El hecho de que un escritor relevante de Estados Unidos vaya a publicar una obra siempre es una noticia a destacar por la Prensa y algo interesante para sus lectores, claro está. Pero si se llama Thomas Pynchon (1937), entonces estamos hablando de que cualquier expectativa se multiplica por mil. Porque Pynchon, a su calidad como narrador, a su condición de autor idolatrado en internet, a la suerte de disfrutar de una atención crítica total y absoluta, se le suma una singular característica: apenas se sabe nada de él. Por ejemplo, en un momento dado de 2006 surgió la siguiente noticia: Pynchon iba a publicar una nueva novela en el mes de diciembre. Y también en aquel momento el calendario acrecentaba el mito, pues desde hacía casi diez años no había publicado nada –algunos artículos, un texto para un disco del grupo de hardrock Lotion– y sólo había salido de su silencio de forma realmente peculiar: como un personaje más, aparecía en un capítulo de «Los Simpson» con la cabeza metida en una bolsa, haciendo por lo tanto una caricatura de su ocultamiento voluntario. El libro en cuestión se tituló «Against the Day» («Contraluz», en español), tenía casi novecientas páginas y su acción arrancaba en 1893, para pasar a ocuparse de multitud de acontecimientos históricos tanto norteamericanos como europeos y asiáticos.. De Thomas Pynchon solamente se saben algunas cosas con seguridad: que estudió Ingeniería en la Universidad de Cornell y asistió a las clases de literatura de Vladimir Nabokov, el autor ruso que se exilió en Estados Unidos, donde escribió «Lolita»; que sirvió en la Marina; se licenció en Lengua Inglesa y trabajó dos años en la compañía Boeing Aircraft; que vivió en México; y que la única entrevista que ha concedido fue en el «show» de Larry Clark de la CNN en 1997, aunque con su rostro nublado de forma electrónica.. En su nueva novela aparecen posibles nazis, bandas paramilitares y hasta médiums. Y es que Pynchon es uno de los pocos escritores actuales que no necesita promoción alguna para anunciar su obra; bastó con dos primeras novelas llamativas y premiadas, «V.» (1963) y «La subasta del lote 49» (1966), y, sobre todo, «El arco iris de gravedad» (1973), primero calificada de obscena pero luego ganadora del National Book Award –premio que recogió un cómico haciéndose pasar por el autor–, para alcanzar la cima literaria. Más tarde vendrían los cuentos «Lento aprendizaje» (1984), «Vineland» (1990) y su colosal «Mason y Dixon» (1997).. Deriva de novela negra. ¿El secreto de semejante triunfo? Pynchon no sólo es una «rara avis» a efectos de su comportamiento social, sino también literariamente resulta del todo extraordinario: con una formación tan científica como literaria, Pynchon exhibe en cada uno de sus seis libros un saber enciclopédico, una mezcla de invención novelesca, recreación histórica e incluso tono ensayístico. Si, precisamente, alguien se ha acercado al sueño de «la gran novela americana» es él. Lo hizo en la que es considerada su obra maestra, «Mason y Dixon», un relato que, de la mano de su pareja protagonista, dos astrónomos ingleses encargados por la Royal Society de Londres de asistir al paso de Venus por la isla de Sumatra, nos lleva al conocimiento de los [[LINK:TAG|||tag|||6322f7841e757a32c790b56f|||Estados Unidos]] dieciochescos. Y en «Against the Day», Pynchon iba más allá, viajando por la Tierra del siglo XX. Este hombre invisible de las letras americanas dada su legendaria querencia a no desvelar ni una sola imagen de sí mismo, en 2001 –por seguir destacando otras obras significativas dentro de su corpus narrativo– volvió a dar una lección de independencia creadora con «Vicio propio».. Realmente, lo surrealista y lo absurdo laten en la narrativa de Pynchon, aunque bajo una aureola de realismo crudo y cercano, todo lo cual lleva a esa impresión de desconcierto que puede atraer a