Un barbero monta un asno para ir a sangrar a un enfermo cuando empieza a llover, para protegerse de la lluvia se pone su bacía de afeitar en la cabeza, pero deja de llover y al relucir el sol [[LINK:TAG|||tag|||633618c159a61a391e0a155a|||Don Quijote]] cree que la bacía reluciente no es otra cosa que el yelmo mágico y así se lo hace saber a Sancho: «si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes», quien trata de disuadirlo para evitar acabar apaleados como les solía ocurrir. Pero Don Quijote, tenaz, arremete contra el que cree caballero portador del yelmo y el barbero viéndole llegar lanza en ristre y a galope no hace otra cosa que tirarse al suelo y huir dejando la bacinilla abandonada, mandándole a Sancho que alzase el yelmo, quien no lo reconoce cómo tal sino como una bacía buena del al menos un real de a ocho.. Este episodio del capítulo XXI del primer tomo del «Quijote» es uno de los más significativos en mostrar la diferencia entre realidad y fantasía, Sancho insiste en que es una bacía de barbero, un cuenco de latón utilizado para afeitar, mientras que Don Quijote insiste en que es el famosísimo yelmo de los libros de caballería. No se trata de un contraste entre locura y cordura sino de dos formas de interpretar el mundo. Don Quijote no ve mal, sino que interpreta la realidad a través de un código caballeresco aprendido en los libros, mientras que Sancho Panza sólo ve una realidad empírica y pragmática, por lo que Sancho inventa el neologismo de «baciyelmo» para llegar a un consenso que no resuelve el conflicto entre realidad y ficción. Varios episodios más tarde, Don Quijote y el barbero coinciden en la misma venta comenzando una pelea en torno al baciyelmo que es comprado a hurtadillas por el cura al barbero para que Don Quijote pudiese conservar su trofeo.. [[LINK:TAG|||tag|||63361bfbecd56e3616932988|||Cervantes]] sabía bien que nombrar al rey Mambrino evocaba en el lector el estruendo de lanzas y espadas, así como el crujir de escudos de madera reforzados con cuero en un combate entre caballeros, imágenes presentes en la cultura popular desde finales del siglo XV y durante todo el XVI. El rey moro Mambrino poseía una celada encantada que otorgaba invulnerabilidad a quien lo portase según los poemas épicos italianos. En el «Orlando Inamorato» (1495) escrito por Matteo María Boiardo el caballero Reinaldos deMontalbán mata al rey moro Mambrino y gano su yelmo encantado; en el «Orlando furioso» de Ludovico Ariosto, de principios del siglo XVI, el yelmo había sido conquistado en una batalla con el rey moro por Dardinel de Almonte y lo gana finalmente Reinaldos de Montalbán al quitarle la vida al caballero Dardinel.. El «Orlando furioso» se publica en 1516 y será el «best seller» del siglo, publicándose primero en Venecia, la capital europea de la imprenta, llegando a las 144 ediciones de la obra de las 155 impresas en Italia. Los poemas de Boiardo y de Ariosto muy pronto se tradujeron al castellano en 1549 y 1555 respectivamente, siendo el primer episodio internacional de difusión industrial internacional de literatura de ficción, creándose una nueva moda y un imaginario cultural que se mantuvo vivo durante más de un siglo. Se había creado un nuevo concepto de público lector que incluía clases sociales no acomodadas que por primera vez accedían masivamente al libro impreso.. Una «locura culta». Nacía con estas obras un nuevo lenguaje narrativo y un patrimonio de imágenes que serán una referencia clave de otros textos posteriores como el «Quijote». La locura de don Quijote reflejada en la capacidad de transmutar la realidad reflejada en el baciyelmo no es otra cosa que una «locura culta». Cervantes no presenta a Alonso Quijano como un simple loco, sino como alguien profundamente moldeado por la cultura de su tiempo, alguien que construye la realidad a través de la ficción. Alonso Quijano se percibe como otro Amadís y un nuevo Roldán imitándoles hará penitencia en el monte por un amor no correspondido y siempre ansiado el de Dulcinea, imitando dos modelos de locura amorosa: la doliente de Amadís que, sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más, y la furiosa de Roldán cuando halló en una fuente las señales de que su amada Angélica la Bella había cometido vileza con Medero.. Entre hierros y suspiros don Quijote no huye de la realidad, sino que la rehace, donde otros ven cosas él ve historias, donde otros ven una zafia campesina el ve una doncella en apuros, donde el mundo ve una bacinilla el ve el famoso yelmo de Mambrino que le hará invulnerable, su locura no es fuga ni evasión sino una forma de creación que transforma la vida en relato.
