Con una sonrisa, atenta mirada y una chapa roja en la solapa donde se lee «Shame must change sides» («La vergüenza debe cambiar de bando»), Gisèle Pelicot atiende generosa a la entrevista. No hay tensión, miedo ni rabia en sus gestos y palabras: más bien calma, coherencia. Es quizá su entereza, su templanza, a pesar del enorme sufrimiento, lo que engrandece la admiración hacia su historia. Una que, en el libro «Un himno a la vida. Mi historia» (Lumen), escrito junto a la periodista Judith Perrignon, también es narrada con el sosiego de quien trata de transmitir verdades. Sin más pretensión que la de dar testimonio de cómo, junto a sus tres hijos, descubrió que su ya ex marido, Dominique Pelicot, le drogaba para violarla, y para que también lo hicieran otros 51 hombres, mientras le grababa y fotografiaba. Y cómo decidió ser fuerte. Una terrorífica experiencia que Pelicot ha transformado para no reducir su identidad al papel de víctima, sino al de una mujer libre que sigue siendo capaz de amar. «No tengo otra opción que ser invencible», escribe.. ¿Cómo está?. Mejor, sin duda. Contenta de estar aquí. Las mujeres de España me han estado siguiendo durante todo el juicio y eso me ha dado muchísima fuerza. Así que gracias a vosotras, y a todas las cartas que recibí, que me ayudaron a mantenerme fuerte.. No pierde la sonrisa, algo que también caracterizaba a su madre. ¿Es su mayor herencia?. Sí. Este libro habla de una trayectoria de transformaciones de mujeres entre dolores, la felicidad, la enfermedad y la alegría de vivir. Es algo que me enseñó mi madre, que está en mi ADN. Quería que en el libro se transpirase que no hay odio, no hay cólera. Hay resiliencia. Pero también es gracias a mi trayectoria de vida desde que era muy joven.. Escribe sobre su infancia, y también sobre la del señor Pelicot. ¿Por qué lo vio necesario?. Cuando yo conozco al señor Pelicot éramos dos chavales de 19 años que no sabíamos nada de la vida. Teníamos una trayectoria vital difícil, tiránica, bastante impositiva en su caso. Yo había recibido un poco más de amor a través de mis padres, de mis abuelos. Pensábamos que nos íbamos a salvar mutuamente. Yo siempre le he prestado mucha atención a los demás, y es verdad que le he amado. Hemos tenido tres hijos juntos, hemos construido una vida sencilla, atravesado enfermedades, problemas financieros, conyugales… pero siempre hemos estado ahí para cogernos de la mano. Por supuesto, hasta ese día de noviembre en el que descubro lo que sucede. Y eso es la deflagración, la mía y la de mis hijos.. ¿Qué protege con esos recuerdos?. No se trata de proteger quién es él. Estuvimos 50 años juntos, y necesito pensar que no fueron una mentira porque, si no, estaría muerta desde hace tiempo. Hablar de mis recuerdos es una terapia para protegerme a mí, no a él.. ¿Qué hay de sus hijos?. Cuando descubro los hechos, ese tsunami enorme, el momento más doloroso para una madre es contárselo a sus hijos. Luego descubrimos que el señor Pelicot también le hizo fotos a mis nueras y mi hija. Mi postura era la de no colapsar, porque si no colapsaría todo. Tengo la sensación de que he puesto distancia en cuanto a mis hijos, pero es una manera de que no carguen con mi pena, con mi dolor. Eso tal vez se pueda criticar. Hoy hemos retomado el contacto. Estuve hace un par de días con mis hijos, y voy a pasar el Día de la Mujer con Caroline.. Madre e hija bajo un mismo objetivo, pero con distinta lucha.. Ella es la presidenta de la asociación #MendorsPas: stop à la soumission chimique («No me duermas: alto a la sumisión química»), y estoy muy orgullosa de ella. Es importante que cada uno encuentre su misión. La suya es esta, y yo me opuse al juicio a puerta cerrada para que se liberase la palabra e las mujeres.. ¿Mereció la pena abrir el juicio, aunque eso conllevase que su rostro, su identidad, copase titulares durante meses?. De lo contrario, le hubiese hecho un regalo magistral a estos individuos. Yo era la víctima, no la culpable. En el juicio dije que parecía que era yo la culpable frente a 51 víctimas. Estoy orgullosa de abrir las puertas, y bien abiertas, para decirle a todas las víctimas que tienen miedo, que se aíslan, que tienen vergüenza o que no se atreven a hablar, que tenemos los recursos. Es difícil. Yo tenía las pruebas, los vídeos, y no es el caso de todas las víctimas. Pero es una manera de decirles hazlo, avanza, inténtalo, que se te va a escuchar y a reconocer. No fue sólo el juicio de Gisèle Pelicot, sino de todas las mujeres que sufren.. «No he conseguido todas las respuestas, pero las buscaré, lo necesito para mí y para mis hijos». Gisèle Pelicot. ¿Qué relación tiene hoy consigo misma, y con su cuerpo?. Me he reconstruido. Por supuesto