muchos y repeler a otros tantos. En el caso de «Vicio propio» todo giraba alrededor de la desaparición del magnate inmobiliario Michael Wolfmann, relacionado con una amiga del protagonista y al que vieron subirse a un barco relacionado con el contrabando. Así, el hippy Doc Sportello, «sabueso que busca a personas desaparecidas», intentaba esclarecer a dónde había ido su exnovia Shasta Fay Hepworth –antigua Reina de la Belleza y actriz ocasional– con el corrupto Wolfmann, un camino que le conducía a relacionarse con una serie variopinta de personajes, entre ellos, bebedores, surfistas y drogadictos.. Del escritor no se sabe nada, salvo que estudió ingeniería y que recibió clases de Nabokov. Pynchon, con altas dosis de ironía, retrataba toda una época, la de los años setenta, y aprovechaba para atacar a las instituciones estatales, la clase alta metida en turbios asuntos, el poder alineante de la televisión… Se trataba, al cabo, de un buen espejo sociopolítico en medio de una trama enrevesada que se ponía en marcha tras el asesinato del guardaespaldas del magnate y la aparición del chulesco policía Bigfoot Bjornsen. Todo tenía un tono de novela negra con diálogos chispeantes entre policías y buscavidas, y el mosaico de fondo que llevaba al periodo del éxtasis de la marihuana, de las camisas hawaianas, de las tablas de surf, de las drogas psicodélicas y de las canciones de The Doors. Pynchon rescataba una etapa que ya no está de moda y a la vez mantenía el encanto propio de un momento y lugar en el que la libertad, la ambigüedad sexual y el mundo nocturno tomaron las vidas de una nueva generación.. Una experiencia lectora. En fin, el texto era desconcertante, como sucede siempre con Pynchon, con la considerable cantidad de personajes que iban pululando –si bien la protagonista de la obra era en realidad la ciudad de[[LINK:TAG|||tag|||6336198b5c059a26e23f8195||| Los Ángeles]]– y haciendo del argumento una bola de nieve que crecía y crecía pero sobre la que no sabemos dónde rodará. Pues bien, ahora Pynchon sigue en esa misma senda de desconcierto con su nuevo libro, «A oscuras» (traducción de Vicente Campos González; título original: «Shadow Ticket»), que presenta menos ambición estructural y quizá más placer inmediato en el juego verbal, porque se trata de una acumulación de escenas que funcionan de manera autónoma. Su arranque parece prometer, de nuevo, una novela negra clásica: un detective privado en los Estados Unidos de 1932 recibe el encargo de encontrar a una heredera desaparecida, si bien esa premisa dura bastante poco.. El protagonista va de Milwaukee a Europa del Este en una cadena de secuencias donde aparecen nazis incipientes, espías, médiums, bandas paramilitares y artefactos improbables. Pynchon trabaja aquí con la proliferación de las tramas, los personajes y ciertos detalles sin una jerarquía clara, lo cual, como ha señalado la crítica norteamericana, convierte el texto en algo tan interesante como disperso. En contraste con ello, la novela sí mantiene una potencia indiscutible en el lenguaje, ya que Pynchon continúa siendo un dialoguista excepcional: sus páginas están llenas de jerga, juegos de palabras, nombres extravagantes y un ritmo oral muy marcado. Por otro lado, el contexto histórico introduce un trasfondo de atractivo incuestionable: la Gran Depresión en Estados Unidos y el ascenso del fascismo en Europa. No es que Pynchon desarrolle un análisis político muy explícito a este respecto, pero deja señales claras –antisemitismo creciente, normalización de la violencia– que el lector reconoce fácilmente y que transforma el argumento novelesco en algo tragicómico. De este modo, para cierto tipo de lectores, «A oscuras» será un ejercicio de libertad absoluta en que su autor no se preocupa por la cohesión narrativa, pero, para otros, funcionará mejor como experiencia que como una obra cerrada.
