En España se publican 90.000 títulos al año, la mayoría de los cuales no lee nadie porque venden cero ejemplares, según certifican los libreros. Me ha dejado loca saber que muchos salen sólo para hacer bulto, como las numerosas marcas de mantequilla que adornan el súper. Aunque sólo se vendan dos, ha de haber diez, es cuestión de marketing, que haya mucho para elegir estimula al consumidor. Por eso es chulo señalar un título en el laberinto, un hilo de Ariadna para Teseo.. “El último brindis” (Harper Collins) es una novela que puede inocular a cualquier aspirante a periodista el veneno de la profesión. Si su hijo tiene este mal, no se lo regale. Se ha fabulado sobre reporteros, corresponsales, contertulios, articulistas, locutores de deportes y presentadores de TV, pero dirigir periódicos, lo más difícil del mundo, no parece ser un venero. Paco Marhuenda repite con sencillez que siempre quiso ser director de periódico, me admira y supera esta vocación desmesurada, ciclópea. Ahora su colega, Julián Quirós, ha escrito sobre el desafío de sacar todos los días un libro, como muy bien define el director por excelencia, Luis María Anson, mi maestro. ¡Un libro diario, piénsese! El director. capitanea una horda de neuróticos e imprudentes empeñados en robar los secretos del poder. Él es acicate y dique de las presiones. Todos lo apetecen, unos para arrancarle la cabeza, otros para intentar ponerlo a su servicio. Este tipo ha de ser capaz de conmoverse con un poema y despreciar el chorreo de un político cabreado. Para su dificilísima acrobacia, necesita inflexibilidad y flexibilidad, estajanovismo laboral y serenidad. No tiene días ni noches.. Aunque el libro de Quirós escenifica la Valencia del reciente pasado político, no es ese el argumento, sino la batalla en la redacción, donde se persigue la noticia mientras se esquivan las apreturas económicas y se zigzaguean los chantajes. El texto llega a ser hilarante, la escena del administrador que pretende tasar el “gasto por página” es icónica y la pintura de la tropa de plumillas, a veces heroica, otras aduladora con el jefe, inteligente y precaria, es la historia de cada periodista, herido por el amor a esta profesión que es la mejor del mundo. Quirós ilustra la peripecia de la libertad de expresión, del cuarto poder, la batalla tremenda de los Marhuenda, Pedro J., Luis María y todos los que se han empeñado, simplemente, en contar lo que ocurre, una ofensiva más temida que la nuclear. Una tarea que alfombra los derechos y desafía la tiranía.. Entre los apretones, el calor, la colas de la Feria del Libro, pillé de la mano de mi padre un virus que nunca me ha dejado. Ahora participo en la diaria escritura de un libro.
En España se publican 90.000 títulos al año, la mayoría de los cuales no lee nadie porque venden cero ejemplares, según los libreros
En España se publican 90.000 títulos al año, la mayoría de los cuales no lee nadie porque venden cero ejemplares, según certifican los libreros. Me ha dejado loca saber que muchos salen sólo para hacer bulto, como las numerosas marcas de mantequilla que adornan el súper. Aunque sólo se vendan dos, ha de haber diez, es cuestión de marketing, que haya mucho para elegir estimula al consumidor. Por eso es chulo señalar un título en el laberinto, un hilo de Ariadna para Teseo.. “El último brindis” (Harper Collins) es una novela que puede inocular a cualquier aspirante a periodista el veneno de la profesión. Si su hijo tiene este mal, no se lo regale. Se ha fabulado sobre reporteros, corresponsales, contertulios, articulistas, locutores de deportes y presentadores de TV, pero dirigir periódicos, lo más difícil del mundo, no parece ser un venero. Paco Marhuenda repite con sencillez que siempre quiso ser director de periódico, me admira y supera esta vocación desmesurada, ciclópea. Ahora su colega, Julián Quirós, ha escrito sobre el desafío de sacar todos los días un libro, como muy bien define el director por excelencia, Luis María Anson, mi maestro. ¡Un libro diario, piénsese! El director. capitanea una horda de neuróticos e imprudentes empeñados en robar los secretos del poder. Él es acicate y dique de las presiones. Todos lo apetecen, unos para arrancarle la cabeza, otros para intentar ponerlo a su servicio. Este tipo ha de ser capaz de conmoverse con un poema y despreciar el chorreo de un político cabreado. Para su dificilísima acrobacia, necesita inflexibilidad y flexibilidad, estajanovismo laboral y serenidad. No tiene días ni noches.. Aunque el libro de Quirós escenifica la Valencia del reciente pasado político, no es ese el argumento, sino la batalla en la redacción, donde se persigue la noticia mientras se esquivan las apreturas económicas y se zigzaguean los chantajes. El texto llega a ser hilarante, la escena del administrador que pretende tasar el “gasto por página” es icónica y la pintura de la tropa de plumillas, a veces heroica, otras aduladora con el jefe, inteligente y precaria, es la historia de cada periodista, herido por el amor a esta profesión que es la mejor del mundo. Quirós ilustra la peripecia de la libertad de expresión, del cuarto poder, la batalla tremenda de los Marhuenda, Pedro J., Luis María y todos los que se han empeñado, simplemente, en contar lo que ocurre, una ofensiva más temida que la nuclear. Una tarea que alfombra los derechos y desafía la tiranía.. Entre los apretones, el calor, la colas de la Feria del Libro, pillé de la mano de mi padre un virus que nunca me ha dejado. Ahora participo en la diaria escritura de un libro.
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