El impacto de Quant en la moda se compara a menudo con el de los Beatles en la música. Ambos fueron catalizadores del cambio cultural y social que se producía en los años 60. Mary Quant había estudiado diseño en el Goldsmiths College de la Universidad de Londres, pero para seguir su pasión por la moda comenzó a trabajar en una conocida sombrerería del Mayfair. Pronto conoció a Alexander Plunket quien llegó a ser su socio y marido comprando juntos una tienda en Chelsea, el Markham House donde Quant comenzó vendiendo ropa de mayoristas de otras firmas. En 1960 comenzó a realizar sus propios diseños acortando las faldas, permitiendo a la mujer mayor libertad de movimiento.. Quant dio nombre a la minifalda inspirada en su modelo de coche favorito, el Mini, ambos iconos de los Swining Sixties, una revolución cultural impulsada por los jóvenes en Reino Unido desde mediados hasta finales de los años 60. Junto con la minifalda floreció el arte y la música de la ciudad del Támesis, Beatles, Rollings Stones, Who, Jinks y The Small Faces bandas que constituyeron el epicentro de la contra-cultura asociados también el movimiento antinuclear y el de liberación sexual.. Mary Quant diseñaba con materiales económicos y coloridos y sobresalía entre los estilistas caros del momento. Entre las principales preocupaciones de la diseñadora siempre estuvo presente la de llegar a todos los estratos de la sociedad, lanzando por ello una línea de bajo costo llamada Mary Quant for Ginger Group, comercializada sobre todo en Estados Unidos: había inventado el «pret à porter» en una tienda de Chelsea.. En 1966 la diseñadora recibió el título de Oficial de la Orden del Imperio Británico que recibió luciendo una minifalda. A pesar de las críticas recibidas por parte de los sectores de la sociedad mas conservadores la minifalda triunfó como icono de rebeldía. En Inglaterra la actriz y cantante británica Twiggy fue su embajadora mostrando un nuevo estilo de vestir y maquilarse, pero no fue la única, otras divas como Rachel Welch, Brigitte Bardot, Nancy Sinatra y muchas otras la utilizaron pasando el controvertido modelo a ser de uso normal entre las jóvenes.. En Francia la subida de la minifalda en las pasarelas se atribuye a André Courrège quien inició su carrera junto con Balenciaga durante los años 50 independizándose en 1961 lanzando su propia línea de moda con el traje pantalón femenino. En otoño de 1964 lanzó una línea de moda futurista inspirada en la conquista del espacio donde estaba también presente la minifalda.. «No me gusta que a los toros…». En la España franquista los comienzos de la minifalda fueron complicados. En 1967, aparecía un reportaje en el periódico «Pueblo», propiedad de los sindicatos verticales y uno de los periódicos mas importantes de la España de Franco donde se daba voz a estas tendencias que ya utilizaban las jóvenes en la Gran Vía y que se denominó como «el camisetón», una prenda que formaría parte de una polémica más amplia donde estaba en juego la decencia y la moralidad: «Sí, señores. Sí, señoras. Aquí está, para su personal regocijo, el último delirio de la moda: El camisetón. Cuatro guapas chicas lo pasearon ayer por Madrid, ante la sorpresa de los viandantes. La cosa, por explicarla, es bien sencilla: se trata de suprimir la falda y alargar el jersey. Y hasta sale barata: por cincuenta duros tiene usted un camisetón en una ‘‘boutique’’ de moda» (Pueblo, 12 de julio de 1967).. Una de las fotoperiodistas más importantes de los años 60 Joana Biarnés viajaba Londres para realizar un amplio reportaje sobre la revolución Quant publicado en periódico «Pueblo» concluyendo que Quant era una diseñadora que aportaba un nuevo sentido de la vida para una ropa también nueva. Pero no toda la sociedad estaba de acuerdo y la minifalda fue acusada de traer a la sociedad todos los males del siglo XX.. En Ciudad del Vaticano la Iglesia había prohibido la minifalda obligando a los turistas a cubrir las piernas con un chal para entrar en la Santa Sede. En París, se hablaba de la minifalda como un elemento de peligrosidad social causante del aumento de agresiones a mujeres. Otras faldas maxis y midi hacían competencia a la minifalda y generaban otros modelos de mujer, el problema había superado a la moral y lo que se estaba debatiendo no era otra cosa que una nueva conciencia del cuerpo y las prácticas sexoafectivas de la juventud. En marzo de 1968 Mary Quant venía a España para presentar en la embajada británica en Madrid su nueva colección, una presentación no exenta de polémica.. En una de las entrevistas realizadas por el periódico «Pueblo», el 21 de marzo de 1968 se le preguntaba a Mary Qant si sabía que era acusada de los males del siglo por culpa de la minifalda, a lo que ella respondió airada: «La minifalda no tienen nada que ver con eso. Las que no estén de acuerdo que se cubran hasta los tobillos». Aquella moda que iba a durar dos meses lleva 62 años en nuestras calles, y como se comentaba en la entrevista de 1968, «la minifalda no debe morir».
