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  Internacional  Un año de purgas en el Ejército para enguantarlo a Trump
Internacional

Un año de purgas en el Ejército para enguantarlo a Trump

29 de enero de 2026
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En un mundo donde el ciclo de noticias sobre Donald Trump nunca se detiene, es fácil que el presidente estadounidense, más allá de su versión histriónica y acaparadora de titulares, lleve a cabo movimientos estratégicos internos que pasan desapercibidos. El viejo juego trilero de dónde está la bolita, solo que en este caso se trata de la transformación del poderoso Ejército de EE UU.. Mientras su política internacional desconcierta, amenaza, intimida y se lleva la atención de los medios, durante este primer año de mandato se ha hablado poco sobre cómo está sometiendo al estamento militar para que obedezca sus órdenes, sean o no constitucionales.. La clave oculta de los primeros doce meses de Trump 2.0 es la profunda reconfiguración de las Fuerzas Armadas. «Si no les gusta lo que estoy diciendo, pueden abandonar la sala. Claro, ahí se va su rango, ahí se va su futuro, pero al menos se sentirán bien y relajados, ¿de acuerdo?», amenazó Trump a la cúpula militar el pasado septiembre, durante una reunión que congregó a casi todos los altos mando en Quántico, Virginia. No fue una amenaza velada. Durante el inicio de su segundo mandato, el inquilino de la Casa Blanca ha reemplazado a casi todo el liderazgo militar. El cambio más sonado ha sido la sustitución del oficial de más alta graduación de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Charles Q. Brown Jr., quien actuaba como consejero principal del presidente en asuntos de seguridad nacional. La sustitución alteró la jefatura militar y la visón estratégica sobre las amenazas globales que Trump quiere hacer suyas, en el sentido más literal. Por este motivo, el último acto de 2025 para la transformación fue la orden presidencial para crear el Comando del Hemisferio Occidental, que agrupará a varias unidades militares y ejercerá funciones más amplias en el hemisferio según su visión. Por otro lado, la reconfiguración politizada del liderazgo militar está generando controversia y tensiones internas tanto en el Ejército como en el Pentágono, puesto que socava la tradición apolítica del Ejército y su lealtad al Estado de derecho por encima de líderes individuales. Además de descabezar al jefe de las Fuerzas Armadas también han sido apartados la jefa de Operaciones Navales, la almirante Lisa Franchetti; los principales asesores legales del Ejército y la Fuerza Aérea; y el general del Ejército Timothy Haugh, encargado del Comando Cibernético de EE UU y la Agencia de Seguridad Nacional.. Misoginia militar. Bajo la dirección del nuevo y controvertido secretario de Defensa, Pete Hegseth, se ha eliminado «el 20 % de los cargos oficiales para generales y almirantes de cuatro estrellas, y, al menos, un 10 % adicional de los generales y almirantes de otras categorías, para terminar con la burocracia innecesaria y agilizar el liderazgo, reduciendo así la jerarquía superior del Ejército y otras ramas de servicio», según Defense News. Coincidentemente, todos los pesos pesados descabezados no eran favorables a la Administración Trump. En esa purga también han caído mujeres militares de alta graduación. Las más destacadas son la Almirante Linda Faga, comandante de la Guardia Costera, que fue destituida de su cargo sin explicaciones; la Vicealmirante Shoshana Chatfield, representante militar de EE UU ante el Comité Militar de la OTAN, quien fue destituida en condiciones similares; la teniente General Jeffrey Kruse, directora de la Agencia de Inteligencia de Defensa, que fue despedida por «pérdida de confianza», según «The Washington Post»; la Vicealmirante Nancy Lacore, jefa de la Reserva de la Armada, destituida como parte de cambios más amplios en el liderazgo militar; la Contralmirante Milton Sands, comandante del Comando de Guerra Especial Naval; y la teniente General Charles L. Plummer, juez y fiscal general de la Fuerza Aérea de EE UU.. En la visión empapada de misoginia que Trump y Hegseth tienen del Ejército, ellas representan la punta de lanza del movimiento «Woke», que ambos aseguran ha debilitado a las Fuerzas Armadas, por lo que quieren arrancarlo de raíz. «Es casi imposible cambiar una cultura con las mismas personas que ayudaron a crearla, o incluso se beneficiaron de ella», afirmó Hegseth en Quántico, donde acusó a los militares que tenía delante (hay que tener en cuenta que es un expresentador de Fox News sin experiencia de mando en el Ejército, donde sirvió en Iraq y Afganistán) de sufrir «debilidad» y una «decadencia woke». Concluyó; «Si las palabras que estoy pronunciando hoy les hacen sentir un nudo en el estómago, deberían hacer lo honorable y dimitir».. La guerra de Trump contra lo «woke» comenzó al inicio de su segundo mandato cuando, el 27 de enero, nada más sentarse en el despacho Oval, firmó una orden ejecutiva para prohibir que personas que se identifiquen con un género distinto al biológico sirvan en el Ejército. A propósito de dicha cultura inclusiva y que él considera de extrema izquierda, el presidente afirmó que el nombre «Departamento de Defensa», como se denomina desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, fue «la primera señal de lo ‘woke’”. Por eso, el 5 de septiembre, rubricó la Orden Ejecutiva 14347 para cambiar el nombre a «Departamento de Guerra», aunque no tiene efecto legal sin aprobación del Congreso.. Fidelidad personal. ¿Por qué se produce la reducción de oficiales? Un número menor de generales significa un aumento de la responsabilidad para los oficiales de menor rango, cosa que, llegado el momento, puede acelerar la toma de decisiones tácticas, aunque reduzca la experiencia en los niveles estratégicos. Por ello, es posible concluir que Trump no está buscando a líderes experimentados sino a mandos que lo obedezcan sin cuestionar las órdenes. «La reorganización incluye reemplazar a oficiales de alto rango con personas alineadas con la visión de la Administración, y colocar a los aliados del secretario de Defensa en posiciones influyentes dentro del Ejército», indicó Reddit.. La pregunta es evidente: ¿Qué planea Trump con el Ejército que requiere un cambio tan profundo? En palabras del propio presidente: combatir al «enemigo interno» utilizando el poder militar. Ese fue el motivo de la reunión en Quántico, que culminó un año de cambios. «El mes pasado firmé una orden ejecutiva para proporcionar entrenamiento a una fuerza de reacción rápida que pueda ayudar a sofocar disturbios civiles», aseguró. «Esto va a ser algo importante para quienes están en esta sala, porque el enemigo está dentro y debemos manejarlo antes de que se descontrole», añadió sin esconder sus intenciones anticonstitucionales, ya que el Ejército no puede ser utilizado para cuestiones domésticas.