he tenido problemas de salud. He estado ayudándome mucho en el lado psicológico-físico. Hay que decir que no podemos llegar a esto solas. Te tiene que ver el cuerpo médico, especialistas, porque esto viene de lejos. A mí se me ha dañado muchísimo, y hoy tengo la suerte de poder hablar y seguir viviendo.. No ha perdido la confianza en el hombre… ni en el amor.. Los hombres y las mujeres estamos hechos para vivir juntos, en armonía. En este mundo hay mucha ansiedad, y necesitamos esperanza, creer en la vida. Espero que este libro permita cambiar las cosas, a no aislarse, sino a comunicarse.. El domingo se celebra el Día de la Mujer. Las calles se llenarán de pancartas con su foto, sus frases. ¿Qué opina?. Me cuesta lo de ser una heroína o un icono. Me gusta más ser «despertadora de conciencias», de una conciencia colectiva en cuanto a este tipo de violencia. No he nacido heroína, hay muchísimas mujeres que luchan. Todas somos representativas.. ¿Descarta el activismo?. Ya tengo una edad, 73 años, y ya he puesto mi granito de arena. Las nuevas generaciones están mejores armadas que yo, y tengo mucha confianza en ellas, en que va a haber muchas más que sigan este combate.. ¿Cuál es el mayor reto de la mujer hoy?. No perder la confianza en ellas, no dudar.. Con el libro, ¿ha logrado entender, o han surgido más preguntas?. No he conseguido todas las respuestas. Por eso quiero encontrarme con él en prisión, tal vez a finales de este año o principios del que viene. Es parte de mi camino de reconstrucción. Soy una mujer más fuerte, y él tiene una posición más débil. Espero que tenga la honestidad de darme las respuestas. Lo necesito para mí y para mis hijos.. ¿Qué le gustaría escuchar?. Ya he encontrado la paz, pero necesito respuestas para mis hijos. No digo que las vaya a obtener, pero las buscaré.. Dejando el pasado a un lado. ¿Cómo es la Gisèle del presente, y con qué proyectos de futuro?. Quiero estar rodeada de personas que amo y me aman. Tener una vida tranquila, serena, y disfrutar de los bellos años que me quedan de vida. Me encanta caminar, la música, el chocolate… el chocolate por las noches es mi antidepresivo (ríe). Tengo gustos sencillos, soy como todo el mundo. Me puedes cruzar por la calle con cualquier mujer y no ves la diferencia.
En «Un himno a la vida» narra su trayectoria vital, desde su infancia hasta convertirse en un símbolo de fuerza y feminismo
Con una sonrisa, atenta mirada y una chapa roja en la solapa donde se lee «Shame must change sides» («La vergüenza debe cambiar de bando»), Gisèle Pelicot atiende generosa a la entrevista. No hay tensión, miedo ni rabia en sus gestos y palabras: más bien calma, coherencia. Es quizá su entereza, su templanza, a pesar del enorme sufrimiento, lo que engrandece la admiración hacia su historia. Una que, en el libro «Un himno a la vida. Mi historia» (Lumen), escrito junto a la periodista Judith Perrignon, también es narrada con el sosiego de quien trata de transmitir verdades. Sin más pretensión que la de dar testimonio de cómo, junto a sus tres hijos, descubrió que su ya ex marido, Dominique Pelicot, le drogaba para violarla, y para que también lo hicieran otros 51 hombres, mientras le grababa y fotografiaba. Y cómo decidió ser fuerte. Una terrorífica experiencia que Pelicot ha transformado para no reducir su identidad al papel de víctima, sino al de una mujer libre que sigue siendo capaz de amar. «No tengo otra opción que ser invencible», escribe.. ¿Cómo está?. Mejor, sin duda. Contenta de estar aquí. Las mujeres de España me han estado siguiendo durante todo el juicio y eso me ha dado muchísima fuerza. Así que gracias a vosotras, y a todas las cartas que recibí, que me ayudaron a mantenerme fuerte.. No pierde la sonrisa, algo que también caracterizaba a su madre. ¿Es su mayor herencia?. Sí. Este libro habla de una trayectoria de transformaciones de mujeres entre dolores, la felicidad, la enfermedad y la alegría de vivir. Es algo que me enseñó mi madre, que está en mi ADN. Quería que en el libro se transpirase que no hay odio, no hay cólera. Hay resiliencia. Pero también es gracias a mi trayectoria de vida desde que era muy joven.. Escribe sobre su infancia, y también sobre la del señor Pelicot. ¿Por qué lo vio necesario?. Cuando yo conozco al señor Pelicot éramos dos chavales de 19 años que no sabíamos nada de la vida. Teníamos una trayectoria vital difícil, tiránica, bastante impositiva en su caso. Yo había recibido un poco más de amor a través de mis padres, de mis abuelos. Pensábamos que nos íbamos a salvar mutuamente. Yo siempre le he prestado mucha atención a los demás, y es verdad que le he amado. Hemos tenido tres hijos juntos, hemos construido una vida sencilla, atravesado