Hay que abandonar las carreteras principales y adentrarse en las montañas de O Courel para encontrarla. Froxán (Lugo) aparece entonces recogida sobre la ladera, entre castaños y alcornoques, como uno de esos lugares en los que cuesta saber dónde termina el paisaje y empieza la aldea. Los tejados de pizarra casi se confunden con la montaña y, entre las casas, las calles continúan siendo estrechas, sinuosas y de piedra.. No se trata únicamente de una estampa rural bien conservada. Este pequeño núcleo perteneciente a la parroquia de San Vicente de Vilamor, en Folgoso do Courel (Lugo), constituye un testimonio de cómo se vivió durante generaciones en las montañas del interior de Galicia. Su arquitectura tradicional y su valor etnográfico le valieron la declaración como Bien de Interés Cultural.. Froxán se encuentra, además, en uno de los grandes paisajes de montaña de Galicia, entre la Serra do Courel y el valle del río Lor. Pero quizá su mayor atractivo esté precisamente a ras de suelo: en un caserío que conserva buena parte de las construcciones que permitían sobrevivir en un territorio aislado y exigente.. La aldea y la montaña. Pasear por Froxán permite leer todavía esa historia en sus paredes. Las viviendas y sus construcciones anexas fueron levantadas con piedra y lajas, mientras los tejados de loseta y pizarra forman una sucesión irregular sobre las calles empedradas.. No faltan tampoco los vestigios de las actividades que sostenían a sus habitantes. Hay alpendres, pajares, hornos, lavaderos y alvarizas vinculadas a la apicultura. Y sobreviven los «sequeiros», las pequeñas construcciones utilizadas para secar las castañas, uno de los alimentos fundamentales durante siglos en buena parte del interior gallego.. El castaño, de hecho, explica buena parte de la historia de Froxán. Antes de que la patata se generalizase en Galicia, la castaña tuvo un enorme peso en la alimentación de las comunidades rurales de montaña. Una relación entre el hombre y el bosque que no ha desaparecido por completo.. A la entrada del pueblo aguarda además uno de sus lugares más conocidos: la Fonte do Milagro. El propio nombre de la asociación vecinal que lleva décadas trabajando para recuperar caminos, costumbres y patrimonio de la aldea procede de esta fuente.. Cuando Froxán vuelve a pisar las castañas. Si existe una jornada capaz de explicar la relación de esta aldea con su pasado es la Festa da Pisa da Castaña.. La celebración recupera una tarea que antiguamente no tenía nada de festiva. Después de recoger las castañas y mantenerlas durante semanas en los «sequeiros», había que retirarles la piel. Para hacerlo, se introducían en sacos que después se golpeaban con fuerza contra un tocón de madera. Era la «pisa», un trabajo comunitario convertido hoy en una de las señas de identidad de Froxán.. La asociación Fonte do Milagro recuperó la tradición hace décadas y la fiesta se celebra habitualmente a comienzos de diciembre.. Para recorrer a pie. Una celebración que ayuda a entender por qué Froxán resulta diferente. Su patrimonio no se limita a una colección de casas antiguas restauradas. Calles, fuentes, hornos, eras, «sequeiros», bosques y viviendas forman parte de un mismo conjunto y permiten reconstruir una forma de organizar la vida alrededor de aquello que proporcionaba la montaña.. El entorno hace el resto. Castaños y vegetación autóctona rodean un núcleo en el que también aparecen especies mediterráneas poco esperadas en el imaginario habitual de la montaña lucense, como los alcornoques.. Froxán no necesita grandes monumentos. Su verdadero monumento es la propia aldea. Está en las piedras de las casas, en el dibujo irregular de sus callejuelas y en esos pequeños edificios que recuerdan un tiempo en el que secar unas castañas, almacenar la cosecha o proteger unas colmenas eran cuestiones esenciales para atravesar el invierno.
