«Acompáñenme un día conmigo en Toledo, amigos». Así arranca el relato de una joven latinoamericana que, como parte de su intercambio en España, decidió dedicar una jornada completa a descubrir Toledo. «Como parte del intercambio obviamente es indispensable viajar», explica mientras cuenta cómo tomó el metro hasta la estación y, gracias a su abono joven, el autobús le salió «completamente gratis». Llegó «con cero expectativas», pero nada más aterrizar y ver las primeras panorámicas lo tuvo claro. «Todo me pareció increíble».. Nada más empezar a caminar, entendió que la visita no iba a ser ligera. «Créanme que van a caminar y a subir un montón», advierte entre risas, tras encontrarse con interminables escaleras y cuestas. Sacó su «monedita de Toledo» y se lanzó a turistear entre «un montón de tienditas». Le sorprendió especialmente la mezcla cultural de la ciudad: «Convivían cristianos, judíos y musulmanes», recuerda, fascinada por una urbe donde «todo se siente muy medieval» y donde, además, celebra que «es bastante peatonal».. Uno de los momentos más impactantes fue la entrada a la imponente Catedral de Toledo. «Lo impresionante e imponente que era este espacio», subraya. La entrada costó doce euros, pero asegura que «vale completamente la pena». Recorrió «cada detalle, cada sala enorme», el claustro y las criptas, en un templo levantado sobre una iglesia anterior que sustituyó a una mezquita antes de convertirse en catedral tras el regreso al cristianismo. «Definitivamente las iglesias tienen muchísima presencia y arquitectura, pero sobre todo esta, quedé bastante impactada», confiesa. Tras la visita cultural, hizo parada dulce para probar los famosos cheesecakes de la ciudad, antes de continuar su ruta por la iglesia de los jesuitas, donde compró la pulsera turística por catorce euros que le permitió acceder a varios templos más. Desde el mirador en lo más alto, contempló la ciudad y reflexionó. «De México a España he aprendido muchísimo de los sistemas constructivos y cómo suelen aquí hacer la arquitectura». Finalmente, acabó resumiendo que, «como estudiante de arquitectura, es increíble lo que puedes encontrar».. El recorrido siguió por el Real Colegio de Doncellas Nobles, con su patio neoclásico donde antiguamente se desarrollaba la vida académica, y por el Monasterio de San Juan de los Reyes, uno de sus favoritos. «Tiene una arquitectura bastante peculiar, como muy gótico», describe, impresionada por «la dimensión, la altura, el espacio», e incluso por la sensación térmica: «Se sentía frío». Le resultó interesante comprobar cómo, con el paso del tiempo, el edificio ha vivido «diferentes intervenciones en su arquitectura, en su estilo, en su religión».. Este día también incluyó un pedazo de la gastronomía, carcamusas, rabo de toro y venado; y la visita a la Mezquita del Cristo de la Luz, donde admite que nunca antes había entrado en un espacio similar. «Es interesante ver estos templos de diferentes religiones y también ser bastante respetuosos, pero admirar todo lo que se construyó», reflexiona. Al caer la tarde, café en mano, buscó el atardecer junto al río, pasó por la Puerta del Sol y la Puerta de Bisagra, e incluso se topó con la casa del Ratón Pérez. Exhausta tras un día entero caminando, regresó en autobús con la sensación de haber exprimido cada rincón de una ciudad que, sin esperarlo, terminó conquistándola.
Durante su intercambio en España, ha recorrido la capital castellanomanchega y se ha quedado perpleja por la historia que se respira allí
«Acompáñenme un día conmigo en Toledo, amigos». Así arranca el relato de una joven latinoamericana que, como parte de su intercambio en España, decidió dedicar una jornada completa a descubrir Toledo. «Como parte del intercambio obviamente es indispensable viajar», explica mientras cuenta cómo tomó el metro hasta la estación y, gracias a su abono joven, el autobús le salió «completamente gratis». Llegó «con cero expectativas», pero nada más aterrizar y ver las primeras panorámicas lo tuvo claro. «Todo me pareció increíble».. Nada más empezar a caminar, entendió que la visita no iba a ser ligera. «Créanme que van a caminar y a subir un montón», advierte entre risas, tras encontrarse con interminables escaleras y cuestas. Sacó su «monedita de Toledo» y se lanzó a turistear entre «un montón de tienditas». Le sorprendió especialmente la mezcla cultural de la ciudad: «Convivían cristianos, judíos y musulmanes», recuerda, fascinada por una urbe donde «todo se siente muy medieval» y donde, además, celebra que «es bastante peatonal».. Uno de los momentos más impactantes fue la entrada a la imponente Catedral de Toledo. «Lo impresionante e imponente que era este espacio», subraya. La entrada costó doce euros, pero asegura que «vale completamente la pena». Recorrió «cada detalle, cada sala enorme», el claustro y las criptas, en un templo levantado sobre una iglesia anterior que sustituyó a una mezquita antes de convertirse en catedral tras el regreso al cristianismo. «Definitivamente las iglesias tienen muchísima presencia y arquitectura, pero sobre todo esta, quedé bastante impactada», confiesa. Tras la visita cultural, hizo parada dulce para probar los famosos cheesecakes de la ciudad, antes de continuar su ruta por la iglesia de los jesuitas, donde compró la pulsera turística por catorce euros que le permitió acceder a varios templos más. Desde el mirador en lo más alto, contempló la ciudad y reflexionó. «De México a España he aprendido muchísimo de los sistemas constructivos y cómo suelen aquí hacer la arquitectura». Finalmente, acabó resumiendo que, «como estudiante de arquitectura, es increíble lo que puedes encontrar».. El recorrido siguió por el Real Colegio de Doncellas Nobles, con su patio neoclásico donde antiguamente se desarrollaba la vida académica, y por el Monasterio de San Juan de los Reyes, uno de sus favoritos. «Tiene una arquitectura bastante peculiar, como muy gótico», describe, impresionada por «la dimensión, la altura, el espacio», e incluso por la sensación térmica: «Se sentía frío». Le resultó interesante comprobar cómo, con el paso del tiempo, el edificio ha vivido «diferentes intervenciones en su arquitectura, en su estilo, en su religión».. Este día también incluyó un pedazo de la gastronomía, carcamusas, rabo de toro y venado; y la visita a la Mezquita del Cristo de la Luz, donde admite que nunca antes había entrado en un espacio similar. «Es interesante ver estos templos de diferentes religiones y también ser bastante respetuosos, pero admirar todo lo que se construyó», reflexiona. Al caer la tarde, café en mano, buscó el atardecer junto al río, pasó por la Puerta del Sol y la Puerta de Bisagra, e incluso se topó con la casa del Ratón Pérez. Exhausta tras un día entero caminando, regresó en autobús con la sensación de haber exprimido cada rincón de una ciudad que, sin esperarlo, terminó conquistándola.
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