El cantante Loquillo lleva casi medio siglo sobre los escenarios defendiendo un personaje que ha trascendido generaciones. Desde finales de los años setenta, el artista, cuyo nombre real es José María Sanz (Barcelona, 1960) ha levantado un universo propio a base de canciones, actitud y una identidad inconfundible.. Él fue el invitado de la última emisión de Lo de Évole, donde paseando por La Rambla de Barcelona junto a Jordi Évole repasó los inicios de su trayectoria y el origen de su apodo y el personaje mientras Loquillo recuerda una Barcelona irrepetible: la de finales de los setenta, una ciudad efervescente y conectada con Europa, donde convivían movimientos sociales, cultura underground y una sensación de libertad absoluta, pero también muchas drogas.. Sin morderse la lengua, Loquillo habla también de los excesos de su generación, de las drogas y de los riesgos de aquella época. Él como tantos otros, probó las sustancias prohibidas.. «Consumí muchas. Muchas y de todo. Normal. Es otro sarampión que hay que pasar. Aunque hay algunos que no lo superan. En aquel momento, la heroína estaba muy relacionada con nuestra generación. Tuve amigos que cayeron. Y en la banda se consumieron. Pero vamos, que yo no estoy haciendo de aquello ningún drama», decía con crudeza el músico.. Eso sí, lo que no consumió fue heroína, una sustancia que por aquel entonces se consumía mayoritariamente inyectada. «Yo no consumía heroína por una buena razón. Creo que con ocho años en el cole, haciendo revisiones médicas, entonces pasaba un señor y nos sacaba sangre. Todos con la misma aguja. Cuando llegué a casa, caí enfermo y cuando vino el médico de urgencias tenía hepatitis. Estuve 3 meses encerrado en la habitación. Y eso me salvó de las drogas», contaba Loquillo, que escarmentó con aquel episodio de los peligros de compartir jeringuilla, algo que pasaba a menudo con los adictos a la heroína.. «Yo pertenezco a una generación muy machacada por la heroína. Después, la cocaína», remarcaba Loquillo, que ya tuvo un episodio familiar previo: «Mi padre estuvo una época de su vida, no exiliado, pero sí en un campo de concentración en la zona de Marruecos porque trabajaban allí como esclavos, se aficionó a la grifa [cannabis]. Sin más. Mal que se silencie el tema de las drogas. A la gente joven hay que decirle las cosas como son, porque si no las descubrirán por su cuenta», opinaba.
Loquillo se «salvó» de las drogas a causa de la hepatitis que sufrió: «Nos sacaron sangre a todos en el colegio con la misma aguja»
20MINUTOS.ES – Televisión
El cantante Loquillo lleva casi medio siglo sobre los escenarios defendiendo un personaje que ha trascendido generaciones. Desde finales de los años setenta, el artista, cuyo nombre real es José María Sanz (Barcelona, 1960) ha levantado un universo propio a base de canciones, actitud y una identidad inconfundible.. Él fue el invitado de la última emisión de Lo de Évole, donde paseando por La Rambla de Barcelona junto a Jordi Évole repasó los inicios de su trayectoria y el origen de su apodo y el personaje mientras Loquillo recuerda una Barcelona irrepetible: la de finales de los setenta, una ciudad efervescente y conectada con Europa, donde convivían movimientos sociales, cultura underground y una sensación de libertad absoluta, pero también muchas drogas.. Sin morderse la lengua, Loquillo habla también de los excesos de su generación, de las drogas y de los riesgos de aquella época. Él como tantos otros, probó las sustancias prohibidas.. «Consumí muchas. Muchas y de todo. Normal. Es otro sarampión que hay que pasar. Aunque hay algunos que no lo superan. En aquel momento, la heroína estaba muy relacionada con nuestra generación. Tuve amigos que cayeron. Y en la banda se consumieron. Pero vamos, que yo no estoy haciendo de aquello ningún drama», decía con crudeza el músico.. Eso sí, lo que no consumió fue heroína, una sustancia que por aquel entonces se consumía mayoritariamente inyectada. «Yo no consumía heroína por una buena razón. Creo que con ocho años en el cole, haciendo revisiones médicas, entonces pasaba un señor y nos sacaba sangre. Todos con la misma aguja. Cuando llegué a casa, caí enfermo y cuando vino el médico de urgencias tenía hepatitis. Estuve 3 meses encerrado en la habitación. Y eso me salvó de las drogas», contaba Loquillo, que escarmentó con aquel episodio de los peligros de compartir jeringuilla, algo que pasaba a menudo con los adictos a la heroína.. «Yo pertenezco a una generación muy machacada por la heroína. Después, la cocaína», remarcaba Loquillo, que ya tuvo un episodio familiar previo: «Mi padre estuvo una época de su vida, no exiliado, pero sí en un campo de concentración en la zona de Marruecos porque trabajaban allí como esclavos, se aficionó a la grifa [cannabis]. Sin más. Mal que se silencie el tema de las drogas. A la gente joven hay que decirle las cosas como son, porque si no las descubrirán por su cuenta», opinaba.
