En el fondo de un pequeño lago de la Serra da Estrela, en Portugal, se ha ido escribiendo durante miles de años una historia que nadie podía registrar. Capa tras capa, los sedimentos fueron atrapando restos de la vegetación que crecía a su alrededor y conservando en ellos una especie de memoria química de la lluvia. Un archivo natural que permite retroceder 11.000 años para saber cuándo el oeste de la Península Ibérica fue más húmedo, cuándo atravesó etapas más secas y, sobre todo, qué estaba sucediendo entonces en el Atlántico.. Ahora, un equipo internacional liderado por la investigadora del CICA de la Universidade da Coruña Uxía Fernández-Pérez ha conseguido leer buena parte de ese archivo. Los resultados permiten reconstruir la evolución de las precipitaciones durante prácticamente todo el Holoceno y arrojan luz sobre los mecanismos que condicionan la llegada de humedad a territorios tan vinculados al océano como Galicia.. La conclusión de partida es clara: las lluvias en el oeste peninsular nunca han sido constantes. Durante los últimos once milenios se sucedieron etapas considerablemente más húmedas y otras más secas, y buena parte de esas oscilaciones estuvo relacionada con cambios producidos en la circulación del Atlántico Norte.. La autopista de las borrascas. Una de las claves se encuentra en las rutas que siguen las borrascas atlánticas. Su posición, combinada con otros procesos oceánicos y atmosféricos, determina qué cantidad de humedad alcanza el oeste de la Península Ibérica.. Cuando esas dinámicas cambian, también puede hacerlo el régimen de precipitaciones. Y esa conexión resulta especialmente interesante para Galicia, cuyo clima está profundamente condicionado por su posición frente al Atlántico.. La investigación no permite reconstruir de manera directa cuánto llovía en Galicia hace 2.000, 5.000 o 10.000 años. El registro procede del lago Peixão, en la Serra da Estrela, pero ofrece algo diferente: una perspectiva de muy largo plazo sobre los grandes mecanismos que han regulado las precipitaciones en el oeste peninsular y que también influyen sobre el territorio gallego.. Un mensaje escondido en las plantas. ¿Cómo se puede saber cuánto llovía cuando todavía faltaban miles de años para que existiese un pluviómetro? La respuesta está en las plantas.. Los investigadores analizaron compuestos procedentes de las ceras vegetales que quedaron depositadas y preservadas en los sedimentos del lago. Su composición química conserva información relacionada con las precipitaciones y con la disponibilidad de agua existente cuando creció aquella vegetación.. Esas moléculas funcionan así como pequeñas cápsulas del tiempo. Al estudiar los diferentes estratos acumulados en el fondo del lago, los científicos pueden retroceder progresivamente en la historia climática y reconstruir cómo fueron cambiando las condiciones de humedad.. El trabajo forma parte del proyecto internacional HOLMODRIVE, iniciado en 2018 y liderado por el investigador del CICA Armand Hernández. En él participa un equipo científico de España, Portugal, Alemania, Suiza y Canadá, además del investigador del centro coruñés Roberto Bao.. Mirar 11.000 años atrás para entender lo que ocurre ahora. Disponer de una reconstrucción tan extensa permite distinguir mejor la enorme variabilidad natural que han experimentado las precipitaciones y conocer cómo ha respondido históricamente el oeste de la Península a las modificaciones producidas en el Atlántico Norte.. No se trata, por tanto, de utilizar el pasado como una predicción exacta de cuánto lloverá en Galicia en las próximas décadas. Su valor está en ampliar enormemente la escala temporal con la que se observa el clima: frente a los registros meteorológicos modernos, que abarcan un período relativamente corto, los sedimentos permiten contemplar miles de años de cambios.. Una perspectiva especialmente relevante en un momento en el que la evolución de las precipitaciones y la disponibilidad de agua ocupan un lugar creciente en el debate climático. Y cuya historia, al menos en parte, llevaba once milenios esperando a ser descifrada en el fondo de un lago portugués.
