Saltó (literalmente) Rod Stewart al escenario del Rock in Rio Lisboa el pasado sábado, para ofrecer un concierto de absoluto «rockstar» octogenario. El británico clausuró una jornada de leyendas, pues entonaba «Do ya think I’m sexy» o «Maggy May» después de que una arrolladora Cyndi Lauper hiciese bailar (sobre todo) a todas y cada una de las mujeres allí presentes. Después de un primer fin de semana colgando el cartel de «sold out» ambos días –con Katy Perry o Linkin Park entre los cabeza de cartel–, la segunda entrega del Rock in Rio, que finalizó ayer en su cuarta jornada, se estrenó con 75.000 asistentes que fueron testigos del sexy de Stewart, así como del inmortal reggae de The Wailers, los ritmos de Shaggy o el reconocidísimo «What’s up» de 4 non blondes. El rock ha estado servido con grandes raciones en esta undécima edición de un festival que nació en 1985 en Brasil bajo el objetivo de reunir a jóvenes talentos con las más reconocidas figuras del rock internacional. Por sus escenarios, a un lado y al otro del Atlántico –la primera edición en Lisboa fue en 2004–, han pasado los Rolling Stones, Queen, Guns N’ Roses o Springsteen, consolidándose el certamen como una suerte de meca del guitarreo y los bises de batería. No obstante, en un mundo actual de absoluta apertura y en el que el consumidor de música ya no se define especialmente por ser devoto a un único estilo, surge ese gran dilema de adaptarse y renovarse… o morir. Así lo ve Roberta Medina, vicepresidenta ejecutiva del certamen e hija de su fundador, Roberto Medina: «Estamos pasando por una adaptación, donde el digital ha traído notoriedad y alcance para muchos cantantes. Crecen más rápido», observa. Y ante ello un festival debe responder, aunque eso conlleve ir mucho más allá del rock and roll. Este domingo se celebraba la última jornada del Rock in Rio Lisboa 2026, con 50.000 asistentes y una interesante impronta: el rap y el trap fueron protagonistas de la mano de 21 Savage, Rema o CeeLo Green. Con Lola Índigo como la única incursión española en el cartel, el certamen demostró ayer que está concebido para todos los públicos: para los que crecieron con los clásicos de Lauper y para los seguidores de Central Cee. «El estilo musical se ha impuesto al festival», opina Medina, «hacer un mix de audiencias es muy positivo. Además, el trap hoy es como fue el rock en los años ochenta. La música ha crecido, el mercado también. Tenemos que adaptarnos, abrazar y comprender». Y no lo afirma desde la organización de un certamen cualquiera, pues ha acogido la (posiblemente) última gira de Stewart, o el estreno de Cyndi Lauper en Portugal y su regreso tras años a la Península. ¿Hay riesgo de «morir» aún estando en primera línea? Al fin y al cabo, la industria musical no deja de ser una inmensa marea que a todos arrastra hacia el mismo puerto. Y ahora en esa corriente se lleva la apertura estilística… y la com
«El estilo musical se ha impuesto al festival», opina Roberta Medina, vicepresidenta ejecutiva del Rock in Rio, festival que cerró anoche su undécima edición en Lisboa
Saltó (literalmente) Rod Stewart al escenario del Rock in Rio Lisboa el pasado sábado, para ofrecer un concierto de absoluto «rockstar» octogenario. El británico clausuró una jornada de leyendas, pues entonaba «Do ya think I’m sexy» o «Maggy May» después de que una arrolladora Cyndi Lauper hiciese bailar (sobre todo) a todas y cada una de las mujeres allí presentes. Después de un primer fin de semana colgando el cartel de «sold out» ambos días –con Katy Perry o Linkin Park entre los cabeza de cartel–, la segunda entrega del Rock in Rio, que finalizó ayer en su cuarta jornada, se estrenó con 75.000 asistentes que fueron testigos del sexy de Stewart, así como del inmortal reggae de The Wailers, los ritmos de Shaggy o el reconocidísimo «What’s up» de 4 non blondes. El rock ha estado servido con grandes raciones en esta undécima edición de un festival que nació en 1985 en Brasil bajo el objetivo de reunir a jóvenes talentos con las más reconocidas figuras del rock internacional. Por sus escenarios, a un lado y al otro del Atlántico –la primera edición en Lisboa fue en 2004–, han pasado los Rolling Stones, Queen, Guns N’ Roses o Springsteen, consolidándose el certamen como una suerte de meca del guitarreo y los bises de batería. No obstante, en un mundo actual de absoluta apertura y en el que el consumidor de música ya no se define especialmente por ser devoto a un único estilo, surge ese gran dilema de adaptarse y renovarse… o morir. Así lo ve Roberta Medina, vicepresidenta ejecutiva del certamen e hija de su fundador, Roberto Medina: «Estamos pasando por una adaptación, donde el digital ha traído notoriedad y alcance para muchos cantantes. Crecen más rápido», observa. Y ante ello un festival debe responder, aunque eso conlleve ir mucho más allá del rock and roll.Este domingo se celebraba la última jornada del Rock in Rio Lisboa 2026, con 50.000 asistentes y una interesante impronta: el rap y el trap fueron protagonistas de la mano de 21 Savage, Rema o CeeLo Green. Con Lola Índigo como la única incursión española en el cartel, el certamen demostró ayer que está concebido para todos los públicos: para los que crecieron con los clásicos de Lauper y para los seguidores de Central Cee. «El estilo musical se ha impuesto al festival», opina Medina, «hacer un mix de audiencias es muy positivo. Además, el trap hoy es como fue el rock en los años ochenta. La música ha crecido, el mercado también. Tenemos que adaptarnos, abrazar y comprender». Y no lo afirma desde la organización de un certamen cualquiera, pues ha acogido la (posiblemente) última gira de Stewart, o el estreno de Cyndi Lauper en Portugal y su regreso tras años a la Península. ¿Hay riesgo de «morir» aún estando en primera línea? Al fin y al cabo, la industria musical no deja de ser una inmensa marea que a todos arrastra hacia el mismo puerto. Y ahora en esa corriente se lleva la apertura estilística… y la como
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