Escondida en las montañas de O Courel, mantiene sus callejuelas empedradas, casas de pizarra y una antigua tradición vinculada a las castañas
Hay que abandonar las carreteras principales y adentrarse en las montañas de O Courel para encontrarla. Froxán (Lugo) aparece entonces recogida sobre la ladera, entre castaños y alcornoques, como uno de esos lugares en los que cuesta saber dónde termina el paisaje y empieza la aldea. Los tejados de pizarra casi se confunden con la montaña y, entre las casas, las calles continúan siendo estrechas, sinuosas y de piedra.. No se trata únicamente de una estampa rural bien conservada. Este pequeño núcleo perteneciente a la parroquia de San Vicente de Vilamor, en Folgoso do Courel (Lugo), constituye un testimonio de cómo se vivió durante generaciones en las montañas del interior de Galicia. Su arquitectura tradicional y su valor etnográfico le valieron la declaración como Bien de Interés Cultural.. Froxán se encuentra, además, en uno de los grandes paisajes de montaña de Galicia, entre la Serra do Courel y el valle del río Lor. Pero quizá su mayor atractivo esté precisamente a ras de suelo: en un caserío que conserva buena parte de las construcciones que permitían sobrevivir en un territorio aislado y exigente.. La aldea y la montaña. Pasear por Froxán permite leer todavía esa historia en sus paredes. Las viviendas y sus construcciones anexas fueron levantadas con piedra y lajas, mientras los tejados de loseta y pizarra forman una sucesión irregular sobre las calles empedradas.. No faltan tampoco los vestigios de las actividades que sostenían a sus habitantes. Hay alpendres, pajares, hornos, lavaderos y alvarizas vinculadas a la apicultura. Y sobreviven los «sequeiros», las pequeñas construcciones utilizadas para secar las castañas, uno de los alimentos fundamentales durante siglos en buena parte del interior gallego.. El castaño, de hecho, explica buena parte de la historia de Froxán. Antes de que la patata se generalizase en Galicia, la castaña tuvo un enorme peso en la alimentación de las comunidades rurales de montaña. Una relación entre el hombre y el bosque que no ha desaparecido por completo.. A la entrada del pueblo aguarda además uno de sus lugares más conocidos: la Fonte do Milagro. El propio nombre de la asociación vecinal que lleva décadas trabajando para recuperar caminos, costumbres y patrimonio de la aldea procede de esta fuente.. Cuando Froxán vuelve a pisar las castañas. Si existe una jornada capaz de explicar la relación de esta aldea con su pasado es la Festa da Pisa da Castaña.. La celebración recupera una tarea que antiguamente no tenía nada de festiva. Después de recoger las castañas y mantenerlas durante semanas en los «sequeiros», había que retirarles la piel. Para hacerlo, se introducían en sacos que después se golpeaban con fuerza contra un tocón de madera. Era la «pisa», un trabajo comunitario convertido hoy en una de las señas de identidad de Froxán.. La asociación Fonte do Milagro recuperó la tradición hace décadas y la fiesta se celebra habitualmente a comienzos de diciembre.. Para recorrer a pie. Una celebración que ayuda a entender por qué Froxán resulta diferente. Su patrimonio no se limita a una colección de casas antiguas restauradas. Calles, fuentes, hornos, eras, «sequeiros», bosques y viviendas forman parte de un mismo conjunto y permiten reconstruir una forma de organizar la vida alrededor de aquello que proporcionaba la montaña.. El entorno hace el resto. Castaños y vegetación autóctona rodean un núcleo en el que también aparecen especies mediterráneas poco esperadas en el imaginario habitual de la montaña lucense, como los alcornoques.. Froxán no necesita grandes monumentos. Su verdadero monumento es la propia aldea. Está en las piedras de las casas, en el dibujo irregular de sus callejuelas y en esos pequeños edificios que recuerdan un tiempo en el que secar unas castañas, almacenar la cosecha o proteger unas colmenas eran cuestiones esenciales para atravesar el invierno.
Noticias de Galicia: última hora y actualidad de A Coruña, Vigo, Lugo, Santiago de Compostela