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En un mundo donde el ciclo de noticias sobre Donald Trump nunca se detiene, es fácil que el presidente estadounidense, más allá de su versión histriónica y acaparadora de titulares, lleve a cabo movimientos estratégicos internos que pasan desapercibidos. El viejo juego trilero de dónde está la bolita, solo que en este caso se trata de la transformación del poderoso Ejército de EE UU.. Mientras su política internacional desconcierta, amenaza, intimida y se lleva la atención de los medios, durante este primer año de mandato se ha hablado poco sobre cómo está sometiendo al estamento militar para que obedezca sus órdenes, sean o no constitucionales.. La clave oculta de los primeros doce meses de Trump 2.0 es la profunda reconfiguración de las Fuerzas Armadas. «Si no les gusta lo que estoy diciendo, pueden abandonar la sala. Claro, ahí se va su rango, ahí se va su futuro, pero al menos se sentirán bien y relajados, ¿de acuerdo?», amenazó Trump a la cúpula militar el pasado septiembre, durante una reunión que congregó a casi todos los altos mando en Quántico, Virginia. No fue una amenaza velada. Durante el inicio de su segundo mandato, el inquilino de la Casa Blanca ha reemplazado a casi todo el liderazgo militar. El cambio más sonado ha sido la sustitución del oficial de más alta graduación de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Charles Q. Brown Jr., quien actuaba como consejero principal del presidente en asuntos de seguridad nacional. La sustitución alteró la jefatura militar y la visón estratégica sobre las amenazas globales que Trump quiere hacer suyas, en el sentido más literal. Por este motivo, el último acto de 2025 para la transformación fue la orden presidencial para crear el Comando del Hemisferio Occidental, que agrupará a varias unidades militares y ejercerá funciones más amplias en el hemisferio según su visión. Por otro lado, la reconfiguración politizada del liderazgo militar está generando controversia y tensiones internas tanto en el Ejército como en el Pentágono, puesto que socava la tradición apolítica del Ejército y su lealtad al Estado de derecho por encima de líderes individuales. Además de descabezar al jefe de las Fuerzas Armadas también han sido apartados la jefa de Operaciones Navales, la almirante Lisa Franchetti; los principales asesores legales del Ejército y la Fuerza Aérea; y el general del Ejército Timothy Haugh, encargado del Comando Cibernético de EE UU y la Agencia de Seguridad Nacional.. Misoginia militar. Bajo la dirección del nuevo y controvertido secretario de Defensa, Pete Hegseth, se ha eliminado «el 20 % de los cargos oficiales para generales y almirantes de cuatro estrellas, y, al menos, un 10 % adicional de los generales y almirantes de otras categorías, para terminar con la burocracia innecesaria y agilizar el liderazgo, reduciendo así la jerarquía superior del Ejército y otras ramas de servicio», según Defense News. Coincidentemente, todos los pesos pesados descabezados no eran favorables a la Administración Trump. En esa purga también han caído mujeres militares de alta graduación. Las más destacadas son la Almirante Linda Faga, comandante de la Guardia Costera, que fue destituida de su cargo sin explicaciones; la Vicealmirante Shoshana Chatfield, representante militar de EE UU ante el Comité Militar de la OTAN, quien fue destituida en condiciones similares; la teniente General Jeffrey Kruse, directora de la Agencia de Inteligencia de Defensa, que fue despedida por «pérdida de confianza», según «The Washington Post»; la Vicealmirante Nancy Lacore, jefa de