Antes de que Yuri Gagarin se convirtiera en el primer humano en orbitar la Tierra en 1961, lo hicieron otros seres vivos. Perros, primates y otros animales fueron enviados a órbita, tanto por Estados Unidos como por la Unión Soviética, para comprobar si un ser evolucionado para vivir en gravedad podía sobrevivir sin ella. En los inicios de la carrera espacial, se temía que la ingravidez pudiera afectar al corazón, provocar embolias o que el ácido estomacal flotara hacia arriba y subiera por el esófago ‘quemándolo‘, entre otros riesgos que podían llevar a un resultado fatal.. Pronto quedó claro que el vuelo espacial no es ni mucho menos tan perjudicial para los mamíferos. El mayor impacto en los astronautas suele darse en la densidad ósea y en el equilibrio, aspectos que pueden recuperarse al volver a la Tierra.. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por investigadores de la NASA, la Universidad de Florida y el Centro Aeroespacial de Alemania demuestra que periodos prolongados en el espacio podrían tener efectos mayores de lo que se creía, algo que ya había sido sugerido por investigaciones anteriores en la década pasada. Tras analizar a 26 astronautas y 24 personas que no lo eran, el equipo llegó a la conclusión de que durante los vuelos espaciales, el cerebro de los astronautas se recoloca de forma constante dentro del cráneo.. Un desplazamiento pequeño pero significativo. El desplazamiento parece ser ‘hacia atrás, hacia arriba y rotado hacia atrás en la dirección de cabeceo, en comparación con el estado previo al vuelo’. En términos de magnitud, el mayor cambio fue de unos 2.5 mm. Esto puede no parecer mucho, pero incluso unos pocos milímetros de movimiento cerca de la parte posterior del cerebro pueden causar una pérdida de consciencia instantánea, por lo que los movimientos pequeños pueden tener un impacto grande.. El efecto, además, podría no ser fácil de revertir. Los astronautas suelen recuperar sus ‘piernas de tierra firme’ a las pocas semanas del regreso, pero los desplazamientos encontrados tardaron 6 meses o más en retroceder. Lo que es peor, algunos elementos de los cambios persistieron después de que concluyera la investigación.. El estudio utilizó una combinación de datos de astronautas y de no astronautas que aceptaron dormir en una posición inclinada con la cabeza hacia abajo para simular levemente la microgravedad. Ambos grupos mostraron un desplazamiento en la posición del cerebro, aunque los astronautas presentaron un efecto más pronunciado.. Los investigadores descubrieron que los sujetos con desplazamientos más marcados en las áreas sensoriales del cerebro tenían más dificultades para recuperar el equilibrio.. El futuro de la colonización. Las estancias en el espacio suelen ser algo más cortas hoy en día, ya que los lanzamientos de cohetes son mucho más frecuentes que en el pasado. El cosmonauta ruso Valeri Polyakov ostenta el récord de mayor tiempo seguido en el espacio, con 437 días a bordo de la estación Mir a mediados de los 90.. En conjunto, el estudio no concluye, ni mucho menos, que el espacio sea muy perjudicial para el cerebro humano, pero sí que puede alterar su configuración de forma fundamental. Dados los planes actuales para establecer una presencia permanente en la Luna y más adelante en Marte, los efectos a largo plazo generados tras años o incluso décadas en el espacio podrían llegar a ser un obstáculo.
Investigadores de la NASA y la Universidad de Florida demuestran que el cerebro de los astronautas se desplaza dentro del cráneo mientras están en el espacio
Antes de que Yuri Gagarin se convirtiera en el primer humano en orbitar la Tierra en 1961, lo hicieron otros seres vivos. Perros, primates y otros animales fueron enviados a órbita, tanto por Estados Unidos como por la Unión Soviética, para comprobar si un ser evolucionado para vivir en gravedad podía sobrevivir sin ella. En los inicios de la carrera espacial, se temía que la ingravidez pudiera afectar al corazón, provocar embolias o que el ácido estomacal flotara hacia arriba y subiera por el esófago ‘quemándolo‘, entre otros riesgos que podían llevar a un resultado fatal.. Pronto quedó claro que el vuelo espacial no es ni mucho menos tan perjudicial para los mamíferos. El mayor impacto en los astronautas suele darse en la densidad ósea y en el equilibrio, aspectos que pueden recuperarse al volver a la Tierra.. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por investigadores de la NASA, la Universidad de Florida y el Centro Aeroespacial de Alemania demuestra que periodos prolongados en el espacio podrían tener efectos mayores de lo que se creía, algo que ya había sido sugerido por investigaciones anteriores en la década pasada. Tras analizar a 26 astronautas y 24 personas que no lo eran, el equipo llegó a la conclusión de que durante los vuelos espaciales, el cerebro de los astronautas se recoloca de forma constante dentro del cráneo.. Un desplazamiento pequeño pero significativo. El desplazamiento parece ser ‘hacia atrás, hacia arriba y rotado hacia atrás en la dirección de cabeceo, en comparación con el estado previo al vuelo’. En términos de magnitud, el mayor cambio fue de unos 2.5 mm. Esto puede no parecer mucho, pero incluso unos pocos milímetros de movimiento cerca de la parte posterior del cerebro pueden causar una pérdida de consciencia instantánea, por lo que los movimientos pequeños pueden tener un impacto grande.. El efecto, además, podría no ser fácil de revertir. Los astronautas suelen recuperar sus ‘piernas de tierra firme’ a las pocas semanas del regreso, pero los desplazamientos encontrados tardaron 6 meses o más en retroceder. Lo que es peor, algunos elementos de los cambios persistieron después de que concluyera la investigación.. El estudio utilizó una combinación de datos de astronautas y de no astronautas que aceptaron dormir en una posición inclinada con la cabeza hacia abajo para simular levemente la microgravedad. Ambos grupos mostraron un desplazamiento en la posición del cerebro, aunque los astronautas presentaron un efecto más pronunciado.. Los investigadores descubrieron que los sujetos con desplazamientos más marcados en las áreas sensoriales del cerebro tenían más dificultades para recuperar el equilibrio.. El futuro de la colonización. Las estancias en el espacio suelen ser algo más cortas hoy en día, ya que los lanzamientos de cohetes son mucho más frecuentes que en el pasado. El cosmonauta ruso Valeri Polyakov ostenta el récord de mayor tiempo seguido en el espacio, con 437 días a bordo de la estación Mir a mediados de los 90.. En conjunto, el estudio no concluye, ni mucho menos, que el espacio sea muy perjudicial para el cerebro humano, pero sí que puede alterar su configuración de forma fundamental. Dados los planes actuales para establecer una presencia permanente en la Luna y más adelante en Marte, los efectos a largo plazo generados tras años o incluso décadas en el espacio podrían llegar a ser un obstáculo.
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