Responder correos fuera del horario laboral, aprovechar cada minuto del día, convertir los hobbies en metas y medir constantemente el rendimiento personal se ha convertido en algo habitual. Muchas personas sienten que siempre deberían estar haciendo algo útil.. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han lleva años reflexionando sobre este fenómeno en obras como La sociedad del cansancio. Según plantea, el gran problema de la sociedad actual no es únicamente el exceso de trabajo, sino la idea de que el ser humano debe estar permanentemente produciendo, mejorando o superándose. De ahí surge una de sus frases más conocidas: “Nos matamos por ser productivos pero el hombre ha nacido para jugar, no para trabajar”.. Del “homo ludens” al “homo laborans”. La reflexión de Han recupera una idea filosófica antigua: el ser humano no siempre se definió por el trabajo, sino también por el juego, la creatividad y el ocio. Durante décadas, el empleo estuvo asociado principalmente a la necesidad de supervivencia o estabilidad económica. Sin embargo, el filósofo sostiene que hoy el trabajo ocupa una dimensión mucho más profunda: muchas personas buscan validación personal a través de la productividad.. El problema es que ese modelo termina invadiéndolo todo. Incluso el descanso se convierte en una obligación optimizada: hacer deporte para rendir más, meditar para ser más eficiente o convertir cualquier afición en una oportunidad de crecimiento personal.. Frente a eso, Han recupera el concepto de “homo ludens”, desarrollado por el historiador neerlandés Johan Huizinga, quien defendía que el juego es una parte esencial de la cultura y de la naturaleza humana.. ¿Por qué jugar es importante también en la edad adulta?. Cuando pensamos en jugar, solemos asociarlo automáticamente a la infancia. Sin embargo, la psicología lleva tiempo señalando que el juego cumple funciones fundamentales durante toda la vida. Jugar reduce el estrés, mejora la creatividad, favorece los vínculos sociales y permite desconectar de la presión diaria. Además, activa áreas cerebrales relacionadas con la motivación, la curiosidad y el bienestar emocional. Por eso, muchos especialistas advierten de que abandonar completamente el juego en la vida adulta puede aumentar la sensación de agotamiento mental.. El propio Friedrich Schiller ya escribió en el siglo XVIII que “el hombre solo es plenamente humano cuando juega”, una idea que sigue siendo muy citada en psicología y filosofía contemporánea.. Uno de los conceptos más conocidos de Byung-Chul Han es precisamente el de “sociedad del cansancio”, como se llama su obra más notable. Según explica, antes las personas vivían bajo una sociedad disciplinaria basada en normas y prohibiciones externas. Ahora, en cambio, la presión nace desde dentro. Cada individuo siente que debe mejorar constantemente y aprovechar todo su potencial.. Eso genera una autoexigencia continua que termina desembocando en ansiedad, agotamiento emocional y sensación de fracaso permanente. El filósofo sostiene que ya no hace falta que alguien nos obligue a trabajar más: somos nosotros quienes nos imponemos esa presión creyendo que así alcanzaremos la realización personal.. Es por ello que el concepto de jugar adquiere un significado mucho más profundo del que parece. No se trata únicamente de practicar deportes, jugar a juegos de mesa o pasar tiempo con amigos, sino de recuperar actividades que no estén orientadas a producir resultados.. Dedicar tiempo a algo simplemente porque resulta divertido o placentero rompe con la lógica de la hiperproductividad constante. La psicología también respalda esta idea. Diversos estudios sobre bienestar emocional señalan que los momentos de ocio no estructurado ayudan a reducir la ansiedad, mejoran la regulación emocional y favorecen relaciones más sanas. Además, el juego permite reconectar con la curiosidad y la espontaneidad, aspectos que muchas personas pierden en una rutina marcada por las obligaciones.. El derecho a descansar sin sentirse culpable. Byung-Chul Han no critica el trabajo en sí mismo. Su reflexión apunta más bien a la incapacidad actual para desconectar realmente de él. Muchas personas sienten culpa cuando descansan o consideran improductivo cualquier momento de pausa. El resultado es una vida donde incluso el ocio debe ser eficiente.. Por eso, reivindicar el juego implica también recuperar algo básico: el derecho a aburrirse, descansar y disfrutar sin objetivos concretos. Tal como recuerda el filósofo, la vida no puede reducirse únicamente a producir más. También necesita espacio para el juego, la creatividad y el simple placer de compartir tiempo con otros.
