El ciclo «Letras en Sevilla» se cancela porque varios de sus participantes, después de confirmar su asistencia, deciden que no participarán junto a José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, entre otros. Escribo cancelado porque su traslado al otoño ya supone la derrota del evento, y entiendo que Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra no lo retomarán después de descafeinarlo así. El tema principal era dilucidar sobre la Guerra Civil, otra vez, bajo el epígrafe de que no hubo ni vencedores ni vencidos. A buenas horas, con lo bien que se encuentra el patio, venir a agitar los ánimos, a quién se le ocurre. Pero los dos periodistas no son catequistas y deben dar lustre a su ministerio, que no es otro que preguntarse cosas y sacarle la verdad al que tiene delante. David Uclés enciende la mecha y el resto de la historia continúa ardiendo en las redes sociales. Me pregunto hasta qué punto el ambiente en España se ha enrarecido tanto para que no seamos capaces ni hablar del mayor trauma de nuestra historia reciente. En qué momento nos encontramos para que algunos partidos políticos amenacen a los organizadores con manifestaciones y ataques a la sede de la Fundación Cajasol si no chapaban el ciclo. Todo muy propio del manual fascista que tanto critican los ofendidos. Vivimos la fantasía de que los nietos o bisnietos de los que hicieron la guerra monten numeritos para defender un bando u otro, cuando los verdaderos protagonistas cerraron la puerta y tiraron la llave. Ya vimos a Pablo Iglesias soltanto lágrimas de cocodrilo por un tioabueloterceroprimodesutía al que mataron en la guerra y defender al mismo tiempo las purgas estalinistas de las checas. Nada nuevo bajo el sol. Creo que el problema lo tienen los organizadores que se empeñan en pensar que los españoles somos un pueblo adulto, educado, culto y tolerante, cuando nuestra realidad es la de una pandilla de hooligans. Si perdimos o ganamos la guerra nos lo preguntamos en la Transición y la respuesta fue que el personal quería vivir en libertad y olvidarse de los traumas.
«Vivimos la fantasía de que los nietos o bisnietos de los que hicieron la guerra monten numeritos para defender un bando u otro»
El ciclo «Letras en Sevilla» se cancela porque varios de sus participantes, después de confirmar su asistencia, deciden que no participarán junto a José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, entre otros. Escribo cancelado porque su traslado al otoño ya supone la derrota del evento, y entiendo que Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra no lo retomarán después de descafeinarlo así. El tema principal era dilucidar sobre la Guerra Civil, otra vez, bajo el epígrafe de que no hubo ni vencedores ni vencidos. A buenas horas, con lo bien que se encuentra el patio, venir a agitar los ánimos, a quién se le ocurre. Pero los dos periodistas no son catequistas y deben dar lustre a su ministerio, que no es otro que preguntarse cosas y sacarle la verdad al que tiene delante. David Uclés enciende la mecha y el resto de la historia continúa ardiendo en las redes sociales. Me pregunto hasta qué punto el ambiente en España se ha enrarecido tanto para que no seamos capaces ni hablar del mayor trauma de nuestra historia reciente. En qué momento nos encontramos para que algunos partidos políticos amenacen a los organizadores con manifestaciones y ataques a la sede de la Fundación Cajasol si no chapaban el ciclo. Todo muy propio del manual fascista que tanto critican los ofendidos. Vivimos la fantasía de que los nietos o bisnietos de los que hicieron la guerra monten numeritos para defender un bando u otro, cuando los verdaderos protagonistas cerraron la puerta y tiraron la llave. Ya vimos a Pablo Iglesias soltanto lágrimas de cocodrilo por un tioabueloterceroprimodesutía al que mataron en la guerra y defender al mismo tiempo las purgas estalinistas de las checas. Nada nuevo bajo el sol. Creo que el problema lo tienen los organizadores que se empeñan en pensar que los españoles somos un pueblo adulto, educado, culto y tolerante, cuando nuestra realidad es la de una pandilla de hooligans. Si perdimos o ganamos la guerra nos lo preguntamos en la Transición y la respuesta fue que el personal quería vivir en libertad y olvidarse de los traumas.
Noticias de Andalucía en La Razón