la Reserva de la Armada, destituida como parte de cambios más amplios en el liderazgo militar; la Contralmirante Milton Sands, comandante del Comando de Guerra Especial Naval; y la teniente General Charles L. Plummer, juez y fiscal general de la Fuerza Aérea de EE UU.. En la visión empapada de misoginia que Trump y Hegseth tienen del Ejército, ellas representan la punta de lanza del [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/opinion/fracaso-movimiento-woke_2025021967b51810b1a8db0001cce230.html|||movimiento «Woke»]], que ambos aseguran ha debilitado a las Fuerzas Armadas, por lo que quieren arrancarlo de raíz. «Es casi imposible cambiar una cultura con las mismas personas que ayudaron a crearla, o incluso se beneficiaron de ella», afirmó Hegseth en Quántico, donde acusó a los militares que tenía delante (hay que tener en cuenta que es un expresentador de Fox News sin experiencia de mando en el Ejército, donde sirvió en Iraq y Afganistán) de sufrir «debilidad» y una «decadencia woke». Concluyó; «Si las palabras que estoy pronunciando hoy les hacen sentir un nudo en el estómago, deberían hacer lo honorable y dimitir».. La guerra de Trump contra lo «woke» comenzó al inicio de su segundo mandato cuando, el 27 de enero, nada más sentarse en el despacho Oval, firmó una orden ejecutiva para prohibir que personas que se identifiquen con un género distinto al biológico sirvan en el Ejército. A propósito de dicha cultura inclusiva y que él considera de extrema izquierda, el presidente afirmó que el nombre «Departamento de Defensa», como se denomina desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, fue «la primera señal de lo ‘woke’”. Por eso, el 5 de septiembre, rubricó la Orden Ejecutiva 14347 para [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/internacional/trump-cambia-denominacion-departamento-defensa-estadounidense-departamento-guerra-b50m_2025090568baf7ad436dd03dd14edd1c.html|||cambiar el nombre a «Departamento de Guerra»]], aunque no tiene efecto legal sin aprobación del Congreso.. Fidelidad personal. ¿Por qué se produce la reducción de oficiales? Un número menor de generales significa un aumento de la responsabilidad para los oficiales de menor rango, cosa que, llegado el momento, puede acelerar la toma de decisiones tácticas, aunque reduzca la experiencia en los niveles estratégicos. Por ello, es posible concluir que Trump no está buscando a líderes experimentados sino a mandos que lo obedezcan sin cuestionar las órdenes. «La reorganización incluye reemplazar a oficiales de alto rango con personas alineadas con la visión de la Administración, y colocar a los aliados del secretario de Defensa en posiciones influyentes dentro del Ejército», indicó Reddit.. La pregunta es evidente: ¿Qué planea Trump con el Ejército que requiere un cambio tan profundo? En palabras del propio presidente: combatir al «enemigo interno» utilizando el poder militar. Ese fue el motivo de la reunión en Quántico, que culminó un año de cambios. «El mes pasado firmé una orden ejecutiva para proporcionar entrenamiento a una fuerza de reacción rápida que pueda ayudar a sofocar disturbios civiles», aseguró. «Esto va a ser algo importante para quienes están en esta sala, porque el enemigo está dentro y debemos manejarlo antes de que se descontrole», añadió sin esconder sus intenciones anticonstitucionales, ya que el Ejército no puede ser utilizado para cuestiones domésticas.

 

Los cambios realizados en la cúpula de las Fuerzas Armadas buscan la fidelidad personal, eliminar todo lo «woke» y el liderazgo de las mujeres

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