Hay derrotas que se explican con los números y otras que se entienden mejor mirando un banquillo. La del Atlético en San Mamés pertenece a las segundas. Durante unos minutos, mientras el Athletic encontraba dos goles casi consecutivos y convertía el partido en una cuesta arriba imposible, Diego Pablo Simeone permaneció sentado, serio, inmóvil. Solo. Como una estatua en medio de la tormenta.. Simeone, petrificado. La imagen del entrenador argentino resumía lo que estaba ocurriendo sobre el césped. El Atlético había tenido sus oportunidades, incluso había sido el equipo que más había amenazado durante buena parte de la primera mitad, pero el fútbol decidió cambiar de dirección justo después del descanso. Y lo hizo de golpe. Dos golpes del Athletic en apenas dos minutos.. El primero llegó en el 46′. El Atlético acababa de regresar de los vestuarios y todavía estaba acomodándose a la segunda parte cuando Nico Williams encontró a Robert Navarro. Este abrió para Iñaki Williams, que se buscó el hueco dentro del área y sacó un disparo mordido. El balón quedó vivo y Nico apareció como aparecen los delanteros que huelen la ocasión antes que nadie: atacó el rechace y batió a Oblak de cabeza. El Athletic se ponía por delante.. No hubo tiempo para que el Atlético procesara el golpe.. Otro gol rapidísimo. En el 47′, apenas un minuto después, llegó el segundo. Nico recuperó el balón y se lo entregó a su hermano Iñaki, que prolongó para Robert Navarro. El atacante recibió, recortó a Grimaldo y cruzó el balón a media altura, lejos del alcance de Oblak. Dos goles en dos minutos. Dos acciones que cambiaron completamente la historia de un partido que hasta entonces había transcurrido con mucha más igualdad.. El Athletic había pasado del 0-0 al 2-0 en un suspiro. Y mientras San Mamés rugía, Simeone observaba. La escena del banquillo tenía una fuerza especial. El argentino, sentado, con el gesto serio, permanecía quieto mientras el partido se le escapaba. No era el Simeone gesticulante, el que reclama, protesta, anima o intenta empujar a los suyos desde la banda. Era un entrenador aparentemente congelado ante lo que acababa de suceder. Solo en su asiento, mirando el césped, mientras el Athletic celebraba el segundo.. El contraste era brutal. En el campo, los jugadores del Athletic corrían, se abrazaban y recibían el estruendo de San Mamés. En el banquillo visitante, Simeone parecía apartado de todo ese ruido. Una figura inmóvil en medio de un estadio que acababa de cambiar completamente de ánimo.. Y eso que la primera parte había dejado señales diferentes. El Atlético había comenzado mejor y Kang-in Lee estuvo a punto de adelantar a los visitantes en el minuto 3, cuando su disparo después de recortar dentro del área se estrelló en el palo y cruzó toda la portería. También lo intentaron Baena, Lookman y Barrios. Este último volvió a encontrarse con la madera antes del descanso. El equipo de Simeone había generado más peligro y había terminado acumulando ocho disparos por los tres del Athletic.. El segundo gol terminó de cambiar el escenario. Simeone reaccionó con una revolución en el banquillo. En el minuto 58 entraron Julián Alvarez, Cuti Romero, Ortiz y Koke. Era la respuesta a un Atlético que necesitaba encontrar alguna vía para regresar a un partido que se había puesto muy cuesta arriba.. El Atlético, incapaz. El equipo madrileño buscó entonces el gol que le devolviera a la vida. Julián Alvarez obligó a Unai Simón a realizar una gran intervención en el minuto 70, con un disparo a la media vuelta que el portero del Athletic respondió con una mano abajo. Antes, el conjunto local había tenido también sus oportunidades para ampliar todavía más la diferencia Cuando el partido parecía ya decidido, llegó el tercero. En el minuto 89, balón de Iñaki Williams hacia Gerenabarrena, centro raso que corta Cardoso y rechace que cae a los pies de Sancet. El centrocampista no perdonó. Remate y gol. 3-0.. En medio de todo quedó aquella imagen de Simeone. Una fotografía de una noche en la que el Atlético vio cómo un partido que tenía controlado en muchos momentos se le escapaba en apenas dos minutos.
