Pienso que hay una forma de pobreza que no tiene que ver con el dinero. Sí, consiste en perder palabras. O peor aún, en quedarse únicamente con las palabras utilitarias, las que sólo sirven para pedir, vender, discutir, justificar o mandar. Es importante (opinión subjetiva) pensar que cuando una sociedad deja de leer poesía, no se vuelve más práctica: se vuelve más torpe para entender lo humano…. Ya, ya lo sé (sonrío) que la poesía no sirve para nada inmediato… ¡Precisamente por eso sirve para casi todo!. Vivimos rodeados de un lenguaje muy degradado. Hasta aburrido. Publicidad, consignas, titulares, discursos políticos, mensajes veloces, frases diseñadas para producir reacción y no pensamiento.. Por eso conviene leer poetas incluso (o sobre todo) cuando uno cree no necesitarlos.. Siempre he pensado que la poesía devuelve espesor a la experiencia. Hay emociones que no comprendemos hasta que alguien las nombra con exactitud. Antonio Machado lo hizo al escribir: “Caminante, no hay camino, / se hace camino al andar”. No es solo una frase célebre. Es una corrección brutal a la obsesión contemporánea por tener la vida planificada. Machado recuerda que casi todo lo importante se construye mientras se avanza a ciegas…. La poesía también sirve para combatir la anestesia y nos recuerda que la costumbre desgasta la percepción. Miramos sin ver. Oímos sin escuchar.. Leer poesía enseña además una disciplina intelectual rara: tolerar la ambigüedad. Un poema importante nunca se agota en una interpretación. En tiempos fanáticos, esa capacidad resulta casi subversiva.. Y hay otra razón menos noble, pero igual de verdadera: los poetas conocen zonas del dolor que el lenguaje ordinario apenas roza. Quien atraviesa una pérdida, un duelo o una soledad severa…. Porque la poesía no intenta consolar deprisa. No simplifica. No promete finales luminosos. A veces apenas acompaña. Y eso suele ser más digno. La poesía relativiza el ego. Nos recuerda que no somos el centro del universo ni de la historia.. Incluso políticamente la poesía tiene una función incómoda. Un poder autoritario tolera mejor la opinión que la imaginación. La imaginación introduce fisuras. Por eso tantos regímenes han perseguido poetas. No porque un soneto derribe gobiernos, sino porque enseña a pensar de manera no mecánica.. Y sin embargo, la poesía contemporánea suele quedar confinada a minorías culturales, festivales subvencionados o círculos académicos que a veces la asfixian con solemnidad. Parte de la culpa es de los propios lectores cultivados, que han convertido ciertos poemas en objetos de prestigio más que de necesidad. La poesía no debería leerse para parecer inteligente. Debería leerse para percibir mejor.. Leer poesía no nos hace mejores personas automáticamente. Y por supuesto más sabias. Pero sí puede volvernos menos rudimentarios y más atentos al matiz. Yo diría que nos vacuna contra el lenguaje prefabricado. Más conscientes de que vivir no consiste únicamente en producir, opinar o sobrevivir.. Y quizá eso sea leer poesía: intentar salvar algo del desgaste general de nuestro mundo.
«Hay emociones que no comprendemos hasta que alguien las nombra con exactitud»
Pienso que hay una forma de pobreza que no tiene que ver con el dinero. Sí, consiste en perder palabras. O peor aún, en quedarse únicamente con las palabras utilitarias, las que sólo sirven para pedir, vender, discutir, justificar o mandar. Es importante (opinión subjetiva) pensar que cuando una sociedad deja de leer poesía, no se vuelve más práctica: se vuelve más torpe para entender lo humano…. Ya, ya lo sé (sonrío) que la poesía no sirve para nada inmediato… ¡Precisamente por eso sirve para casi todo!. Vivimos rodeados de un lenguaje muy degradado. Hasta aburrido. Publicidad, consignas, titulares, discursos políticos, mensajes veloces, frases diseñadas para producir reacción y no pensamiento.. Por eso conviene leer poetas incluso (o sobre todo) cuando uno cree no necesitarlos.. Siempre he pensado que la poesía devuelve espesor a la experiencia. Hay emociones que no comprendemos hasta que alguien las nombra con exactitud. Antonio Machado lo hizo al escribir: “Caminante, no hay camino, / se hace camino al andar”. No es solo una frase célebre. Es una corrección brutal a la obsesión contemporánea por tener la vida planificada. Machado recuerda que casi todo lo importante se construye mientras se avanza a ciegas…. La poesía también sirve para combatir la anestesia y nos recuerda que la costumbre desgasta la percepción. Miramos sin ver. Oímos sin escuchar.. Leer poesía enseña además una disciplina intelectual rara: tolerar la ambigüedad. Un poema importante nunca se agota en una interpretación. En tiempos fanáticos, esa capacidad resulta casi subversiva.. Y hay otra razón menos noble, pero igual de verdadera: los poetas conocen zonas del dolor que el lenguaje ordinario apenas roza. Quien atraviesa una pérdida, un duelo o una soledad severa…. Porque la poesía no intenta consolar deprisa. No simplifica. No promete finales luminosos. A veces apenas acompaña. Y eso suele ser más digno. La poesía relativiza el ego. Nos recuerda que no somos el centro del universo ni de la historia.. Incluso políticamente la poesía tiene una función incómoda. Un poder autoritario tolera mejor la opinión que la imaginación. La imaginación introduce fisuras. Por eso tantos regímenes han perseguido poetas. No porque un soneto derribe gobiernos, sino porque enseña a pensar de manera no mecánica.. Y sin embargo, la poesía contemporánea suele quedar confinada a minorías culturales, festivales subvencionados o círculos académicos que a veces la asfixian con solemnidad. Parte de la culpa es de los propios lectores cultivados, que han convertido ciertos poemas en objetos de prestigio más que de necesidad. La poesía no debería leerse para parecer inteligente. Debería leerse para percibir mejor.. Leer poesía no nos hace mejores personas automáticamente. Y por supuesto más sabias. Pero sí puede volvernos menos rudimentarios y más atentos al matiz. Yo diría que nos vacuna contra el lenguaje prefabricado. Más conscientes de que vivir no consiste únicamente en producir, opinar o sobrevivir.. Y quizá eso sea leer poesía: intentar salvar algo del desgaste general de nuestro mundo.
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