Galicia tiene agua. La cuestión es si dispone de capacidad suficiente para guardarla cuando cae y emplearla cuando deja de hacerlo. Esa es, al menos, una de las reflexiones que ha puesto sobre la mesa la Xunta ante una situación que resulta aparentemente paradójica: apenas unos meses después de un invierno extraordinariamente lluvioso, 32 municipios gallegos se encuentran en situación de alerta por escasez de agua.. La conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, defendió este jueves la necesidad de construir nuevos embalses o depósitos que permitan aumentar la capacidad de almacenamiento de Galicia, aunque descartó que la solución pase por “llenar Galicia de embalses”.. “En algún sitio tenemos que embalsar el agua para después tirar de ella”, sostuvo Vázquez. La responsable autonómica considera necesario aumentar las reservas disponibles y, paralelamente, profundizar en el estudio y aprovechamiento de las aguas subterráneas, especialmente como posible solución para pequeñas parroquias y núcleos rurales.. El debate llega después de un invierno en el que precisamente el agua no faltó. El invierno meteorológico 2025-2026, que comprende diciembre, enero y febrero, fue el octavo más lluvioso registrado en España desde 1961 y el tercero del siglo XXI. En el conjunto de la Península cayeron 323,2 litros por metro cuadrado, un 71% más de lo habitual. Galicia estuvo entre los territorios más afectados por el continuo paso de borrascas atlánticas.. Los registros de algunas estaciones gallegas permiten hacerse una idea de la magnitud de aquellas precipitaciones. Solo en enero, Vigo acumuló 399,1 litros por metro cuadrado, Santiago 389,3 y Pontevedra 385,6, en este último caso el mayor registro para un enero desde el inicio de su serie en 1986.. Febrero todavía fue más lluvioso en algunos puntos: Vigo alcanzó los 499 litros por metro cuadrado y Pontevedra los 407. AEMET calificó el invierno en su conjunto como muy húmedo y situó zonas del noroeste de Galicia incluso dentro del carácter extremadamente húmedo.. De las borrascas a la sequedad. El problema comenzó prácticamente con el cambio de estación. Marzo marcó una ruptura radical con los meses anteriores. Galicia recibió únicamente el 29% de las precipitaciones habituales para ese mes y AEMET lo calificó como muy seco. Abril repitió exactamente ese porcentaje: apenas un 29% de la lluvia normal, convirtiéndose en el cuarto abril más seco de la serie histórica gallega.. Mayo dio un pequeño respiro, con precipitaciones equivalentes al 95% de la media, aunque distribuidas de forma muy desigual. Pero la situación volvió a deteriorarse inmediatamente. Junio fue muy seco y extremadamente cálido: Galicia recibió alrededor del 56% de la precipitación normal y registró una anomalía térmica de tres grados.. Julio terminó de agravar el escenario. Fue el julio más cálido en Galicia desde que comienza la serie histórica, en 1961, con una temperatura media 3,1 grados por encima de lo habitual. Y las lluvias apenas alcanzaron el 33% del valor normal. En algunas estaciones ni siquiera llegaron al 10%.. De este modo, el agua acumulada durante el invierno alimentó ríos, suelos y embalses, pero desde marzo las precipitaciones han sido deficitarias durante buena parte del periodo, coincidiendo además con temperaturas elevadas y un aumento estacional de la demanda.. 52 embalses repartidos por Galicia. Galicia cuenta actualmente con 52 embalses, aunque su distribución por el territorio resulta desigual. Ourense concentra prácticamente la mitad, con 25; A Coruña suma 14; Pontevedra, siete; y Lugo, seis.. El número por sí solo, sin embargo, no permite determinar la capacidad de Galicia para hacer frente a episodios de escasez. Los embalses tienen tamaños, funciones y capacidades muy diferentes y muchos no fueron concebidos prioritariamente para garantizar el abastecimiento urbano. El Inventario de Presas y Embalses del Ministerio para la Transición Ecológica diferencia precisamente las infraestructuras por características, cuenca, titularidad y usos.. Por eso, una comparación simple del número de embalses entre comunidades puede resultar engañosa: para valorar la capacidad real de regulación son más relevantes el volumen almacenable, la distribución territorial, las cuencas a las que sirven y su utilización que el número absoluto de instalaciones.. La evolución de las reservas muestra, además, la velocidad