Basta observar una sala de espera, un trayecto en transporte público o una reunión familiar para percibir una diferencia llamativa entre generaciones. Mientras muchos jóvenes recurren de forma casi automática al móvil para llenar cualquier pausa, numerosas personas de mediana y avanzada edad parecen sentirse cómodas permaneciendo unos minutos sin hablar, sin música y sin necesidad de consultar una pantalla.. Esta diferencia ha despertado el interés de psicólogos y neurocientíficos, que llevan años estudiando cómo los cambios tecnológicos y culturales han modificado nuestra relación con el silencio. Aunque cada persona es distinta, las investigaciones sugieren que quienes hoy tienen entre 50 y 70 años suelen mostrar una mayor tolerancia a los entornos tranquilos que las generaciones más jóvenes.. ¿Por qué las personas mayores de 50 toleran mejor el silencio?. La explicación comienza en los primeros años de vida. El cerebro humano se desarrolla adaptándose al entorno en el que crece. Los estímulos que recibe de forma habitual terminan influyendo en la manera en que interpreta el mundo.. Las personas nacidas entre las décadas de 1950 y 1970 crecieron en una realidad muy diferente a la actual. No existían los teléfonos inteligentes, las redes sociales ni la conexión permanente a internet. La información llegaba a un ritmo mucho más lento y los momentos de silencio formaban parte natural de la rutina cotidiana.. Era habitual pasar largos ratos jugando al aire libre, leyendo o simplemente descansando sin interrupciones digitales. Las pausas no se percibían como algo extraño, sino como una parte normal del día. Desde el punto de vista psicológico, esa exposición continuada a niveles más bajos de estimulación ayudó a que el cerebro considerara el silencio como un estado familiar y seguro.. El cerebro aprende a convivir con la calma. Diversos estudios sobre neuroplasticidad muestran que el cerebro modifica sus conexiones neuronales en función de las experiencias repetidas.. Cuando una persona pasa décadas acostumbrada a alternar actividad y silencio, desarrolla una mayor capacidad para permanecer en estados de baja estimulación sin sentir incomodidad. Por el contrario, quienes han crecido rodeados de notificaciones, vídeos, mensajes y contenidos constantes pueden experimentar las pausas de manera diferente.. No se trata de una cuestión de fortaleza mental ni de disciplina. Simplemente, cada cerebro se adapta a aquello que considera normal. Por eso muchos adolescentes y adultos jóvenes sienten el impulso de escuchar música, revisar el móvil o consumir contenido cuando se encuentran solos o en silencio. Su sistema nervioso está habituado a un flujo constante de estímulos.. La edad también juega un papel importante. Más allá de la influencia generacional, el envejecimiento aporta otros factores relevantes. Con los años suele disminuir la necesidad de buscar novedades constantemente. Algunos estudios sugieren que los adultos mayores desarrollan una mayor capacidad para regular sus emociones y gestionar la incertidumbre. Esta madurez emocional facilita la convivencia con momentos de quietud y reflexión.. Además, la experiencia vital contribuye a modificar la relación con el tiempo. Muchas personas mayores valoran los espacios de calma porque los asocian con descanso, bienestar o introspección, mientras que los más jóvenes suelen vivir etapas marcadas por mayores demandas académicas, sociales y laborales.. La psicología del desarrollo también señala que, a medida que envejecemos, tendemos a priorizar experiencias emocionalmente significativas frente a la búsqueda constante de estímulos externos.. Los beneficios que la ciencia atribuye al silencio. Lejos de ser simplemente una ausencia de ruido, el silencio parece desempeñar un papel importante en el funcionamiento cerebral. Diversas investigaciones han encontrado que los entornos tranquilos favorecen procesos relacionados con la memoria, el aprendizaje y la consolidación de información. También se han asociado con una reducción de los niveles de cortisol, la hormona vinculada al estrés.. Por otra parte, los momentos de silencio activan la llamada red neuronal por defecto, un sistema cerebral relacionado con la reflexión interna, la creatividad, la planificación y el procesamiento emocional.. En otras palabras, cuando dejamos de recibir estímulos constantes, el cerebro no se apaga. De hecho, muchas veces trabaja de forma especialmente intensa organizando experiencias y generando nuevas ideas.. ¿Pueden los jóvenes aprender a disfrutar del silencio?. Los expertos creen que sí. Aunque la tecnología ha transformado nuestros hábitos, el cerebro mantiene su capacidad de adaptación durante toda la vida.. Pequeñas acciones como pasear sin auriculares, reservar momentos sin pantallas, practicar técnicas de atención plena o pasar tiempo en entornos naturales pueden ayudar a recuperar cierta familiaridad con la calma.. La clave no está en rechazar la tecnología ni en idealizar el pasado. Tampoco en afirmar que una generación sea mejor que otra. La verdadera enseñanza que ofrece la psicología es que nuestra relación con el silencio se construye en gran medida a partir de las experiencias cotidianas. Y, aunque las generaciones que crecieron antes de la revolución digital puedan sentirse más cómodas en él, cualquier persona puede reaprender a convivir con esos espacios de quietud que, según la ciencia, resultan tan beneficiosos para la mente.