El autor regresa con «A oscuras», una novela que contiene toda su potencia verbal y en la que refleja el antisemitismo y la normalización de la violencia
El hecho de que un escritor relevante de Estados Unidos vaya a publicar una obra siempre es una noticia a destacar por la Prensa y algo interesante para sus lectores, claro está. Pero si se llama Thomas Pynchon (1937), entonces estamos hablando de que cualquier expectativa se multiplica por mil. Porque Pynchon, a su calidad como narrador, a su condición de autor idolatrado en internet, a la suerte de disfrutar de una atención crítica total y absoluta, se le suma una singular característica: apenas se sabe nada de él. Por ejemplo, en un momento dado de 2006 surgió la siguiente noticia: Pynchon iba a publicar una nueva novela en el mes de diciembre. Y también en aquel momento el calendario acrecentaba el mito, pues desde hacía casi diez años no había publicado nada –algunos artículos, un texto para un disco del grupo de hardrock Lotion– y sólo había salido de su silencio de forma realmente peculiar: como un personaje más, aparecía en un capítulo de «Los Simpson» con la cabeza metida en una bolsa, haciendo por lo tanto una caricatura de su ocultamiento voluntario. El libro en cuestión se tituló «Against the Day» («Contraluz», en español), tenía casi novecientas páginas y su acción arrancaba en 1893, para pasar a ocuparse de multitud de acontecimientos históricos tanto norteamericanos como europeos y asiáticos.. De Thomas Pynchon solamente se saben algunas cosas con seguridad: que estudió Ingeniería en la Universidad de Cornell y asistió a las clases de literatura de Vladimir Nabokov, el autor ruso que se exilió en Estados Unidos, donde escribió «Lolita»; que sirvió en la Marina; se licenció en Lengua Inglesa y trabajó dos años en la compañía Boeing Aircraft; que vivió en México; y que la única entrevista que ha concedido fue en el «show» de Larry Clark de la CNN en 1997, aunque con su rostro nublado de forma electrónica.. En su nueva novela aparecen posibles nazis, bandas paramilitares y hasta médiums. Y es que Pynchon es uno de los pocos escritores actuales que no necesita promoción alguna para anunciar su obra; bastó con dos primeras novelas llamativas y premiadas, «V.» (1963) y «La subasta del lote 49» (1966), y, sobre todo, «El arco iris de gravedad» (1973), primero calificada de obscena pero luego ganadora del National Book Award –premio que recogió un cómico haciéndose pasar por el autor–, para alcanzar la cima literaria. Más tarde vendrían los cuentos «Lento aprendizaje» (1984), «Vineland» (1990) y su colosal «Mason y Dixon» (1997).. Deriva de novela negra. ¿El secreto de semejante triunfo? Pynchon no sólo es una «rara avis» a efectos de su comportamiento social, sino también literariamente resulta del todo extraordinario: con una formación tan científica como literaria, Pynchon exhibe en cada uno de sus seis libros un saber enciclopédico, una mezcla de invención novelesca, recreación histórica e incluso tono ensayístico. Si, precisamente, alguien se ha acercado al sueño de «la gran novela americana» es él. Lo hizo en la que es considerada su obra maestra, «Mason y Dixon», un relato que, de la mano de su pareja protagonista, dos astrónomos ingleses encargados por la Royal Society de Londres de asistir al paso de Venus por la isla de Sumatra, nos lleva al conocimiento de los Estados Unidos dieciochescos. Y en «Against the Day», Pynchon iba más allá, viajando por la Tierra del siglo XX. Este hombre invisible de las letras americanas dada su legendaria querencia a no desvelar ni una sola imagen de sí mismo, en 2001 –por seguir destacando otras obras significativas dentro de su corpus narrativo– volvió a dar una lección de independencia creadora con «Vicio propio».. Realmente, lo surrealista y lo absurdo laten en la narrativa de Pynchon, aunque bajo una aureola de realismo crudo y cercano, todo lo cual lleva