a la que puede cambiar la situación. A comienzos de junio, los embalses del ámbito Galicia-Costa estaban al 77,3% de su capacidad y los del Miño-Sil al 85,8%. Tres semanas después habían bajado al 70,8% y al 82,3%, respectivamente. Hoy se encuentran en torno al 60%.. Ríos cortos y agua que “acaba en el mar”. Es precisamente ahí donde la Xunta sitúa parte del problema estructural. Vázquez recordó que buena parte de los ríos gallegos tienen recorridos relativamente cortos y defendió que, si no existe capacidad suficiente de regulación, una parte importante del agua de los episodios de lluvias abundantes termina rápidamente en el mar.. La propuesta de construir más infraestructuras de almacenamiento no es, sin embargo, la única medida planteada. Medio Ambiente considera fundamental actuar también sobre las redes municipales de abastecimiento para reducir pérdidas. La Xunta trabaja con los ayuntamientos mediante auditorías y actuaciones de renovación de conducciones, según explicó la conselleira.. A ello se suma la posibilidad de recurrir en determinados territorios a las aguas subterráneas. Vázquez reconoce que estos recursos difícilmente podrían resolver las necesidades de poblaciones grandes, pero considera que sí pueden desempeñar un papel relevante en aldeas y parroquias.. El escenario actual afecta ya a decenas de municipios. Un total de 32 concellos entraron en alerta por escasez, principalmente en los sistemas del Lérez, el Anllóns y la Costa da Coruña hasta Arteixo, mientras otros municipios permanecen bajo vigilancia ante la reducción de caudales.. La discusión que abre ahora la Xunta va así más allá de la sequía de este verano. Los datos de 2026 muestran dos extremos separados por apenas unos meses: un comienzo de año con lluvias extraordinarias y una primavera y un verano marcados por largos déficits pluviométricos y temperaturas excepcionalmente elevadas.. El desafío ya no parece limitarse, por tanto, a cuánto llueve en Galicia, sino a qué capacidad tiene la comunidad para conservar parte de esa agua cuando sobra y disponer de ella cuando vuelve a faltar.
Enero y febrero dejaron lluvias extraordinarias, pero desde marzo se encadenan meses secos y julio apenas recibió un tercio de las precipitaciones habituales
Galicia tiene agua. La cuestión es si dispone de capacidad suficiente para guardarla cuando cae y emplearla cuando deja de hacerlo. Esa es, al menos, una de las reflexiones que ha puesto sobre la mesa la Xunta ante una situación que resulta aparentemente paradójica: apenas unos meses después de un invierno extraordinariamente lluvioso, 32 municipios gallegos se encuentran en situación de alerta por escasez de agua.. La conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, defendió este jueves la necesidad de construir nuevos embalses o depósitos que permitan aumentar la capacidad de almacenamiento de Galicia, aunque descartó que la solución pase por “llenar Galicia de embalses”.. “En algún sitio tenemos que embalsar el agua para después tirar de ella”, sostuvo Vázquez. La responsable autonómica considera necesario aumentar las reservas disponibles y, paralelamente, profundizar en el estudio y aprovechamiento de las aguas subterráneas, especialmente como posible solución para pequeñas parroquias y núcleos rurales.. El debate llega después de un invierno en el que precisamente el agua no faltó. El invierno meteorológico 2025-2026, que comprende diciembre, enero y febrero, fue el octavo más lluvioso registrado en España desde 1961 y el tercero del siglo XXI. En el conjunto de la Península cayeron 323,2 litros por metro cuadrado, un 71% más de lo habitual. Galicia estuvo entre los territorios más afectados por el continuo paso de borrascas atlánticas.. Los registros de algunas estaciones gallegas permiten hacerse una idea de la magnitud de aquellas precipitaciones. Solo en enero, Vigo acumuló 399,1 litros por metro cuadrado, Santiago 389,3 y Pontevedra 385,6, en este último caso el mayor registro para un enero desde el inicio de su serie en 1986.. Febrero todavía fue más lluvioso en algunos puntos: Vigo alcanzó los 499 litros por metro cuadrado y Pontevedra los 407. AEMET calificó el invierno en su conjunto como muy húmedo y situó zonas del noroeste de Galicia incluso dentro del carácter extremadamente húmedo.. De las borrascas a la sequedad. El problema comenzó prácticamente con el cambio de estación. Marzo marcó una