No es un tópico decir que el arte valenciano es inagotable. Hay verdaderas joyas que siguen ocultas o que aún no han sido atribuidas a sus verdaderos autores. Uno de los mayores expertos en este tipo de atribuciones es el exconservador del Museo de Bellas Artes de Valencia José Gómez Frechina, quien hace apenas unos meses dio a conocer un «San Miguel Arcángel» inédito de Francisco Ribalta. Su incansable trabaja ha dado, de nuevo, sus frutos, con lo que es una nueva sorpresa para el arte de la Comunitat: ha identificado en una colección valenciana un nuevo lienzo de Juan Ribalta (Madrid, 1596/1597-Valencia, 1628) -hijo de Francisco- que trata la «Visión de San Pedro en Jaffa». Gómez Frechina señala la rareza iconográfica de esta pintura de Juan Ribalta de la que apenas se conocen ejemplos como el del altar del Santuario de San Pedro en Jaffa regentado por franciscanos; otro pintado por el pintor italiano Domenico Fetti (Roma, 1589 -Venecia, 1623) conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena; el que realizó Francisco de Zurbarán en el retablo de San Pedro en la catedral de Sevilla; o un grabado del flamenco Maerten de Vos. El tema de la obra está recogido en los Hechos de los Apóstoles 10 donde se muestra a San Pedro como huésped en casa de Simón, el curtidor en Jaffa, que tuvo mientras oraba la visión de un lienzo o sábana que bajaba del cielo con animales impuros: «contemplando el cielo abierto y una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado a la tierra sostenido por los cuatro extremos». «Estaba lleno de toda especie de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: Levántate, Pedro, mata y come. Pedro replicó: De ningún modo, Señor, pues nunca comí cosa profana e impura. Y de nuevo por segunda vez le dice una voz: Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano», prosigue. Mientras Pedro intentaba desentrañar el mensaje de esta visión llegaban los tres mensajeros que envió el piadoso centurión romano Cornelio para pedirle que acudiera a verle a Cesárea donde fue bautizado. Pedro entendió que la salvación no era única y exclusiva del pueblo judío, aceptó a los creyentes gentiles como miembros de la iglesia cristiana. La pintura, según el experto, es un valioso testimonio de la corriente del incipiente naturalismo en Valencia en la segunda y tercera década del siglo XVII en la capital del Turia. «Característico de Juan Ribalta es el dominio del claroscuro, los tonos terrosos, el ángel en escorzo y las pinceladas cortas de la barba de San Pedro que aparece con las llaves simbólicas, una dorada y la otra plateada sobre un libro», señala Gómez Frechina, para quien «la obra ostenta un escudo identificado como del marqués de Scala al igual que la Magdalena penitente de Pedro Orrente del Museo de Bellas Artes y en uno de los dos ejemplares con el tema de «Las lágrimas de San Pedro» del Palacio Arzobispal de Valencia qu
Identifican en una colección particular el cuadro «Visión de San Pedro en Jaffa», una joya artística de Juan Ribalta
No es un tópico decir que el arte valenciano es inagotable. Hay verdaderas joyas que siguen ocultas o que aún no han sido atribuidas a sus verdaderos autores. Uno de los mayores expertos en este tipo de atribuciones es el exconservador del Museo de Bellas Artes de Valencia José Gómez Frechina, quien hace apenas unos meses dio a conocer un «San Miguel Arcángel» inédito de Francisco Ribalta. Su incansable trabaja ha dado, de nuevo, sus frutos, con lo que es una nueva sorpresa para el arte de la Comunitat: ha identificado en una colección valenciana un nuevo lienzo de Juan Ribalta (Madrid, 1596/1597-Valencia, 1628) -hijo de Francisco- que trata la «Visión de San Pedro en Jaffa». Gómez Frechina señala la rareza iconográfica de esta pintura de Juan Ribalta de la que apenas se conocen ejemplos como el del altar del Santuario de San Pedro en Jaffa regentado por franciscanos; otro pintado por el pintor italiano Domenico Fetti (Roma, 1589 -Venecia, 1623) conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena; el que realizó Francisco de Zurbarán en el retablo de San Pedro en la catedral de Sevilla; o un grabado del flamenco Maerten de Vos. El tema de la obra está recogido en los Hechos de los Apóstoles 10 donde se muestra a San Pedro como huésped en casa de Simón, el curtidor en Jaffa, que tuvo mientras oraba la visión de un lienzo o sábana que bajaba del cielo con animales impuros: «contemplando el cielo abierto y una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado a la tierra sostenido por los cuatro extremos». «Estaba lleno de toda especie de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: Levántate, Pedro, mata y come. Pedro replicó: De ningún modo, Señor, pues nunca comí cosa profana e impura. Y de nuevo por segunda vez le dice una voz: Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano», prosigue. Mientras Pedro intentaba desentrañar el mensaje de esta visión llegaban los tres mensajeros que envió el piadoso centurión romano Cornelio para pedirle que acudiera a verle a Cesárea donde fue bautizado. Pedro entendió que la salvación no era única y exclusiva del pueblo judío, aceptó a los creyentes gentiles como miembros de la iglesia cristiana.La pintura, según el experto, es un valioso testimonio de la corriente del incipiente naturalismo en Valencia en la segunda y tercera década del siglo XVII en la capital del Turia. «Característico de Juan Ribalta es el dominio del claroscuro, los tonos terrosos, el ángel en escorzo y las pinceladas cortas de la barba de San Pedro que aparece con las llaves simbólicas, una dorada y la otra plateada sobre un libro», señala Gómez Frechina, para quien «la obra ostenta un escudo identificado como del marqués de Scala al igual que la Magdalena penitente de Pedro Orrente del Museo de Bellas Artes y en uno de los dos ejemplares con el tema de «Las lágrimas de San Pedro» del Palacio Arzobispal de Valencia que d
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