Hay que abandonar las carreteras principales, llegar hasta Biduedo y adentrarse en un paisaje de bosques y viejos castaños para descubrir uno de los rincones más sorprendentes del interior de Galicia. Al final del camino, la montaña parece abrirse de golpe. Una gigantesca boca de roca, de más de 30 metros de altura, conduce hacia un mundo subterráneo en el que las paredes emiten una misteriosa luz verde.. Es la Cova das Choias, situada en la parroquia de Óutara, en A Pobra do Brollón (Lugo). Una cavidad que reúne naturaleza, historia y una extraordinaria rareza botánica: un musgo capaz de crear la ilusión de que la roca brilla con una tonalidad verde esmeralda.. El responsable es la Schistostega pennata, una especie cuyos filamentos reflejan la escasa luz que penetra en la gruta y producen un sorprendente efecto luminoso. No se trata de auténtica fosforescencia, sino de un fenómeno óptico que convierte algunas superficies en una especie de tapiz resplandeciente.. Su rareza es extraordinaria. Su presencia en la Península Ibérica está documentada en apenas una docena de localizaciones y figura en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas como especie vulnerable. Necesita unas condiciones muy particulares de humedad y oscuridad, por lo que cualquier alteración de su entorno puede comprometer su supervivencia.. Antigua mina escondida en la montaña. Pero el misterioso musgo no es el único tesoro que guarda esta montaña lucense. La Cova das Choias es también un testimonio de la actividad minera que durante siglos marcó la comarca de Lemos.. Aunque su origen es natural, buena parte de sus galerías fueron modificadas para extraer mineral de hierro. Existen indicios de un posible aprovechamiento en época romana, pero la explotación más intensa se desarrolló durante los siglos XVI y XVII, cuando abastecía a las ferrerías de la zona, especialmente a la desaparecida ferrería de Biduedo.. Las dimensiones de la cueva dan una idea de su singularidad. Su enorme entrada alcanza más de 30 metros de altura y el interior se distribuye en tres niveles que suman más de 200 metros de recorrido. Galerías naturales y excavaciones artificiales forman un laberinto en el que la oxidación del hierro ha teñido las rocas de verdes, ocres y otras tonalidades.. Refugio para especies amenazadas. La Cova das Choias también constituye un valioso santuario de fauna. En su interior habitan distintas especies de murciélagos, con colonias de especial importancia para Galicia. Entre ellas destacan poblaciones de murciélagos de cueva y ejemplares de murciélago grande de herradura que utilizan este refugio durante el otoño.. También están las aves que dieron nombre al lugar. Las «choias», conocidas en castellano como chovas piquirrojas, son córvidos fácilmente reconocibles por su característico pico rojo. Durante años se llegó a pensar que habían desaparecido de la cavidad, pero las medidas de conservación han favorecido su regreso.. Precisamente esa extraordinaria biodiversidad explica que desde 2018 el acceso esté restringido. La presencia humana puede alterar las condiciones ambientales que necesitan tanto el musgo como los murciélagos, especialmente sensibles a las molestias.. La entrada al interior únicamente está permitida mediante las visitas guiadas organizadas desde el Ayuntamiento de A Pobra do Brollón, y el recorrido autorizado se limita a la zona principal de acceso. Las galerías interiores presentan desniveles, humedad y superficies resbaladizas que hacen peligroso adentrarse sin conocimientos de espeleología.. Hasta las inmediaciones de la cueva llega una pequeña ruta de unos 600 metros desde el área recreativa de Biduedo, que atraviesa un paisaje de castaños y antiguos caminos vinculados a la minería.. Al final espera una gigantesca abertura en la montaña. Tras ella se esconden antiguas minas, colonias de murciélagos y un diminuto musgo que aprovecha la escasa luz exterior para producir un sorprendente resplandor verde.
Situada en Lugo, alberga una rara especie que produce un sorprendente resplandor verde y un valioso ecosistema protegido
Hay que abandonar las carreteras principales, llegar hasta Biduedo y adentrarse en un paisaje de bosques y viejos castaños para descubrir uno de los rincones más sorprendentes del interior de Galicia. Al final del camino, la montaña parece abrirse de golpe. Una gigantesca boca de roca, de más de 30 metros de altura, conduce hacia un mundo subterráneo en el que las paredes emiten una misteriosa luz verde.. Es la Cova das Choias, situada en la parroquia de Óutara, en A Pobra do Brollón (Lugo). Una cavidad que reúne naturaleza, historia y una extraordinaria rareza botánica: un musgo capaz de crear la ilusión de que la roca brilla con una tonalidad verde esmeralda.. El responsable es la Schistostega pennata, una especie cuyos filamentos reflejan la escasa luz que penetra en la gruta y producen un sorprendente efecto luminoso. No se trata de auténtica fosforescencia, sino de un fenómeno óptico que convierte algunas superficies en una especie de tapiz resplandeciente.. Su rareza es extraordinaria. Su presencia en la Península Ibérica está documentada en apenas una docena de localizaciones y figura en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas como especie vulnerable. Necesita unas condiciones muy particulares de humedad y oscuridad, por lo que cualquier alteración de su entorno puede comprometer su supervivencia.. Antigua mina escondida en la montaña. Pero el misterioso musgo no es el único tesoro que guarda esta montaña lucense. La Cova das Choias es también un testimonio de la actividad minera que durante siglos marcó la comarca de Lemos.. Aunque su origen es natural, buena parte de sus galerías fueron modificadas para extraer mineral de hierro. Existen indicios de un posible aprovechamiento en época romana, pero la explotación más intensa se desarrolló durante los siglos XVI y XVII, cuando abastecía a las ferrerías de la zona, especialmente a la desaparecida ferrería de Biduedo.. Las dimensiones de la cueva dan una idea de su singularidad. Su enorme entrada alcanza más de 30 metros de altura y el interior se distribuye en tres niveles que suman más de 200 metros de recorrido. Galerías naturales y excavaciones artificiales forman un laberinto en el que la oxidación del hierro ha teñido las rocas de verdes, ocres y otras tonalidades.. Refugio para especies amenazadas. La Cova das Choias también constituye un valioso santuario de fauna. En su interior habitan distintas especies de murciélagos, con colonias de especial importancia para Galicia. Entre ellas destacan poblaciones de murciélagos de cueva y ejemplares de murciélago grande de herradura que utilizan este refugio durante el otoño.. También están las aves que dieron nombre al lugar. Las «choias», conocidas en castellano como chovas piquirrojas, son córvidos fácilmente reconocibles por su característico pico rojo. Durante años se llegó a pensar que habían desaparecido de la cavidad, pero las medidas de conservación han favorecido su regreso.. Precisamente esa extraordinaria biodiversidad explica que desde 2018 el acceso esté restringido. La presencia humana puede alterar las condiciones ambientales que necesitan tanto el musgo como los murciélagos, especialmente sensibles a las molestias.. La entrada al interior únicamente está permitida mediante las visitas guiadas organizadas desde el Ayuntamiento de A Pobra do Brollón, y el recorrido autorizado se limita a la zona principal de acceso. Las galerías interiores presentan desniveles, humedad y superficies resbaladizas que hacen peligroso adentrarse sin conocimientos de espeleología.. Hasta las inmediaciones de la cueva llega una pequeña ruta de unos 600 metros desde el área recreativa de Biduedo, que atraviesa un paisaje de castaños y antiguos caminos vinculados a la minería.. Al final espera una gigantesca abertura en la montaña. Tras ella se esconden antiguas minas, colonias de murciélagos y un diminuto musgo que aprovecha la escasa luz exterior para producir un sorprendente resplandor verde.
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