Los agricultores franceses continúan ejerciendo una presión máxima sobre Macron para que no dé su brazo a torcer en las negociaciones por el tratado con Mercosur en Bruselas, que eliminará progresivamente los aranceles sobre casi todos los bienes comercializados entre los dos bloques durante los próximos 15 años. A las manifestaciones de protesta en la capital comunitaria se han sumado este jueves acciones por toda Francia, especialmente en el sur del país. El asunto es especialmente sensible para el Gobierno galo ya que podría dar un mayor impulso a la extrema derecha de Marine Le Pen, que ya es primera fuerza política en el campo.. La cólera de los agricultores y ganaderos ha provocando durante este jueves graves problemas de tráfico en múltiples puntos debido al bloqueo de autopistas, una situación que podría prolongarse hasta Navidad según las noticias que lleguen desde la Unión Europea en las próximas horas por el tratado y también por la gestión que se está realizando de la grave epidemia de dermatosis nodular contagiosa que afecta a las vacas. Dos motivos que combinados pueden producir una tormenta política para el frágil Gobierno de Sébastien Lecornu, centrado en su propia supervivencia, quien se esfuerza en enviar mensajes para tranquilizar al sector.. La oposición francesa al acuerdo no es nueva, pero se ha vuelto más firme y pública a medida que se acercaba la fecha de la firma, articulando varias exigencias concretas. Francia exige, por un lado, mecanismos legales eficaces que permitan suspender temporalmente las importaciones preferenciales de productos sensibles si causan un daño grave al mercado europeo. Pero a su vez, demanda que los productos importados del Mercosur cumplan los mismos estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal que se exigen a los agricultores europeos estableciendo controles fronterizos rigurosos. El sector agropecuario galo ve en el acuerdo una amenaza existencial. Temen que su mercado sea “inundado” por carne sudamericana más barata, producida, en su opinión, con estándares menos estrictos en el uso de hormonas y antibióticos, lo que constituiría una competencia desleal.. Le Pen ha vuelto a exhortar a Macron a decir no, de manera definitiva, a Mercosur en el Consejo Europeo y no solo a pedir un aplazamiento de la firma, que debía producirse este sábado en Brasil. “Hay que decir no porque nos va la supervivencia de nuestra agricultura y, por consiguiente, la soberanía de nuestro país”. El asunto Mercosur es gasolina para la retórica antieuropea del Reagrupamiento Nacional de culpar a los que denomina como «burócratas globalistas» de Bruselas de todos los males, incluida la ruina de los granjeros franceses.. En este contexto de descontento del campo, las autoridades francesas siguen sin ver las salvaguardas para monitorear que han exigido a la UE. “Hoy no las vemos (las salvaguardas), por eso hemos pedido un retraso”, dijo Benjamin Haddad, ministro de Asuntos Europeos de Francia antes de una reunión en Bruselas. Hizo un llamado al bloque para “dejar de ser ingenuo” y proteger la agricultura europea de la “competencia desleal” adoptando políticas comerciales asertivas al estilo de Washington y Pekín. La mayoría de los grupos parlamentarios franceses mantienen esa postura contra el tratado que París lleva años mostrando junto a otros países como Polonia e Irlanda y a cuyas reticencias se ha sumado otro socio de peso, Italia.. Francia es consciente de la magnitud de lo que está en juego. El acuerdo UE-Mercosur, cuya negociación política se cerró en diciembre de 2024 y fue formalmente propuesto por la Comisión Europea en setiembre de 2025, aspira a crear la mayor zona de libre comercio del mundo. Un mercado común que abarcaría a 722 millones de personas y un PIB combinado de 22 billones de dólares. El pacto eliminaría aranceles para el 91% del comercio bilateral, abriendo mercados masivos para ambos bloques. Para la UE, significaría una vía de exportación privilegiada para sus automóviles, maquinaria, productos químicos y vinos hacia Sudamérica. Para los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), facilitaría la entrada de sus productos agrícolas estrella –como carne bovina, aves de corral, azúcar, soja y etanol– al mercado europeo. La Comisión Europea estima que el acuerdo ahorraría a las empresas más de 4000 millones de euros anuales en aranceles. Las negociaciones han sido una maratón de 25 años, llena de avances y retrocesos. El contexto geopolítico actual, marcado por la guerra comercial impulsada por Trump, habría añadido una urgencia renovada para cerrar el pacto y buscar aliados comerciales alternativos.