La forma en que cada generación se relaciona con el silencio puede tener más que ver con el entorno en el que creció que con la personalidad de cada individuo
Basta observar una sala de espera, un trayecto en transporte público o una reunión familiar para percibir una diferencia llamativa entre generaciones. Mientras muchos jóvenes recurren de forma casi automática al móvil para llenar cualquier pausa, numerosas personas de mediana y avanzada edad parecen sentirse cómodas permaneciendo unos minutos sin hablar, sin música y sin necesidad de consultar una pantalla.. Esta diferencia ha despertado el interés de psicólogos y neurocientíficos, que llevan años estudiando cómo los cambios tecnológicos y culturales han modificado nuestra relación con el silencio. Aunque cada persona es distinta, las investigaciones sugieren que quienes hoy tienen entre 50 y 70 años suelen mostrar una mayor tolerancia a los entornos tranquilos que las generaciones más jóvenes.. ¿Por qué las personas mayores de 50 toleran mejor el silencio?. La explicación comienza en los primeros años de vida. El cerebro humano se desarrolla adaptándose al entorno en el que crece. Los estímulos que recibe de forma habitual terminan influyendo en la manera en que interpreta el mundo.. Las personas nacidas entre las décadas de 1950 y 1970 crecieron en una realidad muy diferente a la actual. No existían los teléfonos inteligentes, las redes sociales ni la conexión permanente a internet. La información llegaba a un ritmo mucho más lento y los momentos de silencio formaban parte natural de la rutina cotidiana.. Era habitual pasar largos ratos jugando al aire libre, leyendo o simplemente descansando sin interrupciones digitales. Las pausas no se percibían como algo extraño, sino como una parte normal del día. Desde el punto de vista psicológico, esa exposición continuada a niveles más bajos de estimulación ayudó a que el cerebro considerara el silencio como un estado familiar y seguro.. El cerebro aprende a convivir con la calma. Diversos estudios sobre neuroplasticidad muestran que el cerebro modifica sus conexiones neuronales en función de las experiencias repetidas.. Cuando una persona pasa décadas acostumbrada a alternar actividad y silencio, desarrolla una mayor capacidad para permanecer en estados de baja estimulación sin sentir incomodidad. Por el contrario, quienes han crecido rodeados de notificaciones, vídeos, mensajes y contenidos constantes pueden experimentar las pausas de manera diferente.. No se trata de una cuestión de fortaleza mental ni de disciplina. Simplemente, cada cerebro se adapta a aquello que considera normal. Por eso muchos adolescentes y adultos jóvenes sienten el impulso de escuchar música, revisar el móvil o consumir contenido cuando se encuentran solos o en silencio. Su sistema nervioso está habituado a un flujo constante de estímulos.. La edad también juega un papel importante. Más allá de la influencia generacional, el envejecimiento aporta otros factores relevantes. Con los años suele disminuir la necesidad de buscar novedades constantemente. Algunos estudios sugieren que los adultos mayores desarrollan una mayor capacidad para regular sus emociones y gestionar la incertidumbre. Esta madurez emocional facilita la convivencia con momentos de quietud y reflexión.. Además, la experiencia vital contribuye a modificar la relación con el tiempo. Muchas personas mayores valoran los espacios de calma porque los asocian con descanso, bienestar o introspección, mientras que los más jóvenes suelen vivir etapas marcadas por mayores demandas académicas, sociales y laborales.. La psicología del desarrollo también señala que, a medida que envejecemos, tendemos a priorizar experiencias emocionalmente significativas frente a la búsqueda constante de estímulos externos.. Los beneficios que la ciencia atribuye al silencio. Lejos de ser simplemente una ausencia de ruido, el silencio parece desempeñar un papel importante en el funcionamiento cerebral. Diversas investigaciones han encontrado que los entornos tranquilos favorecen procesos relacionados con la memoria, el aprendizaje y la consolidación de información. También se han asociado con una reducción de los niveles de cortisol, la hormona vinculada al estrés.. Por otra parte, los momentos de silencio activan la llamada red neuronal por defecto, un sistema cerebral relacionado con la reflexión interna, la creatividad, la planificación y el procesamiento emocional.. En otras palabras, cuando dejamos de recibir estímulos constantes, el cerebro no se apaga. De hecho, muchas veces trabaja de forma especialmente intensa organizando experiencias y generando nuevas ideas.. ¿Pueden los jóvenes aprender a disfrutar del silencio?. Los expertos creen que sí. Aunque la tecnología ha transformado nuestros hábitos, el cerebro mantiene su capacidad de adaptación durante toda la vida.. Pequeñas acciones como pasear sin auriculares, reservar momentos sin pantallas, practicar técnicas de atención plena o pasar tiempo en entornos naturales pueden ayudar a recuperar cierta familiaridad con la calma.. La clave no está en rechazar la tecnología ni en idealizar el pasado. Tampoco en afirmar que una generación sea mejor que otra. La verdadera enseñanza que ofrece la psicología es que nuestra relación con el silencio se construye en gran medida a partir de las experiencias cotidianas. Y, aunque las generaciones que crecieron antes de la revolución digital puedan sentirse más cómodas en él, cualquier persona puede reaprender a convivir con esos espacios de quietud que, según la ciencia, resultan tan beneficiosos para la mente.
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