El domingo por la noche me dijo que estaba nervioso, así que pensé que el lunes, después de ver el piso, le llamaría para ver qué le había parecido. Creí que la visita era un “sin más”, por ir viendo. La búsqueda de verdad empezaría en unos meses, aún había tiempo, pero le habían entrado nervios. El lunes por la mañana, después de las diez o las diez y media, no recuerdo bien, lo llamé. Nada, no encajaba. Bueno, era por probar, volví a creer. Pero al empezar a oír las pegas lógicas del piso ―cada uno tiene unas posibilidades y unas circunstancias― y cómo estas iban aumentando el agobio de mi interlocutor hasta terminar la conversación con un “acabaré bajo un puente” que no sonaba a frase hecha, sino a “realmente puedo terminar así”, me angustié yo también. ¿Quién está poniendo su esfuerzo y atención para que haya algo de luz al final del túnel del acuciante problema de la vivienda?. Seguir leyendo
Dónde se vuelve de vacaciones cuando las pasas buscando una casa para vivir
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El domingo por la noche me dijo que estaba nervioso, así que pensé que el lunes, después de ver el piso, le llamaría para ver qué le había parecido. Creí que la visita era un “sin más”, por ir viendo. La búsqueda de verdad empezaría en unos meses, aún había tiempo, pero le habían entrado nervios. El lunes por la mañana, después de las diez o las diez y media, no recuerdo bien, lo llamé. Nada, no encajaba. Bueno, era por probar, volví a creer. Pero al empezar a oír las pegas lógicas del piso ―cada uno tiene unas posibilidades y unas circunstancias― y cómo estas iban aumentando el agobio de mi interlocutor hasta terminar la conversación con un “acabaré bajo un puente” que no sonaba a frase hecha, sino a “realmente puedo terminar así”, me angustié yo también. ¿Quién está poniendo su esfuerzo y atención para que haya algo de luz al final del túnel del acuciante problema de la vivienda?. Todo esto mientras yo paseaba por Ostuni, un turístico pueblito italiano de Apulia. Cuando digo turístico, digo calles estrechas y en cuesta, plagadas de terrazas, donde las mesas y las sillas, por supuesto, tienen más espacio que el que le queda al paseante. Siempre ocupadas, desde el momento en que se empieza a cenar, donde más pronto se cene de Europa hasta que cierran las cocinas en Italia, que estiran el horario, pero no tanto como las españolas, y no digamos las madrileñas. Y cuando digo turístico, digo también sin aparente vida vecinal en la zona más pintoresca e histórica, donde los edificios ―si no son restaurantes― tienen un cajetín junto a la puerta que, sin necesitar cartelito identificatorio, ya indica que son viviendas de uso turístico. Y yo, por supuesto, alojada en una de ellas, no del centro, pero sí saqué la llave de mi apartamento de un cajetín tras seguir las instrucciones que alguien me envió al móvil. Turistas somos todos. Bueno, todos los que podemos.. A los dos días: primeras noticias del ático de Ayuso en la chamberilera calle del General Martínez Campos. Calle que asocio a la casa-museo Sorolla, busco dónde es y, efectivamente, colindante, donde vivió María Guerrero, actriz de éxito, vecina, amiga y retratada por Sorolla. Evidentemente son edificios diferentes, el de la intérprete no existe ya. Edificio con posibles vistas al jardín diseñado y retratado por Joaquín Sorolla, lo que le añade valor, que no euros.. Un día después: venta del ático. Unos días antes, yo había estado en Monopoli, otra localidad de Apulia. Otros juegan al Monopoly.. Edificio de la calle del General Martínez Campos, esquina con Zurbano, donde se encuentra el ático de la polémica.JUAN BARBOSA. A las pocas semanas, el interlocutor de las llamadas del principio, reconoce, no sé muy bien de qué hablábamos pero de nada que tuviera ver con la vivienda, que tiene un buen sueldo. Ya sabemos que eso, tal y como estamos, no significa que sea fácil comprar o alquilar una casa para vivir. Claro que es más sencillo que si el sueldo es malo, pero a qué coste, a qué se tiene acceso. ¿A vivir hacinado y sin luz natural?, ¿a que sea tan pequeño que tengas que abandonar partes importantísimas de tu vida porque no caben?, ¿a qué te pases horas y horas en los trayectos porque lo que te puedes permitir está demasiado lejos? Esto solo es síntoma de la extrema gravedad del problema.. Mientras, al aticazo se le unen otros aticazos a la venta. Vamos, que ninguno es una buhardilla en Villaverde. Y a las dudas y búsqueda de explicaciones se suman la falta de respuestas y transparencia. Como si algunos madrileños fuéramos tontos y otros fueran impunes.. Hace poco: un atardecer en una hermosa playa. Quedan cuatro bañistas desperdigados, ninguno en el agua: unos leen, otros llevan los cascos puestos y otros toman el poco sol que queda. En la orilla, dos pescadores que lanzan bien lejos los anzuelos de sus cañas. “Vamos a hacernos una foto”, estiro la mano para el selfi y… “un momento, que me ha llegado un aviso de un piso”. ¿Cómo? ¿Quién estaba pensando en ese momento en un piso si ese paraíso estaba para quedarse a vivir? Esto sí que es frase hecha. Ya no recuerdo si hubo foto, unos pocos metros cuadrados sin ascensor se quedaron con el momento.. Se seguirá hablando del ático chamberilero ―¡hasta The Guardian!―y de la pasta que costó. Durante un rato se transforma en un piso en Puerta de Hierro, donde se ha instalado la presidenta de la Comunidad de Madrid, y en la falacia de que nunca se ha perseguido tanto la vivienda de una política. ¡Por favor!, estando en Puerta de Hierro se podría respetar la memoria de Miguel Boyer y las recriminaciones que sufrió por irse a vivir al casoplón de Isabel Preysler. Y esto no ocurrió ayer.. Toca despedirse de los pueblitos y de las playas paradisíacas, pero uno no puede volver de vacaciones si no se tiene una casa a la que regresar, o si la cabeza nunca se ha ido porque se las ha pasado saltando de portal en portal de anuncios de pisos y enganchado a las alertas. Sea como sea, comienza un nuevo curso, saludémosle: “¡Hola, carabola!”, que diría aquella.
