Hay muchas formas de explicar la Feria de Abril. Se puede hablar de su historia, de sus farolillos o del albero que cubre el Real. Pero ninguna de esas explicaciones es suficiente si no se empieza por lo esencial: la Feria se entiende en una copa. No es una metáfora. Es una forma de mirar. Porque en Sevilla, la Feria no se mide en días ni en horas, sino en momentos. Y esos momentos, casi siempre, tienen algo en común: están acompañados por una manzanilla. No como un elemento accesorio, sino como parte estructural de lo que ocurre. Hablar de Barbadillo en la Feria, por tanto, no es hablar de presencia, sino de pertenencia.. No empieza en la portada ni en la primera copa. Empieza antes. En la ciudad que se prepara, en la víspera, en ese ambiente que anticipa lo que está por venir. Y se despliega a lo largo de un día completo que tiene su propia lógica: la mañana luminosa del paseo, la tarde de la Maestranza y una noche que se enciende con el «alumbrao» y se prolonga sin prisa.. En ese preciso instante en que Sevilla enciende su Feria, Manzanilla Solear de Bodegas Barbadillo iluminó nuestra feria y estuvo presente patrocinando el brindis del «alumbrao» en Canal Sur, acompañando con naturalidad el arranque de una de las tradiciones más reconocibles de la ciudad.. Una vez encendida, la Feria encuentra su ritmo natural.. De día, la mañana llega con luz limpia y el paseo de caballos marca el compás. Cuando el día de Feria adquiere un color especial entre farolillos, trajes de flamenca y enganches, o jinetes y amazonas a caballo, Manzanilla Solear de Bodegas Barbadillo ilumina tu Feria.. Después, la luz se recoge en las casetas. Al mediodía, la mesa se convierte en el centro de todo: comer y beber forman parte de una misma conversación.. Por la tarde, la Feria se detiene. La ciudad se orienta hacia la Maestranza, donde el arte deja huella.. Y cuando cae la noche, la Feria vuelve a encenderse. De noche, el Real se alumbra y la celebración se alarga sin prisa. En todos estos momentos, Solear ilumina tu Feria.. Si hay un lenguaje común en ese universo, es el gastronómico. No entendido como oferta, sino como memoria. Los platos de Feria –del marisco al guiso– no responden a una lógica de novedad, sino de continuidad. Y en ese contexto, la manzanilla ocupa un lugar central.. No como protagonista, sino como elemento integrador.. Ahí es donde Barbadillo encuentra su espacio natural. No desde la irrupción, sino desde la pertenencia. Como parte de ese paisaje cotidiano que no necesita subrayarse para ser reconocido.. El portal LaferiadeSevilla.es recoge reconocidas voces que la vinculan con la memoria y su evolución, recordando que en las casetas no solo se come: se comparte y se vive la mesa, en la sección Gastronomía de Feria.. https://laferiadesevilla.es/blog/la-feria/gastronomia-de-la-feria/. En ese equilibrio entre tradición y evolución, el rebujito ha encontrado su lugar. Aunque muchos lo perciban como una incorporación reciente, su origen se remonta a adaptaciones locales de combinados históricos como el sherry cobbler anglosajón, reinterpretado en clave andaluza. Con el tiempo, la mezcla de manzanilla con refresco de lima-limón y hielo se ha consolidado como una forma más ligera y social de consumo, especialmente entre nuevas generaciones. En este contexto, Barbadillo lo presenta en dos opciones: con manzanilla Muy Fina para su preparación en jarra o en formato listo para consumir en botella.. En los últimos años se ha hablado mucho de cómo modernizar la Feria. Pero ese debate parte a menudo de una premisa equivocada. La Feria ya es contemporánea porque ha sabido mantenerse fiel a sí misma. Ahí está el verdadero reto: saber estar en ella sin desvirtuarla. Barbadillo lo ha entendido desde siempre. Su papel no es destacar, sino integrarse. Porque al final, la Feria de Sevilla no se define por lo que se ve, sino por lo que se comparte. Y pocas cosas explican mejor ese acto que una copa de manzanilla bien servida.. Álvaro Alés es director de marketing global Bodegas Barbadillo
«Hablar de Barbadillo en la Feria no es hablar de presencia, sino de pertenencia»