La sociedad actual, obsesionada con el rendimiento, tiende a que cada vez más expertos reivindiquen el valor del juego como una necesidad humana y no como una pérdida de tiempo
Responder correos fuera del horario laboral, aprovechar cada minuto del día, convertir los hobbies en metas y medir constantemente el rendimiento personal se ha convertido en algo habitual. Muchas personas sienten que siempre deberían estar haciendo algo útil.. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han lleva años reflexionando sobre este fenómeno en obras como La sociedad del cansancio. Según plantea, el gran problema de la sociedad actual no es únicamente el exceso de trabajo, sino la idea de que el ser humano debe estar permanentemente produciendo, mejorando o superándose. De ahí surge una de sus frases más conocidas: “Nos matamos por ser productivos pero el hombre ha nacido para jugar, no para trabajar”.. Del “homo ludens” al “homo laborans”. La reflexión de Han recupera una idea filosófica antigua: el ser humano no siempre se definió por el trabajo, sino también por el juego, la creatividad y el ocio. Durante décadas, el empleo estuvo asociado principalmente a la necesidad de supervivencia o estabilidad económica. Sin embargo, el filósofo sostiene que hoy el trabajo ocupa una dimensión mucho más profunda: muchas personas buscan validación personal a través de la productividad.. El problema es que ese modelo termina invadiéndolo todo. Incluso el descanso se convierte en una obligación optimizada: hacer deporte para rendir más, meditar para ser más eficiente o convertir cualquier afición en una oportunidad de crecimiento personal.. Frente a eso, Han recupera el concepto de “homo ludens”, desarrollado por el historiador neerlandés Johan Huizinga, quien defendía que el juego es una parte esencial de la cultura y de la naturaleza humana.. ¿Por qué jugar es importante también en la edad adulta?. Cuando pensamos en jugar, solemos asociarlo automáticamente a la infancia. Sin embargo, la psicología lleva tiempo señalando que el juego cumple funciones fundamentales durante toda la vida. Jugar reduce el estrés, mejora la creatividad, favorece los vínculos sociales y permite desconectar de la presión diaria. Además, activa áreas cerebrales relacionadas con la motivación, la curiosidad y el bienestar emocional. Por eso, muchos especialistas advierten de que abandonar completamente el juego en la vida adulta puede aumentar la sensación de agotamiento mental.. El propio Friedrich Schiller ya escribió en el siglo XVIII que “el hombre solo es plenamente humano cuando juega”, una idea que sigue siendo muy citada en psicología y filosofía contemporánea.. Uno de los conceptos más conocidos de Byung-Chul Han es precisamente el de “sociedad del cansancio”, como se llama su obra más notable. Según explica, antes las personas vivían bajo una sociedad disciplinaria basada en normas y prohibiciones externas. Ahora, en cambio, la presión nace desde dentro. Cada individuo siente que debe mejorar constantemente y aprovechar todo su potencial.. Eso genera una autoexigencia continua que termina desembocando en ansiedad, agotamiento emocional y sensación de fracaso permanente. El filósofo sostiene que ya no hace falta que alguien nos obligue a trabajar más: somos nosotros quienes nos imponemos esa presión creyendo que así alcanzaremos la realización personal.. Es por ello que el concepto de jugar adquiere un significado mucho más profundo del que parece. No se trata únicamente de practicar deportes, jugar a juegos de mesa o pasar tiempo con amigos, sino de recuperar actividades que no estén orientadas a producir resultados.. Dedicar tiempo a algo simplemente porque resulta divertido o placentero rompe con la lógica de la hiperproductividad constante. La psicología también respalda esta idea. Diversos estudios sobre bienestar emocional señalan que los momentos de ocio no estructurado ayudan a reducir la ansiedad, mejoran la regulación emocional y favorecen relaciones más sanas. Además, el juego permite reconectar con la curiosidad y la espontaneidad, aspectos que muchas personas pierden en una rutina marcada por las obligaciones.. El derecho a descansar sin sentirse culpable. Byung-Chul Han no critica el trabajo en sí mismo. Su reflexión apunta más bien a la incapacidad actual para desconectar realmente de él. Muchas personas sienten culpa cuando descansan o consideran improductivo cualquier momento de pausa. El resultado es una vida donde incluso el ocio debe ser eficiente.. Por eso, reivindicar el juego implica también recuperar algo básico: el derecho a aburrirse, descansar y disfrutar sin objetivos concretos. Tal como recuerda el filósofo, la vida no puede reducirse únicamente a producir más. También necesita espacio para el juego, la creatividad y el simple placer de compartir tiempo con otros.
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