Es un casco legendario de oro puro que hace invulnerable a su portador, un rey mítico de la literatura caballeresca italiana parodiado por Cervantes
Un barbero monta un asno para ir a sangrar a un enfermo cuando empieza a llover, para protegerse de la lluvia se pone su bacía de afeitar en la cabeza, pero deja de llover y al relucir el sol Don Quijote cree que la bacía reluciente no es otra cosa que el yelmo mágico y así se lo hace saber a Sancho: «si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes», quien trata de disuadirlo para evitar acabar apaleados como les solía ocurrir. Pero Don Quijote, tenaz, arremete contra el que cree caballero portador del yelmo y el barbero viéndole llegar lanza en ristre y a galope no hace otra cosa que tirarse al suelo y huir dejando la bacinilla abandonada, mandándole a Sancho que alzase el yelmo, quien no lo reconoce cómo tal sino como una bacía buena del al menos un real de a ocho.. Este episodio del capítulo XXI del primer tomo del «Quijote» es uno de los más significativos en mostrar la diferencia entre realidad y fantasía, Sancho insiste en que es una bacía de barbero, un cuenco de latón utilizado para afeitar, mientras que Don Quijote insiste en que es el famosísimo yelmo de los libros de caballería. No se trata de un contraste entre locura y cordura sino de dos formas de interpretar el mundo. Don Quijote no ve mal, sino que interpreta la realidad a través de un código caballeresco aprendido en los libros, mientras que Sancho Panza sólo ve una realidad empírica y pragmática, por lo que Sancho inventa el neologismo de «baciyelmo» para llegar a un consenso que no resuelve el conflicto entre realidad y ficción. Varios episodios más tarde, Don Quijote y el barbero coinciden en la misma venta comenzando una pelea en torno al baciyelmo que es comprado a hurtadillas por el cura al barbero para que Don Quijote pudiese conservar su trofeo.. Cervantes sabía bien que nombrar al rey Mambrino evocaba en el lector el estruendo de lanzas y espadas, así como el crujir de escudos de madera reforzados con cuero en un combate entre caballeros, imágenes presentes en la cultura popular desde finales del siglo XV y durante todo el XVI. El rey moro Mambrino poseía una celada encantada que otorgaba invulnerabilidad a quien lo portase según los poemas épicos italianos. En el «Orlando Inamorato» (1495) escrito por Matteo María Boiardo el caballero Reinaldos deMontalbán mata al rey moro Mambrino y gano su yelmo encantado; en el «Orlando furioso» de Ludovico Ariosto, de principios del siglo XVI, el yelmo había sido conquistado en una batalla con el rey moro por Dardinel de Almonte y lo gana finalmente Reinaldos de Montalbán al quitarle la vida al caballero Dardinel.. El «Orlando furioso» se publica en 1516 y será el «best seller» del siglo, publicándose primero en Venecia, la capital europea de la imprenta, llegando a las 144 ediciones de la obra de las 155 impresas en Italia. Los poemas de Boiardo y de Ariosto muy pronto se tradujeron al castellano en 1549 y 1555 respectivamente, siendo el primer episodio internacional de difusión industrial internacional de literatura de ficción, creándose una nueva moda y un imaginario cultural que se mantuvo vivo durante más de un siglo. Se había creado un nuevo concepto de público lector que incluía clases sociales no acomodadas que por primera vez accedían masivamente al libro impreso.. Una «locura culta». Nacía con estas obras un nuevo lenguaje narrativo y un patrimonio de imágenes que serán una referencia clave de otros textos posteriores como el «Quijote». La locura de don Quijote reflejada en la capacidad de transmutar la realidad reflejada en el baciyelmo no es otra cosa que una «locura culta». Cervantes no presenta a Alonso Quijano como un simple loco, sino como alguien profundamente moldeado por la cultura de su tiempo, alguien que construye la realidad a través de la ficción. Alonso Quijano se percibe como otro Amadís y un nuevo Roldán imitándoles hará penitencia en el monte por un amor no correspondido y siempre ansiado el de Dulcinea, imitando dos modelos de locura amorosa: la doliente de Amadís que, sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más, y la furiosa de Roldán cuando halló en una fuente las señales de que su amada Angélica la Bella había cometido vileza con Medero.. Entre hierros y suspiros don Quijote no huye de la realidad, sino que la rehace, donde otros ven cosas él ve historias, donde otros ven una zafia campesina el ve una doncella en apuros, donde el mundo ve una bacinilla el ve el famoso yelmo de Mambrino que le hará invulnerable, su locura no es fuga ni evasión sino una forma de creación que transforma la vida en relato.
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