ruptura radical con los meses anteriores. Galicia recibió únicamente el 29% de las precipitaciones habituales para ese mes y AEMET lo calificó como muy seco. Abril repitió exactamente ese porcentaje: apenas un 29% de la lluvia normal, convirtiéndose en el cuarto abril más seco de la serie histórica gallega.. Mayo dio un pequeño respiro, con precipitaciones equivalentes al 95% de la media, aunque distribuidas de forma muy desigual. Pero la situación volvió a deteriorarse inmediatamente. Junio fue muy seco y extremadamente cálido: Galicia recibió alrededor del 56% de la precipitación normal y registró una anomalía térmica de tres grados.. Julio terminó de agravar el escenario. Fue el julio más cálido en Galicia desde que comienza la serie histórica, en 1961, con una temperatura media 3,1 grados por encima de lo habitual. Y las lluvias apenas alcanzaron el 33% del valor normal. En algunas estaciones ni siquiera llegaron al 10%.. De este modo, el agua acumulada durante el invierno alimentó ríos, suelos y embalses, pero desde marzo las precipitaciones han sido deficitarias durante buena parte del periodo, coincidiendo además con temperaturas elevadas y un aumento estacional de la demanda.. 52 embalses repartidos por Galicia. Galicia cuenta actualmente con 52 embalses, aunque su distribución por el territorio resulta desigual. Ourense concentra prácticamente la mitad, con 25; A Coruña suma 14; Pontevedra, siete; y Lugo, seis.. El número por sí solo, sin embargo, no permite determinar la capacidad de Galicia para hacer frente a episodios de escasez. Los embalses tienen tamaños, funciones y capacidades muy diferentes y muchos no fueron concebidos prioritariamente para garantizar el abastecimiento urbano. El Inventario de Presas y Embalses del Ministerio para la Transición Ecológica diferencia precisamente las infraestructuras por características, cuenca, titularidad y usos.. Por eso, una comparación simple del número de embalses entre comunidades puede resultar engañosa: para valorar la capacidad real de regulación son más relevantes el volumen almacenable, la distribución territorial, las cuencas a las que sirven y su utilización que el número absoluto de instalaciones.. La evolución de las reservas muestra, además, la velocidad a la que puede cambiar la situación. A comienzos de junio, los embalses del ámbito Galicia-Costa estaban al 77,3% de su capacidad y los del Miño-Sil al 85,8%. Tres semanas después habían bajado al 70,8% y al 82,3%, respectivamente. Hoy se encuentran en torno al 60%.. Ríos cortos y agua que “acaba en el mar”. Es precisamente ahí donde la Xunta sitúa parte del problema estructural. Vázquez recordó que buena parte de los ríos gallegos tienen recorridos relativamente cortos y defendió que, si no existe capacidad suficiente de regulación, una parte importante del agua de los episodios de lluvias abundantes termina rápidamente en el mar.. La propuesta de construir más infraestructuras de almacenamiento no es, sin embargo, la única medida planteada. Medio Ambiente considera fundamental actuar también sobre las redes municipales de abastecimiento para reducir pérdidas. La Xunta trabaja con los ayuntamientos mediante auditorías y actuaciones de renovación de conducciones, según explicó la conselleira.. A ello se suma la posibilidad de recurrir en determinados territorios a las aguas subterráneas. Vázquez reconoce que estos recursos difícilmente podrían resolver las necesidades de poblaciones grandes, pero considera que sí pueden desempeñar un papel relevante en aldeas y parroquias.. El escenario actual afecta ya a decenas de municipios. Un total de 32 concellos entraron en alerta por escasez, principalmente en los sistemas del Lérez, el Anllóns y la Costa da Coruña hasta Arteixo, mientras otros municipios permanecen bajo vigilancia ante la reducción de caudales.. La discusión que abre ahora la Xunta va así más allá de la sequía de este verano. Los datos de 2026 muestran dos extremos separados por apenas unos meses: un comienzo de año con lluvias extraordinarias y una primavera y un verano marcados por largos déficits pluviométricos y temperaturas excepcionalmente elevadas.. El desafío ya no parece limitarse, por tanto, a cuánto llueve en Galicia, sino a qué capacidad tiene la comunidad para conservar parte de esa agua cuando sobra y disponer de ella cuando vuelve a faltar.
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