a esa impresión de desconcierto que puede atraer a muchos y repeler a otros tantos. En el caso de «Vicio propio» todo giraba alrededor de la desaparición del magnate inmobiliario Michael Wolfmann, relacionado con una amiga del protagonista y al que vieron subirse a un barco relacionado con el contrabando. Así, el hippy Doc Sportello, «sabueso que busca a personas desaparecidas», intentaba esclarecer a dónde había ido su exnovia Shasta Fay Hepworth –antigua Reina de la Belleza y actriz ocasional– con el corrupto Wolfmann, un camino que le conducía a relacionarse con una serie variopinta de personajes, entre ellos, bebedores, surfistas y drogadictos.. Del escritor no se sabe nada, salvo que estudió ingeniería y que recibió clases de Nabokov. Pynchon, con altas dosis de ironía, retrataba toda una época, la de los años setenta, y aprovechaba para atacar a las instituciones estatales, la clase alta metida en turbios asuntos, el poder alineante de la televisión… Se trataba, al cabo, de un buen espejo sociopolítico en medio de una trama enrevesada que se ponía en marcha tras el asesinato del guardaespaldas del magnate y la aparición del chulesco policía Bigfoot Bjornsen. Todo tenía un tono de novela negra con diálogos chispeantes entre policías y buscavidas, y el mosaico de fondo que llevaba al periodo del éxtasis de la marihuana, de las camisas hawaianas, de las tablas de surf, de las drogas psicodélicas y de las canciones de The Doors. Pynchon rescataba una etapa que ya no está de moda y a la vez mantenía el encanto propio de un momento y lugar en el que la libertad, la ambigüedad sexual y el mundo nocturno tomaron las vidas de una nueva generación.. Una experiencia lectora. En fin, el texto era desconcertante, como sucede siempre con Pynchon, con la considerable cantidad de personajes que iban pululando –si bien la protagonista de la obra era en realidad la ciudad de Los Ángeles– y haciendo del argumento una bola de nieve que crecía y crecía pero sobre la que no sabemos dónde rodará. Pues bien, ahora Pynchon sigue en esa misma senda de desconcierto con su nuevo libro, «A oscuras» (traducción de Vicente Campos González; título original: «Shadow Ticket»), que presenta menos ambición estructural y quizá más placer inmediato en el juego verbal, porque se trata de una acumulación de escenas que funcionan de manera autónoma. Su arranque parece prometer, de nuevo, una novela negra clásica: un detective privado en los Estados Unidos de 1932 recibe el encargo de encontrar a una heredera desaparecida, si bien esa premisa dura bastante poco.. El protagonista va de Milwaukee a Europa del Este en una cadena de secuencias donde aparecen nazis incipientes, espías, médiums, bandas paramilitares y artefactos improbables. Pynchon trabaja aquí con la proliferación de las tramas, los personajes y ciertos detalles sin una jerarquía clara, lo cual, como ha señalado la crítica norteamericana, convierte el texto en algo tan interesante como disperso. En contraste con ello, la novela sí mantiene una potencia indiscutible en el lenguaje, ya que Pynchon continúa siendo un dialoguista excepcional: sus páginas están llenas de jerga, juegos de palabras, nombres extravagantes y un ritmo oral muy marcado. Por otro lado, el contexto histórico introduce un trasfondo de atractivo incuestionable: la Gran Depresión en Estados Unidos y el ascenso del fascismo en Europa. No es que Pynchon desarrolle un análisis político muy explícito a este respecto, pero deja señales claras –antisemitismo creciente, normalización de la violencia– que el lector reconoce fácilmente y que transforma el argumento novelesco en algo tragicómico. De este modo, para cierto tipo de lectores, «A oscuras» será un ejercicio de libertad absoluta en que su autor no se preocupa por la cohesión narrativa, pero, para otros, funcionará mejor como experiencia que como una obra cerrada.
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