las cosas. Esta novela hace una reivindicación de estar en el medio, de mirar hacia el pasado y hacia el futuro, y tratar de ubicarse en el tiempo humano, estar a la mitad de la vida, viendo a los hijos dar sus primeros pasos y viendo a los padres perder su propia lucidez, a veces la memoria y la salud. Estar en ese lugar de observación es un ejercicio muy hermoso y, a veces, dificilísimo.. Ya no se puede contar el mundo como se contaba antes.. Tienes razón. Todos tenemos la sensación de que estamos llegando al final de algo, de que el tiempo se está comportando de una manera extraña, de que estamos al borde de algo. No logramos asir del todo esa sensación. Creo que la manera misma de escribir y de representar el mundo requiere un desplazamiento en nuestra forma de prestar atención, en la manera de articular una secuencia. ¿Cómo articulas una secuencia de acontecimientos en el tiempo para generar una sensación particular del tiempo? La búsqueda de toda novela es fabricar tiempo y siento que esa es la gramática interna de las novelas hoy en día. Hay que acercarse a una sensibilidad que nos permita entender mejor qué es lo que estamos sintiendo.
A través del viaje de una madre y una hija, la autora plantea una reflexión sobre la literatura en «Principio, medio, fin»
Toda historia principia con una pregunta y la de Valeria Luiselli parte de una cuestión accidental que le planteó su hija: ¿Por qué en todos los mitos de creación del mundo algo se parte en dos? ¿Por qué todos los comienzos surgen de una ruptura? «Reparaba en un hecho real que hay en todos los mitos de origen, cuando se separan el mar y la tierra o el cielo y la tierra se pelean, y es que siempre existe una ruptura en el inicio, incluso en la vida humana, cuando una madre da a luz y se divide en dos. Toda la novela está pensada en ese juego».. La escritora publica «Principio, medio, fin» (Feltrinelli). Un texto que narra el viaje de una madre y una hija a Sicilia y que se convierte en un recorrido por la historia, la literatura, la familia, la memoria y, también, en una particular impugnación de Aristóteles y una seria reflexión sobre qué es la literatura y el acto de narrar. «Esta novela empieza en un círculo muy íntimo de esas relaciones y se va abriendo. A partir de la conversación entre madre e hija empieza también una conversación, primero con la comunidad del entorno, con la circunstancia en la que caen en Sicilia, una frontera mediterránea a la que están llegando comunidades de migrantes y ante la que se da una determinada respuesta política, pero también con las grandes leyendas y los mitos históricos de los viajes épicos de la humanidad, sobre todo la Eneida».. ¿Biográfico?. Solo en un 27 por ciento (risas). Mi interés por la exploración de los linajes femeninos tiene que ver con cómo se trenzan las historias de las mujeres de una familia, cómo nuestras identidades se van formando dentro de una familia y en relación con las mujeres que nos han precedido y que nos dieron la vida. Lo que sucede con las historias es que siempre se están tejiendo. Al ser contadas a las generaciones más jóvenes, ellas las trenzan, las rearticulan de otro modo y las resignifican. Esa circulación de historias me interesa particularmente: cómo las generaciones jóvenes, como la niña de la novela, toman una historia y la hacen plenamente suya, y cómo eso conduce el presente de sus vidas. La rearticulación de la historia por parte de la niña es el motor de esta novela. Lo único que mantiene vivo el pasado es reinterpretarlo, rearticularlo, interpretarlo mal o interpretarlo bien. Eso no importa. La imaginación humana, en un sentido enorme y colectivo, consiste en una conversación con el pasado.. «Las culturas no tienden a abrirles las puertas a otras culturas». Tiene peso la literatura grecorromana. ¿Por qué?. Sí, pero no porque me interese actualizar los mitos ni acercarlos al presente. Eso me parece una manera muy sorda, muy ciega, de intentar relacionarse con el pasado. Lo que me interesa es la mirada de los antiguos sobre el mundo que veían, un mundo todavía poco documentado, poco narrado, que empezaba a entenderse a través de la escritura. En el mundo en el que estamos, sobreescrito, sobreinformado, pero profundamente confuso y a ratos aterrador, esas miradas pausadas, capaces de describir una marea, un viento o un volcán, nos pueden ayudar a reformular la manera en que prestamos atención y observamos. El mundo se nos escapa porque no tenemos pausa para observarlo, porque no hay tregua. Vivimos en un tren de altísima velocidad. Deberíamos bajarnos y detenernos un poco. La lectura es un recordatorio de esa pausa necesaria.. Menciona la migración en tu novela.. El ser humano siempre ha sido hostil a lo desconocido, a lo que llega de fuera. Las culturas no tienden a abrirles las puertas a otras culturas, sobre todo si llegan en grandes números. Las personas que más hacen el ejercicio de la empatía, porque imaginan la vida de los otros, tienen curiosidad, leen y escuchan, suelen ser las menos en las sociedades. Siempre están