El entrenador del conjunto rojiblanco ha digerido como ha podido la derrota de su equipo en San Mamés en LaLiga
Hay derrotas que se explican con los números y otras que se entienden mejor mirando un banquillo. La del Atlético en San Mamés pertenece a las segundas. Durante unos minutos, mientras el Athletic encontraba dos goles casi consecutivos y convertía el partido en una cuesta arriba imposible, Diego Pablo Simeone permaneció sentado, serio, inmóvil. Solo. Como una estatua en medio de la tormenta.. Simeone, petrificado. La imagen del entrenador argentino resumía lo que estaba ocurriendo sobre el césped. El Atlético había tenido sus oportunidades, incluso había sido el equipo que más había amenazado durante buena parte de la primera mitad, pero el fútbol decidió cambiar de dirección justo después del descanso. Y lo hizo de golpe. Dos golpes del Athletic en apenas dos minutos.. El primero llegó en el 46′. El Atlético acababa de regresar de los vestuarios y todavía estaba acomodándose a la segunda parte cuando Nico Williams encontró a Robert Navarro. Este abrió para Iñaki Williams, que se buscó el hueco dentro del área y sacó un disparo mordido. El balón quedó vivo y Nico apareció como aparecen los delanteros que huelen la ocasión antes que nadie: atacó el rechace y batió a Oblak de cabeza. El Athletic se ponía por delante.. No hubo tiempo para que el Atlético procesara el golpe.. Otro gol rapidísimo. En el 47′, apenas un minuto después, llegó el segundo. Nico recuperó el balón y se lo entregó a su hermano Iñaki, que prolongó para Robert Navarro. El atacante recibió, recortó a Grimaldo y cruzó el balón a media altura, lejos del alcance de Oblak. Dos goles en dos minutos. Dos acciones que cambiaron completamente la historia de un partido que hasta entonces había transcurrido con mucha más igualdad.. El Athletic había pasado del 0-0 al 2-0 en un suspiro. Y mientras San Mamés rugía, Simeone observaba. La escena del banquillo tenía una fuerza especial. El argentino, sentado, con el gesto serio, permanecía quieto mientras el partido se le escapaba. No era el Simeone gesticulante, el que reclama, protesta, anima o intenta empujar a los suyos desde la banda. Era un entrenador aparentemente congelado ante lo que acababa de suceder. Solo en su asiento, mirando el césped, mientras el Athletic celebraba el segundo.. El contraste era brutal. En el campo, los jugadores del Athletic corrían, se abrazaban y recibían el estruendo de San Mamés. En el banquillo visitante, Simeone parecía apartado de todo ese ruido. Una figura inmóvil en medio de un estadio que acababa de cambiar completamente de ánimo.. Y eso que la primera parte había dejado señales diferentes. El Atlético había comenzado mejor y Kang-in Lee estuvo a punto de adelantar a los visitantes en el minuto 3, cuando su disparo después de recortar dentro del área se estrelló en el palo y cruzó toda la portería. También lo intentaron Baena, Lookman y Barrios. Este último volvió a encontrarse con la madera antes del descanso. El equipo de Simeone había generado más peligro y había terminado acumulando ocho disparos por los tres del Athletic.. El segundo gol terminó de cambiar el escenario. Simeone reaccionó con una revolución en el banquillo. En el minuto 58 entraron Julián Alvarez, Cuti Romero, Ortiz y Koke. Era la respuesta a un Atlético que necesitaba encontrar alguna vía para regresar a un partido que se había puesto muy cuesta arriba.. El Atlético, incapaz. El equipo madrileño buscó entonces el gol que le devolviera a la vida. Julián Alvarez obligó a Unai Simón a realizar una gran intervención en el minuto 70, con un disparo a la media vuelta que el portero del Athletic respondió con una mano abajo. Antes, el conjunto local había tenido también sus oportunidades para ampliar todavía más la diferencia Cuando el partido parecía ya decidido, llegó el tercero. En el minuto 89, balón de Iñaki Williams hacia Gerenabarrena, centro raso que corta Cardoso y rechace que cae a los pies de Sancet. El centrocampista no perdonó. Remate y gol. 3-0.. En medio de todo quedó aquella imagen de Simeone. Una fotografía de una noche en la que el Atlético vio cómo un partido que tenía controlado en muchos momentos se le escapaba en apenas dos minutos.
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