Félix Colomo ha fallecido dejando atrás una trayectoria discreta pero con peso propio. Aunque su apellido remite inevitablemente al mundo taurino —su padre fue torero—, él eligió otro camino: el de la hostelería. Y desde ese terreno, construyó un legado que hoy es parte del paisaje cotidiano de Madrid.. El toro no fue una vocación personal, pero sí un lenguaje familiar. Colomo se crió en ese ambiente, con la expresión cultural del toreo como referencia, aunque pronto supo que su plaza estaría en otro sitio. Fue el impulsor de espacios como «La Posada de la Villa», «La Posada de la Villa» y «La Taberna del Alatriste», tres restaurantes que definieron el imaginario castizo de la capital.. Cada uno de estos locales tuvo algo más que cocina: tuvieron intención. Colomo apostó por una hostelería con identidad, apegada al producto y al carácter del barrio. No se trataba de recrear un pasado, sino de ofrecer una experiencia reconocible y sincera. Esa misma filosofía la trasladó al mundo del vino con su bodega Valquejigoso, que alcanzó notoriedad en el sector.. En Alcorcón, su presencia fue también notable. Más allá de su papel como propietario de suelo en la zona norte del municipio, fue una figura clave en el crecimiento urbanístico y social de la localidad. Su conocimiento del terreno y su implicación práctica le dieron un lugar propio en la historia reciente del municipio.. No buscó protagonismo. Tampoco lo necesitaba. Félix Colomo actuó siempre desde la gestión silenciosa y el trabajo sostenido. Fue un ejemplo de cómo se puede influir sin estar en primera línea, dejando resultados en lugar de titulares.. Con su fallecimiento, desaparece una figura que entendió Madrid desde dentro, sin artificios ni grandes gestos. Su huella está en los lugares que ayudó a consolidar, en la cocina que defendió y en la forma de estar en el mundo que practicó durante décadas.
Con visión práctica y compromiso con lo local, levantó algunos de los restaurantes más representativos del centro de Madrid
Félix Colomo ha fallecido dejando atrás una trayectoria discreta pero con peso propio. Aunque su apellido remite inevitablemente al mundo taurino —su padre fue torero—, él eligió otro camino: el de la hostelería. Y desde ese terreno, construyó un legado que hoy es parte del paisaje cotidiano de Madrid.. El toro no fue una vocación personal, pero sí un lenguaje familiar. Colomo se crió en ese ambiente, con la expresión cultural del toreo como referencia, aunque pronto supo que su plaza estaría en otro sitio. Fue el impulsor de espacios como «La Posada de la Villa», «La Posada de la Villa» y «La Taberna del Alatriste», tres restaurantes que definieron el imaginario castizo de la capital.. Cada uno de estos locales tuvo algo más que cocina: tuvieron intención. Colomo apostó por una hostelería con identidad, apegada al producto y al carácter del barrio. No se trataba de recrear un pasado, sino de ofrecer una experiencia reconocible y sincera. Esa misma filosofía la trasladó al mundo del vino con su bodega Valquejigoso, que alcanzó notoriedad en el sector.. En Alcorcón, su presencia fue también notable. Más allá de su papel como propietario de suelo en la zona norte del municipio, fue una figura clave en el crecimiento urbanístico y social de la localidad. Su conocimiento del terreno y su implicación práctica le dieron un lugar propio en la historia reciente del municipio.. No buscó protagonismo. Tampoco lo necesitaba. Félix Colomo actuó siempre desde la gestión silenciosa y el trabajo sostenido. Fue un ejemplo de cómo se puede influir sin estar en primera línea, dejando resultados en lugar de titulares.. Con su fallecimiento, desaparece una figura que entendió Madrid desde dentro, sin artificios ni grandes gestos. Su huella está en los lugares que ayudó a consolidar, en la cocina que defendió y en la forma de estar en el mundo que practicó durante décadas.
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