La investigación liderada desde A Coruña revela hasta qué punto la llegada de agua al oeste peninsular está condicionada por lo que ocurre en el Atlántico Norte
En el fondo de un pequeño lago de la Serra da Estrela, en Portugal, se ha ido escribiendo durante miles de años una historia que nadie podía registrar. Capa tras capa, los sedimentos fueron atrapando restos de la vegetación que crecía a su alrededor y conservando en ellos una especie de memoria química de la lluvia. Un archivo natural que permite retroceder 11.000 años para saber cuándo el oeste de la Península Ibérica fue más húmedo, cuándo atravesó etapas más secas y, sobre todo, qué estaba sucediendo entonces en el Atlántico.. Ahora, un equipo internacional liderado por la investigadora del CICA de la Universidade da Coruña Uxía Fernández-Pérez ha conseguido leer buena parte de ese archivo. Los resultados permiten reconstruir la evolución de las precipitaciones durante prácticamente todo el Holoceno y arrojan luz sobre los mecanismos que condicionan la llegada de humedad a territorios tan vinculados al océano como Galicia.. La conclusión de partida es clara: las lluvias en el oeste peninsular nunca han sido constantes. Durante los últimos once milenios se sucedieron etapas considerablemente más húmedas y otras más secas, y buena parte de esas oscilaciones estuvo relacionada con cambios producidos en la circulación del Atlántico Norte.. La autopista de las borrascas. Una de las claves se encuentra en las rutas que siguen las borrascas atlánticas. Su posición, combinada con otros procesos oceánicos y atmosféricos, determina qué cantidad de humedad alcanza el oeste de la Península Ibérica.. Cuando esas dinámicas cambian, también puede hacerlo el régimen de precipitaciones. Y esa conexión resulta especialmente interesante para Galicia, cuyo clima está profundamente condicionado por su posición frente al Atlántico.. La investigación no permite reconstruir de manera directa cuánto llovía en Galicia hace 2.000, 5.000 o 10.000 años. El registro procede del lago Peixão, en la Serra da Estrela, pero ofrece algo diferente: una perspectiva de muy largo plazo sobre los grandes mecanismos que han regulado las precipitaciones en el oeste peninsular y que también influyen sobre el territorio gallego.. Un mensaje escondido en las plantas. ¿Cómo se puede saber cuánto llovía cuando todavía faltaban miles de años para que existiese un pluviómetro? La respuesta está en las plantas.. Los investigadores analizaron compuestos procedentes de las ceras vegetales que quedaron depositadas y preservadas en los sedimentos del lago. Su composición química conserva información relacionada con las precipitaciones y con la disponibilidad de agua existente cuando creció aquella vegetación.. Esas moléculas funcionan así como pequeñas cápsulas del tiempo. Al estudiar los diferentes estratos acumulados en el fondo del lago, los científicos pueden retroceder progresivamente en la historia climática y reconstruir cómo fueron cambiando las condiciones de humedad.. El trabajo forma parte del proyecto internacional HOLMODRIVE, iniciado en 2018 y liderado por el investigador del CICA Armand Hernández. En él participa un equipo científico de España, Portugal, Alemania, Suiza y Canadá, además del investigador del centro coruñés Roberto Bao.. Mirar 11.000 años atrás para entender lo que ocurre ahora. Disponer de una reconstrucción tan extensa permite distinguir mejor la enorme variabilidad natural que han experimentado las precipitaciones y conocer cómo ha respondido históricamente el oeste de la Península a las modificaciones producidas en el Atlántico Norte.. No se trata, por tanto, de utilizar el pasado como una predicción exacta de cuánto lloverá en Galicia en las próximas décadas. Su valor está en ampliar enormemente la escala temporal con la que se observa el clima: frente a los registros meteorológicos modernos, que abarcan un período relativamente corto, los sedimentos permiten contemplar miles de años de cambios.. Una perspectiva especialmente relevante en un momento en el que la evolución de las precipitaciones y la disponibilidad de agua ocupan un lugar creciente en el debate climático. Y cuya historia, al menos en parte, llevaba once milenios esperando a ser descifrada en el fondo de un lago portugués.
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