Hay muchas formas de explicar la Feria de Abril. Se puede hablar de su historia, de sus farolillos o del albero que cubre el Real. Pero ninguna de esas explicaciones es suficiente si no se empieza por lo esencial: la Feria se entiende en una copa. No es una metáfora. Es una forma de mirar. Porque en Sevilla, la Feria no se mide en días ni en horas, sino en momentos. Y esos momentos, casi siempre, tienen algo en común: están acompañados por una manzanilla. No como un elemento accesorio, sino como parte estructural de lo que ocurre. Hablar de Barbadillo en la Feria, por tanto, no es hablar de presencia, sino de pertenencia.. No empieza en la portada ni en la primera copa. Empieza antes. En la ciudad que se prepara, en la víspera, en ese ambiente que anticipa lo que está por venir. Y se despliega a lo largo de un día completo que tiene su propia lógica: la mañana luminosa del paseo, la tarde de la Maestranza y una noche que se enciende con el «alumbrao» y se prolonga sin prisa.. En ese preciso instante en que Sevilla enciende su Feria, Manzanilla Solear de Bodegas Barbadillo iluminó nuestra feria y estuvo presente patrocinando el brindis del «alumbrao» en Canal Sur, acompañando con naturalidad el arranque de una de las tradiciones más reconocibles de la ciudad.. Una vez encendida, la Feria encuentra su ritmo natural.. De día, la mañana llega con luz limpia y el paseo de caballos marca el compás. Cuando el día de Feria adquiere un color especial entre farolillos, trajes de flamenca y enganches, o jinetes y amazonas a caballo, Manzanilla Solear de Bodegas Barbadillo ilumina tu Feria.. Después, la luz se recoge en las casetas. Al mediodía, la mesa se convierte en el centro de todo: comer y beber forman parte de una misma conversación.. Por la tarde, la Feria se detiene. La ciudad se orienta hacia la Maestranza, donde el arte deja huella.. Y cuando cae la noche, la Feria vuelve a encenderse. De noche, el Real se alumbra y la celebración se alarga sin prisa. En todos estos momentos, Solear ilumina tu Feria.. Si hay un lenguaje común en ese universo, es el gastronómico. No entendido como oferta, sino como memoria. Los platos de Feria –del marisco al guiso– no responden a una lógica de novedad, sino de continuidad. Y en ese contexto, la manzanilla ocupa un lugar central.. No como protagonista, sino como elemento integrador.. Ahí es donde Barbadillo encuentra su espacio natural. No desde la irrupción, sino desde la pertenencia. Como parte de ese paisaje cotidiano que no necesita subrayarse para ser reconocido.. El portal LaferiadeSevilla.es recoge reconocidas voces que la vinculan con la memoria y su evolución, recordando que en las casetas no solo se come: se comparte y se vive la mesa, en la sección Gastronomía de Feria.. https://laferiadesevilla.es/blog/la-feria/gastronomia-de-la-feria/. En ese equilibrio entre tradición y evolución, el rebujito ha encontrado su lugar. Aunque muchos lo perciban como una incorporación reciente, su origen se remonta a adaptaciones locales de combinados históricos como el sherry cobbler anglosajón, reinterpretado en clave andaluza. Con el tiempo, la mezcla de manzanilla con refresco de lima-limón y hielo se ha consolidado como una forma más ligera y social de consumo, especialmente entre nuevas generaciones. En este contexto, Barbadillo lo presenta en dos opciones: con manzanilla Muy Fina para su preparación en jarra o en formato listo para consumir en botella.. En los últimos años se ha hablado mucho de cómo modernizar la Feria. Pero ese debate parte a menudo de una premisa equivocada. La Feria ya es contemporánea porque ha sabido mantenerse fiel a sí misma. Ahí está el verdadero reto: saber estar en ella sin desvirtuarla. Barbadillo lo ha entendido desde siempre. Su papel no es destacar, sino integrarse. Porque al final, la Feria de Sevilla no se define por lo que se ve, sino por lo que se comparte. Y pocas cosas explican mejor ese acto que una copa de manzanilla bien servida.. Álvaro Alés es director de marketing global Bodegas Barbadillo
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