enfermedades, problemas financieros, conyugales… pero siempre hemos estado ahí para cogernos de la mano. Por supuesto, hasta ese día de noviembre en el que descubro lo que sucede. Y eso es la deflagración, la mía y la de mis hijos.. ¿Qué protege con esos recuerdos?. No se trata de proteger quién es él. Estuvimos 50 años juntos, y necesito pensar que no fueron una mentira porque, si no, estaría muerta desde hace tiempo. Hablar de mis recuerdos es una terapia para protegerme a mí, no a él.. ¿Qué hay de sus hijos?. Cuando descubro los hechos, ese tsunami enorme, el momento más doloroso para una madre es contárselo a sus hijos. Luego descubrimos que el señor Pelicot también le hizo fotos a mis nueras y mi hija. Mi postura era la de no colapsar, porque si no colapsaría todo. Tengo la sensación de que he puesto distancia en cuanto a mis hijos, pero es una manera de que no carguen con mi pena, con mi dolor. Eso tal vez se pueda criticar. Hoy hemos retomado el contacto. Estuve hace un par de días con mis hijos, y voy a pasar el Día de la Mujer con Caroline.. Madre e hija bajo un mismo objetivo, pero con distinta lucha.. Ella es la presidenta de la asociación #MendorsPas: stop à la soumission chimique («No me duermas: alto a la sumisión química»), y estoy muy orgullosa de ella. Es importante que cada uno encuentre su misión. La suya es esta, y yo me opuse al juicio a puerta cerrada para que se liberase la palabra e las mujeres.. ¿Mereció la pena abrir el juicio, aunque eso conllevase que su rostro, su identidad, copase titulares durante meses?. De lo contrario, le hubiese hecho un regalo magistral a estos individuos. Yo era la víctima, no la culpable. En el juicio dije que parecía que era yo la culpable frente a 51 víctimas. Estoy orgullosa de abrir las puertas, y bien abiertas, para decirle a todas las víctimas que tienen miedo, que se aíslan, que tienen vergüenza o que no se atreven a hablar, que tenemos los recursos. Es difícil. Yo tenía las pruebas, los vídeos, y no es el caso de todas las víctimas. Pero es una manera de decirles hazlo, avanza, inténtalo, que se te va a escuchar y a reconocer. No fue sólo el juicio de Gisèle Pelicot, sino de todas las mujeres que sufren.. «No he conseguido todas las respuestas, pero las buscaré, lo necesito para mí y para mis hijos». ¿Qué relación tiene hoy consigo misma, y con su cuerpo?. Me he reconstruido. Por supuesto he tenido problemas de salud. He estado ayudándome mucho en el lado psicológico-físico. Hay que decir que no podemos llegar a esto solas. Te tiene que ver el cuerpo médico, especialistas, porque esto viene de lejos. A mí se me ha dañado muchísimo, y hoy tengo la suerte de poder hablar y seguir viviendo.. No ha perdido la confianza en el hombre… ni en el amor.. Los hombres y las mujeres estamos hechos para vivir juntos, en armonía. En este mundo hay mucha ansiedad, y necesitamos esperanza, creer en la vida. Espero que este libro permita cambiar las cosas, a no aislarse, sino a comunicarse.. El domingo se celebra el Día de la Mujer. Las calles se llenarán de pancartas con su foto, sus frases. ¿Qué opina?. Me cuesta lo de ser una heroína o un icono. Me gusta más ser «despertadora de conciencias», de una conciencia colectiva en cuanto a este tipo de violencia. No he nacido heroína, hay muchísimas mujeres que luchan. Todas somos representativas.. ¿Descarta el activismo?. Ya tengo una edad, 73 años, y ya he puesto mi granito de arena. Las nuevas generaciones están mejores armadas que yo, y tengo mucha confianza en ellas, en que va a haber muchas más que sigan este combate.. ¿Cuál es el mayor reto de la mujer hoy?. No perder la confianza en ellas, no dudar.. Con el libro, ¿ha logrado entender, o han surgido más preguntas?. No he conseguido todas las respuestas. Por eso quiero encontrarme con él en prisión, tal vez a finales de este año o principios del que viene. Es parte de mi camino de reconstrucción. Soy una mujer más fuerte, y él tiene una posición más débil. Espero que tenga la honestidad de darme las respuestas. Lo necesito para mí y para mis hijos.. ¿Qué le gustaría escuchar?. Ya he encontrado la paz, pero necesito respuestas para mis hijos. No digo que las vaya a obtener, pero las buscaré.. Dejando el pasado a un lado. ¿Cómo es la Gisèle del presente, y con qué proyectos de futuro?. Quiero estar rodeada de personas que amo y me aman. Tener una vida tranquila, serena, y disfrutar de los bellos años que me quedan de vida. Me encanta caminar, la música, el chocolate… el chocolate por las noches es mi antidepresivo (ríe). Tengo gustos sencillos, soy como todo el mundo. Me puedes cruzar por la calle con cualquier mujer y no ves la diferencia.
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