«Cuando quiero llorar, me pongo Y ahora Sonsoles», soltó, irónico, Santiago Segura a Sonsoles Ónega hace solo unos días. Incluso comparó su programa con Esta noche cruzamos el Mississippi. Sin saberlo, se estaba adelantado a la que se avecinaba. El magacín de tarde nos ha regresado a aquellos shows donde la agitación del morbo se disfrazaba del compromiso del informador. Lo hemos visto, con especial crudeza, en la manera de enfocar el proceso de la eutanasia de Noelia Castillo: rótulos que insistían en la cuenta atrás hacia la muerte, músicas de culebrón de fondo y la búsqueda de la lágrima con personas vulnerables.. El caso se podía haber tratado con otro prisma más de nuestro tiempo: centrado en aportar contexto desde la serenidad de los expertos y la propia entrevista de Castillo. Su historia tiene relevancia informativa y se puede hacer pedagogía para no quedarnos en la excitación emocional más primaria. Que es lo que ha pasado: se ha caído en el espectáculo del llanto. Que si insistir en las fotos de su niñez, en la despedida de la madre y la hija, en cómo llega la madre al hospital, en la ropa que llevará puesta… Al ser un formato marcado por las dinámicas del corazón de los superados años 2000, se ha priorizado el morbo del que mira atónito detrás de la mirilla. Todo comentado por contertulios habituales que hablan de cualquier tema y, por tanto, se quedan en el lugar común. Salvo alguna cuerda excepción, la mayoría ha picado el anzuelo de comentar desde la conmoción más que desde el estudio periodístico de un largo proceso legal. Situación que aprovechan los esparcedores de bulos, miedos y prejuicios para sacar su propio rédito, azuzando debates que ya estaban superados y consensuados por la sociedad.. Con esta exclusiva, el programa ha logrado subir unos puntos su audiencia. No obstante, esta tipología de público se marcha si no hay polémica prendida. Siempre pide un sollozo mayor para volver o se siente defraudado. En cambio, con otra óptica más rigurosa, el formato de tarde hubiera podido ganar en imagen social. Ha sucedido lo opuesto.. Y ahí, quizá, surge la reflexión de fondo para Antena 3, que consiguió su cometido de no parecerse nada a un Telecinco que se quedó atrás. De hecho, en la entonación de Y ahora Sonsoles, hasta igual se encuentra la respuesta a por qué desciende la audiencia en su horario, entre Sueños de Libertad y Pasapalabra. Algunos dirán que es por La Promesa de La 1, que también, pero a la vez Atresmedia ha asentado el liderazgo diario gracias a una colorista programación que va acompañando al espectador en cada estado de ánimo del día. Una cadena que no requiere de los enredos del morbo. Al contrario, brilla más cuando pone en el centro el contenido sin rodeos, el que aporta sin paternalismos.. Fíjense. Todos los programas de entretenimiento que disparan la cuota de pantalla en el daytime de Antena 3 transmiten honestidad: la espontánea conversación de tú a tú de Karlos Arguiñano, la facilidad de jugar entre amigos en La Ruleta, el relumbrón del serial de época que delata el hoy desde el ayer, el premio a la inteligencia de Pasapalabra… Todos congregan públicos sin susceptibilidades. El planteamiento de Y ahora Sonsoles es más anacrónico. Lo que probablemente es más fácil de ver desde fuera que desde dentro. Cosas que pasan. El magacín reproduce técnicas heredadas de una tele del corazón que el público más transversal de hoy termina rechazando. Hay cuestiones tan profundas que ni se pueden dirimir en un tuit ni aceptan la condescendencia de un programa de testimonios de antaño: la televisión de la lágrima antes del conocimiento.
Los problemas más allá de la lágrima fácil.
20MINUTOS.ES – Televisión
«Cuando quiero llorar, me pongo Y ahora Sonsoles», soltó, irónico, Santiago Segura a Sonsoles Ónega hace solo unos días. Incluso comparó su programa con Esta noche cruzamos el Mississippi. Sin saberlo, se estaba adelantado a la que se avecinaba. El magacín de tarde nos ha regresado a aquellos shows donde la agitación del morbo se disfrazaba del compromiso del informador. Lo hemos visto, con especial crudeza, en la manera de enfocar el proceso de la eutanasia de Noelia Castillo: rótulos que insistían en la cuenta atrás hacia la muerte, músicas de culebrón de fondo y la búsqueda de la lágrima con personas vulnerables.. El caso se podía haber tratado con otro prisma más de nuestro tiempo: centrado en aportar contexto desde la serenidad de los expertos y la propia entrevista de Castillo. Su historia tiene relevancia informativa y se puede hacer pedagogía para no quedarnos en la excitación emocional más primaria. Que es lo que ha pasado: se ha caído en el espectáculo del llanto. Que si insistir en las fotos de su niñez, en la despedida de la madre y la hija, en cómo llega la madre al hospital, en la ropa que llevará puesta… Al ser un formato marcado por las dinámicas del corazón de los superados años 2000, se ha priorizado el morbo del que mira atónito detrás de la mirilla. Todo comentado por contertulios habituales que hablan de cualquier tema y, por tanto, se quedan en el lugar común. Salvo alguna cuerda excepción, la mayoría ha picado el anzuelo de comentar desde la conmoción más que desde el estudio periodístico de un largo proceso legal. Situación que aprovechan los esparcedores de bulos, miedos y prejuicios para sacar su propio rédito, azuzando debates que ya estaban superados y consensuados por la sociedad.. Con esta exclusiva, el programa ha logrado subir unos puntos su audiencia. No obstante, esta tipología de público se marcha si no hay polémica prendida. Siempre pide un sollozo mayor para volver o se siente defraudado. En cambio, con otra óptica más rigurosa, el formato de tarde hubiera podido ganar en imagen social. Ha sucedido lo opuesto.. Y ahí, quizá, surge la reflexión de fondo para Antena 3, que consiguió su cometido de no parecerse nada a un Telecinco que se quedó atrás. De hecho, en la entonación de Y ahora Sonsoles, hasta igual se encuentra la respuesta a por qué desciende la audiencia en su horario, entre Sueños de Libertad y Pasapalabra. Algunos dirán que es por La Promesa de La 1, que también, pero a la vez Atresmedia ha asentado el liderazgo diario gracias a una colorista programación que va acompañando al espectador en cada estado de ánimo del día. Una cadena que no requiere de los enredos del morbo. Al contrario, brilla más cuando pone en el centro el contenido sin rodeos, el que aporta sin paternalismos.. Fíjense. Todos los programas de entretenimiento que disparan la cuota de pantalla en el daytime de Antena 3 transmiten honestidad: la espontánea conversación de tú a tú de Karlos Arguiñano, la facilidad de jugar entre amigos en La Ruleta, el relumbrón del serial de época que delata el hoy desde el ayer, el premio a la inteligencia de Pasapalabra… Todos congregan públicos sin susceptibilidades. El planteamiento de Y ahora Sonsoles es más anacrónico. Lo que probablemente es más fácil de ver desde fuera que desde dentro. Cosas que pasan. El magacín reproduce técnicas heredadas de una tele del corazón que el público más transversal de hoy termina rechazando. Hay cuestiones tan profundas que ni se pueden dirimir en un tuit ni aceptan la condescendencia de un programa de testimonios de antaño: la televisión de la lágrima antes del conocimiento.