Mary Quant revolucionó la moda de los 60 al popularizar la prenda entre las jóvenes, llevando al espacio público una nueva autonomía sexual, estética y generacional
El impacto de Quant en la moda se compara a menudo con el de los Beatles en la música. Ambos fueron catalizadores del cambio cultural y social que se producía en los años 60. Mary Quant había estudiado diseño en el Goldsmiths College de la Universidad de Londres, pero para seguir su pasión por la moda comenzó a trabajar en una conocida sombrerería del Mayfair. Pronto conoció a Alexander Plunket quien llegó a ser su socio y marido comprando juntos una tienda en Chelsea, el Markham House donde Quant comenzó vendiendo ropa de mayoristas de otras firmas. En 1960 comenzó a realizar sus propios diseños acortando las faldas, permitiendo a la mujer mayor libertad de movimiento.. Quant dio nombre a la minifalda inspirada en su modelo de coche favorito, el Mini, ambos iconos de los Swining Sixties, una revolución cultural impulsada por los jóvenes en Reino Unido desde mediados hasta finales de los años 60. Junto con la minifalda floreció el arte y la música de la ciudad del Támesis, Beatles, Rollings Stones, Who, Jinks y The Small Faces bandas que constituyeron el epicentro de la contra-cultura asociados también el movimiento antinuclear y el de liberación sexual.. Mary Quant diseñaba con materiales económicos y coloridos y sobresalía entre los estilistas caros del momento. Entre las principales preocupaciones de la diseñadora siempre estuvo presente la de llegar a todos los estratos de la sociedad, lanzando por ello una línea de bajo costo llamada Mary Quant for Ginger Group, comercializada sobre todo en Estados Unidos: había inventado el «pret à porter» en una tienda de Chelsea.. En 1966 la diseñadora recibió el título de Oficial de la Orden del Imperio Británico que recibió luciendo una minifalda. A pesar de las críticas recibidas por parte de los sectores de la sociedad mas conservadores la minifalda triunfó como icono de rebeldía. En Inglaterra la actriz y cantante británica Twiggy fue su embajadora mostrando un nuevo estilo de vestir y maquilarse, pero no fue la única, otras divas como Rachel Welch, Brigitte Bardot, Nancy Sinatra y muchas otras la utilizaron pasando el controvertido modelo a ser de uso normal entre las jóvenes.. En Francia la subida de la minifalda en las pasarelas se atribuye a André Courrège quien inició su carrera junto con Balenciaga durante los años 50 independizándose en 1961 lanzando su propia línea de moda con el traje pantalón femenino. En otoño de 1964 lanzó una línea de moda futurista inspirada en la conquista del espacio donde estaba también presente la minifalda.. «No me gusta que a los toros…». En la España franquista los comienzos de la minifalda fueron complicados. En 1967, aparecía un reportaje en el periódico «Pueblo», propiedad de los sindicatos verticales y uno de los periódicos mas importantes de la España de Franco donde se daba voz a estas tendencias que ya utilizaban las jóvenes en la Gran Vía y que se denominó como «el camisetón», una prenda que formaría parte de una polémica más amplia donde estaba en juego la decencia y la moralidad: «Sí, señores. Sí, señoras. Aquí está, para su personal regocijo, el último delirio de la moda: El camisetón. Cuatro guapas chicas lo pasearon ayer por Madrid, ante la sorpresa de los viandantes. La cosa, por explicarla, es bien sencilla: se trata de suprimir la falda y alargar el jersey. Y hasta sale barata: por cincuenta duros tiene usted un camisetón en una ‘‘boutique’’ de moda» (Pueblo, 12 de julio de 1967).. Una de las fotoperiodistas más importantes de los años 60 Joana Biarnés viajaba Londres para realizar un amplio reportaje sobre la revolución Quant publicado en periódico «Pueblo» concluyendo que Quant era una diseñadora que aportaba un nuevo sentido de la vida para una ropa también nueva. Pero no toda la sociedad estaba de acuerdo y la minifalda fue acusada de traer a la sociedad todos los males del siglo XX.. En Ciudad del Vaticano la Iglesia había prohibido la minifalda obligando a los turistas a cubrir las piernas con un chal para entrar en la Santa Sede. En París, se hablaba de la minifalda como un elemento de peligrosidad social causante del aumento de agresiones a mujeres. Otras faldas maxis y midi hacían competencia a la minifalda y generaban otros modelos de mujer, el problema había superado a la moral y lo que se estaba debatiendo no era otra cosa que una nueva conciencia del cuerpo y las prácticas sexoafectivas de la juventud. En marzo de 1968 Mary Quant venía a España para presentar en la embajada británica en Madrid su nueva colección, una presentación no exenta de polémica.. En una de las entrevistas realizadas por el periódico «Pueblo», el 21 de marzo de 1968 se le preguntaba a Mary Qant si sabía que era acusada de los males del siglo por culpa de la minifalda, a lo que ella respondió airada: «La minifalda no tienen nada que ver con eso. Las que no estén de acuerdo que se cubran hasta los tobillos». Aquella moda que iba a durar dos meses lleva 62 años en nuestras calles, y como se comentaba en la entrevista de 1968, «la minifalda no debe morir».
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