los que dicen que estos llegaron y vienen aquí a arruinarnos esto, a tener más hijos… Pero muchas de esas personas están huyendo de su país. Tenemos una obligación moral, ética y política frente a esto. La situación en Estados Unidos ahorita es espantosa. La mitad del pueblo estadounidense apoya esas políticas migratorias tan inhumanas y crueles. El problema es, por supuesto, su siniestro gobernante, pero también la gente que circunda ese proyecto político que vienen desarrollando desde hace años, y luego su base electoral, que se siente amenazada por la llegada de extranjeros, que se siente abandonada por sus gobernantes y a la que sus propios gobernantes convencen de culpar a los migrantes.. «Si soltaran al ICE en Nueva York, donde vivo, como ciudad nos vamos a defender». Estados Unidos va a tardar en arreglar lo que ha roto.. Sí, va a llevar muchos años volver a empezar en Estados Unidos, tal vez muchas generaciones, hasta volver a tener un tejido social sano, diverso y sólido. No está todo perdido. Vivo en Nueva York, donde estamos viendo también muchas cosas que nos asustan y nos duelen, pero que sigue siendo una ciudad pujante y de migrantes. Hay personas de todos los países del mundo. No todo está perdido y lo que tenemos lo valoramos, lo conservamos y lo cuidamos. Si nos sueltan al ICE en las calles, como ciudad nos vamos a defender. Este gobierno destruyó y le quitó financiación a tantas instituciones importantes del país, empezando por la radio pública y las universidades, que ahora atraviesan una crisis profundísima que implica no poder dar becas a los estudiantes y no disponer de fondos de investigación para la ciencia, que es donde se genera el conocimiento sobre medicina, neurología… Todo está colapsado.. Habla del feminicidio.. En México no sé siquiera si estamos avanzando en una buena dirección. Es un país con un grado de feminicidio espeluznante. Y es dolorosísimo. Cuando surgieron «Las Tesis», nos recordaron lo importante que es la voz colectiva cuando existe un estado de tal impunidad que el individuo está completamente desamparado, porque si matan a tu hermana, si te violan, no pasa nada, no hay consecuencias; si desapareces, nadie te encuentra. Frente a ese desamparo individual, solamente la colectividad parece ser una voz capaz de empujar las cosas en otra dirección. En esta novela pienso en esa necesaria colectividad. Es agotador para las mujeres porque no podemos bajar la guardia nunca. Siempre tenemos que dedicar buena parte de nuestra energía —y la energía humana no es un bien infinito, tiene sus límites— a defendernos de la violencia y de la posible violencia, sea psicológica, sexual o física. Hasta que eso no desaparezca, tampoco podemos desplegar todo nuestro potencial.. ¿Pero?. Ahora quiero matizar: eso no significa que no haya mujeres profundamente violentas o manipuladoras. Tampoco hay que pintar al género femenino como si fuésemos santas. Eso sería equivocado. Somos humanos. Lo cierto es que las estructuras de poder han estado controladas durante siglos por los hombres y sí existe una disparidad de género, pero no estoy santificando a las mujeres tampoco.. Todos tenemos la sensación de que estamos llegando al final de algo. El libro es una reflexión sobre lo que es la literatura.. Es sobre el proceso de escritura, los procesos creativos en la escritura, la historia literaria como memoria colectiva, como la tela misma de nuestra memoria histórica. Es una gran carta de amor a la imaginación y a la escritura. Mi interés era repensar lo que Aristóteles, en su «Poética», relega a un lugar sin importancia: la mitad. Habla del principio, el medio y el fin, y dice que el medio es todo lo que viene después del principio y antes del final. No dice nada sobre ese medio maravilloso que es, en realidad, el lugar en donde estamos siempre todos: a la mitad de las cosas. Esta novela hace una reivindicación de estar en el medio, de mirar hacia el pasado y hacia el futuro, y tratar de ubicarse en el tiempo humano, estar a la mitad de la vida, viendo a los hijos dar sus primeros pasos y viendo a los padres perder su propia lucidez, a veces la memoria y la salud. Estar en ese lugar de observación es un ejercicio muy hermoso y, a veces, dificilísimo.. Ya no se puede contar el mundo como se contaba antes.. Tienes razón. Todos tenemos la sensación de que estamos llegando al final de algo, de que el tiempo se está comportando de una manera extraña, de que estamos al borde de algo. No logramos asir del todo esa sensación. Creo que la manera misma de escribir y de representar el mundo requiere un desplazamiento en nuestra forma de prestar atención, en la manera de articular una secuencia. ¿Cómo articulas una secuencia de acontecimientos en el tiempo para generar una sensación particular del tiempo? La búsqueda de toda novela es fabricar tiempo y siento que esa es la gramática interna de las novelas hoy en día. Hay que acercarse a una sensibilidad que nos permita entender mejor qué es lo que estamos sintiendo.
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