Ninguna vida es en vano, pero hay algunas muertes que se convierten, muy a pesar de quien abandona el mundo, en paradigma de los tiempos que corren. Los últimos días de Maricarmen, la anciana arrebatada con violencia de su hogar, fueron la imagen de este presente en el que un capitalismo extremo, carente de piedad, se ha convertido en la principal característica de una ideología que agita la bandera de la crueldad. Desde el día en que Maricarmen abandonó su casa en camilla la solidaridad brotó, sobre todo, de un colectivo juvenil que hay quien pensaba adormecido, pero también lo hizo, para ascazo de tantos que no dábamos crédito, la sarta de mentiras e injurias que tenían por objetivo a una anciana moribunda. Desde la presidenta de la comunidad de marras, que nunca decepciona, a comentaristas expertos en conducir el coche escoba, se apresuraron a poner en cuestión su derecho a vivir en el barrio del Retiro, tuvieron el cuajo de reprochar a una anciana de cerca de noventa años que no hubiera ahorrado o que no hubiera aceptado ser arrancada de su barrio para marcharse a una residencia, cómo no, se hicieron eco del testimonio del vecino de marras que afirmó que la desahuciada nunca saludaba; se preguntaban, los periodistas al servicio de la crueldad, por qué había que ayudar a Maricarmen y a otras no, y en el colmo del delirio conspiranoico explicaron en prime time televisivo que lo de Maricarmen había sido urdido por Sánchez para desviar la atención por el desastre ceutí.. Seguir leyendo
Esta muerte debiera señalar a todos aquellos que no tuvieron la más mínima piedad con una anciana que salió de su casa con los ojos asustados
Ninguna vida es en vano, pero hay algunas muertes que se convierten, muy a pesar de quien abandona el mundo, en paradigma de los tiempos que corren. Los últimos días de Maricarmen, la anciana arrebatada con violencia de su hogar, fueron la imagen de este presente en el que un capitalismo extremo, carente de piedad, se ha convertido en la principal característica de una ideología que agita la bandera de la crueldad. Desde el día en que Maricarmen abandonó su casa en camilla la solidaridad brotó, sobre todo, de un colectivo juvenil que hay quien pensaba adormecido, pero también lo hizo, para ascazo de tantos que no dábamos crédito, la sarta de mentiras e injurias que tenían por objetivo a una anciana moribunda. Desde la presidenta de la comunidad de marras, que nunca decepciona, a comentaristas expertos en conducir el coche escoba, se apresuraron a poner en cuestión su derecho a vivir en el barrio del Retiro, tuvieron el cuajo de reprochar a una anciana de cerca de noventa años que no hubiera ahorrado o que no hubiera aceptado ser arrancada de su barrio para marcharse a una residencia, cómo no, se hicieron eco del testimonio del vecino de marras que afirmó que la desahuciada nunca saludaba; se preguntaban, los periodistas al servicio de la crueldad, por qué había que ayudar a Maricarmen y a otras no, y en el colmo del delirio conspiranoico explicaron en prime time televisivo que lo de Maricarmen había sido urdido por Sánchez para desviar la atención por el desastre ceutí.. Ninguna vida es en vano, pero esta muerte debiera señalar a todos aquellos que no tuvieron la más mínima piedad en una anciana que salió de su casa con los ojos asustados de quien ve próximo el final, debiera pesar sobre los hombros de quienes no supieron ver en esa mirada a un ser vulnerable, enfermo y en su último aliento de vida. Esta debiera ser la culpa que cualquier persona decente tendría que sentir cuando ha hecho daño. Pero no estoy segura de que sean capaces. Al menos sería esperable que mañana, por un día, guarden el silencio que se debe a los muertos. Que esto los lleve a reflexionar ya no lo espero.. Pero el día brillará con el nombre de una mujer, Maricarmen, que, expresado así, sin apellido, es como si representara a todas las madres, abuelas, tías, a todas las vecinas de una ciudad que debe volver a ser de su ciudadanía. Maricarmen, qué bien tu nombre suena.
Opinión en EL PAÍS
