Durante su larga trayectoria profesional en el mundo de la hostelería, Pablo Arnal siempre tuvo claro que su meta era regentar su propio negocio y sabía perfectamente cuáles debían ser los pilares sobre los que este tenía que construirse: una buena cocina basada en un producto excelente, una oferta adaptada a la estacionalidad y ejecuciones perfectas; un buen servicio y buen ambiente.. A partir de ahí, lo que dictase la imaginación, la creatividad y la voluntad. Así es como nació en 2025 Mesa Lobo, un restaurante cuya personalidad se define a partir de la ausencia de personalidad. «No seguimos ningún patrón, no tenemos una línea fija, ni siquiera un hilo conductor», asegura Arnal. Y es que en este restaurante son las sensaciones las que marcan la línea a seguir en cocina. «No seguimos ningún recetario ni hacemos cocina de ningún lugar concreto», explica el dueño y fundador junto a Bruno Cosano.. «En Mesa Lobo hay guiños a la cocina mexicana, a la brasileña o la catalana, hay técnicas nórdicas, hay influencia francesa, sobre todo por las salsas…». En definitiva, es una cocina de autor que refleja el espíritu inquieto de sus impulsores.. «Cada semana entra algo nuevo en la carta. Nos gusta mucho cambiarla, por un lado, para adaptar así la oferta a la estacionalidad y, por el otro, porque no sabemos estar quietos», confiesa Arnal. Eso sí, lo que no es negociable es la calidad del producto. «Buscamos la excelencia y por eso nos gusta trabajar con productores y proveedores amigos, conocer su historia», explica el dueño.. En consecuencia, en cocina la máxima es «elevar el producto» y para ello recurren a las salsas. «Nuestra propuesta se define sobre todo por las salsas, que no enmascaran la materia prima, sino que la elevan», indica Arnal, para a continuación señalar que «hay platos que llevan hasta cuatro o cinco elaboraciones».. El resultado es una oferta amplia pensada para compartir. Destacan propuestas como el cremoso de anacardos y vegetales en texturas, los agnolotti rellenos de kabocha, la berenjena a la brasa con salsa thai y yogur o la gamba azul con aguachile y aguacate.. La bodega, que incorpora novedades semanalmente y cuenta con hasta 49 referencias de vino a copas, adquiere también un rol protagonista en la propuesta de Mesa Lobo. «Esta forma parte de la experiencia», igual que el ambiente y estilismo del espacio.. Al respecto, Arnal, quien también asume las funciones de jefe de sala, comenta que «el local es completamente abierto y, desde cualquier mesa, el comensal puede ver cómo trabajamos en la cocina y la barra de fríos». Es tal la transparencia y honestidad con la que se trabaja en este restaurante que incluso hay una mesa prácticamente integrada en la cocina.. En cuanto al servicio y atención, algo que para los responsables del restaurante es clave, en Mesa Lobo todos los clientes son considerados VIP, de ahí el nombre del restaurante, que responde al término que usaban en los restaurantes en los que trabajaban para identificar internamente las mesas más importantes y que, por lo tanto, requerían atención especial.
Mesa Lobo no responde a patrones establecidos, sino a las inquietudes y sensaciones de sus impulsores
Durante su larga trayectoria profesional en el mundo de la hostelería, Pablo Arnal siempre tuvo claro que su meta era regentar su propio negocio y sabía perfectamente cuáles debían ser los pilares sobre los que este tenía que construirse: una buena cocina basada en un producto excelente, una oferta adaptada a la estacionalidad y ejecuciones perfectas; un buen servicio y buen ambiente.. A partir de ahí, lo que dictase la imaginación, la creatividad y la voluntad. Así es como nació en 2025 Mesa Lobo, un restaurante cuya personalidad se define a partir de la ausencia de personalidad. «No seguimos ningún patrón, no tenemos una línea fija, ni siquiera un hilo conductor», asegura Arnal. Y es que en este restaurante son las sensaciones las que marcan la línea a seguir en cocina. «No seguimos ningún recetario ni hacemos cocina de ningún lugar concreto», explica el dueño y fundador junto a Bruno Cosano.. «En Mesa Lobo hay guiños a la cocina mexicana, a la brasileña o la catalana, hay técnicas nórdicas, hay influencia francesa, sobre todo por las salsas…». En definitiva, es una cocina de autor que refleja el espíritu inquieto de sus impulsores.. «Cada semana entra algo nuevo en la carta. Nos gusta mucho cambiarla, por un lado, para adaptar así la oferta a la estacionalidad y, por el otro, porque no sabemos estar quietos», confiesa Arnal. Eso sí, lo que no es negociable es la calidad del producto. «Buscamos la excelencia y por eso nos gusta trabajar con productores y proveedores amigos, conocer su historia», explica el dueño.. En consecuencia, en cocina la máxima es «elevar el producto» y para ello recurren a las salsas. «Nuestra propuesta se define sobre todo por las salsas, que no enmascaran la materia prima, sino que la elevan», indica Arnal, para a continuación señalar que «hay platos que llevan hasta cuatro o cinco elaboraciones».. El resultado es una oferta amplia pensada para compartir. Destacan propuestas como el cremoso de anacardos y vegetales en texturas, los agnolotti rellenos de kabocha, la berenjena a la brasa con salsa thai y yogur o la gamba azul con aguachile y aguacate.. La bodega, que incorpora novedades semanalmente y cuenta con hasta 49 referencias de vino a copas, adquiere también un rol protagonista en la propuesta de Mesa Lobo. «Esta forma parte de la experiencia», igual que el ambiente y estilismo del espacio.. Al respecto, Arnal, quien también asume las funciones de jefe de sala, comenta que «el local es completamente abierto y, desde cualquier mesa, el comensal puede ver cómo trabajamos en la cocina y la barra de fríos». Es tal la transparencia y honestidad con la que se trabaja en este restaurante que incluso hay una mesa prácticamente integrada en la cocina.. En cuanto al servicio y atención, algo que para los responsables del restaurante es clave, en Mesa Lobo todos los clientes son considerados VIP, de ahí el nombre del restaurante, que responde al término que usaban en los restaurantes en los que trabajaban para identificar internamente las mesas más importantes y que, por lo tanto, requerían atención especial.
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