Los agricultores franceses continúan ejerciendo una presión máxima sobre Macron para que no dé su brazo a torcer en las negociaciones por el tratado con Mercosur en Bruselas, que eliminará progresivamente los aranceles sobre casi todos los bienes comercializados entre los dos bloques durante los próximos 15 años. A las manifestaciones de protesta en la capital comunitaria se han sumado este jueves acciones por toda Francia, especialmente en el sur del país. El asunto es especialmente sensible para el Gobierno galo ya que podría dar un mayor impulso a la extrema derecha de Marine Le Pen, que ya es primera fuerza política en el campo.. La cólera de los agricultores y ganaderos ha provocando durante este jueves graves problemas de tráfico en múltiples puntos debido al bloqueo de autopistas, una situación que podría prolongarse hasta Navidad según las noticias que lleguen desde la Unión Europea en las próximas horas por el tratado y también por la gestión que se está realizando de la grave epidemia de dermatosis nodular contagiosa que afecta a las vacas. Dos motivos que combinados pueden producir una tormenta política para el frágil Gobierno de Sébastien Lecornu, centrado en su propia supervivencia, quien se esfuerza en enviar mensajes para tranquilizar al sector.. La oposición francesa al acuerdo no es nueva, pero se ha vuelto más firme y pública a medida que se acercaba la fecha de la firma, articulando varias exigencias concretas. Francia exige, por un lado, mecanismos legales eficaces que permitan suspender temporalmente las importaciones preferenciales de productos sensibles si causan un daño grave al mercado europeo. Pero a su vez, demanda que los productos importados del Mercosur cumplan los mismos estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal que se exigen a los agricultores europeos estableciendo controles fronterizos rigurosos. El sector agropecuario galo ve en el acuerdo una amenaza existencial. Temen que su mercado sea “inundado” por carne sudamericana más barata, producida, en su opinión, con estándares menos estrictos en el uso de hormonas y antibióticos, lo que constituiría una competencia desleal.. Le Pen ha vuelto a exhortar a Macron a decir no, de manera definitiva, a Mercosur en el Consejo Europeo y no solo a pedir un aplazamiento de la firma, que debía producirse este sábado en Brasil. “Hay que decir no porque nos va la supervivencia de nuestra agricultura y, por consiguiente, la soberanía de nuestro país”. El asunto Mercosur es gasolina para la retórica antieuropea del Reagrupamiento Nacional de culpar a los que denomina como «burócratas globalistas» de Bruselas de todos los males, incluida la ruina de los granjeros franceses.. En este contexto de descontento del campo, las autoridades francesas siguen sin ver las salvaguardas para monitorear que han exigido a la UE. “Hoy no las vemos (las salvaguardas), por eso hemos pedido un retraso”, dijo Benjamin Haddad, ministro de Asuntos Europeos de Francia antes de una reunión en Bruselas. Hizo un llamado al bloque para “dejar de ser ingenuo” y proteger la agricultura europea de la “competencia desleal” adoptando políticas comerciales asertivas al estilo de Washington y Pekín. La mayoría de los grupos parlamentarios franceses mantienen esa postura contra el tratado que París lleva años mostrando junto a otros países como Polonia e Irlanda y a cuyas reticencias se ha sumado otro socio de peso, Italia.. Francia es consciente de la magnitud de lo que está en juego. El acuerdo UE-Mercosur, cuya negociación política se cerró en diciembre de 2024 y fue formalmente propuesto por la Comisión Europea en setiembre de 2025, aspira a crear la mayor zona de libre comercio del mundo. Un mercado común que abarcaría a 722 millones de personas y un PIB combinado de 22 billones de dólares. El pacto eliminaría aranceles para el 91% del comercio bilateral, abriendo mercados masivos para ambos bloques. Para la UE, significaría una vía de exportación privilegiada para sus automóviles, maquinaria, productos químicos y vinos hacia Sudamérica. Para los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), facilitaría la entrada de sus productos agrícolas estrella –como carne bovina, aves de corral, azúcar, soja y etanol– al mercado europeo. La Comisión Europea estima que el acuerdo ahorraría a las empresas más de 4000 millones de euros anuales en aranceles. Las negociaciones han sido una maratón de 25 años, llena de avances y retrocesos. El contexto geopolítico actual, marcado por la guerra comercial impulsada por Trump, habría añadido una urgencia renovada para cerrar el pacto y buscar aliados comerciales alternativos.
La cólera de los agricultores y ganaderos ha provocando durante este jueves graves problemas de tráfico en múltiples puntos debido al bloqueo de autopistas para presionar en las negociaciones de Bruselas
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