Como un documentalista, cámara en mano, registrando todo lo que ocurre a su alrededor para mostrarlo sin filtros, sin efectos, sin adornos, en crudo. Así se mueve el periodista británico-estadounidense Toby Muse en cada página que escribe en “Kilo. El mundo secreto de los cárteles de la cocaína”, un libro que Capitán Swing edita por primera vez en español después de ver la luz hace seis años. Sobre el submundo de la droga, del narcotráfico, de las mafias, de la corrupción, la violencia y de los cientos de miles de millones que mueve alrededor se ha escrito mucho y se han filmado cientos de películas, series y documentales. Pero Muse añade un detalle irresistible a su narrativa: instala una butaca en primera fila, se sienta frente al gran teatro de la cocaína, ante todos los escenarios que pisa el polvo blanco, y se convierte (y te convierte) no solo en un espectador in situ que asiste, en vivo y en directo, a cada proceso llevado a cabo hasta que un consumidor compra un gramo en un local de moda de una gran ciudad; también interpela e interactúa con todos los protagonistas que lo hacen posible. Llegar a esos agentes activos del mundo de la cocaína no es cosa menor. El acceso a ellos nunca es posible si no perteneces a su grupo. Pero Toby Muse fue capaz, después de 15 años viviendo en Colombia, de ganarse la confianza de los que operan en la sombra. No alardea de ello, pero el lector sufre por su seguridad al percibirlo siempre caminando sobre el filo de un cuchillo. Otro valor que se agradece en “Kilo”, título que hace referencia al ladrillo estándar de cocaína, es la ausencia de moralina y efectismo. El autor no trata de convencer de nada; no juzga; solo narra, poniendo delante del destinatario final que compra su dosis en un callejón de una gran ciudad, el espejo en el que se puede ver como el eslabón final de una cadena de montaje ensangrentada que normalmente ignora o invisibiliza. El actor secundario deja de serlo y cobra gran relevancia en el relato, desde el campesino que recoge la hoja de coca, pasando por el que elabora la pasta en lo más profundo de la selva, el que controla o cruza las fronteras o el que conduce las narcolanchas, hasta el camello de poca monta, la prostituta o el sicario adolescente que asume una muerte temprana a cambio de una vida intensa y excitante. La romantización del mundo de los grandes capos se esfuma en “Kilo” para exhibir un lujo excesivo e histriónico, de olor putrefacto, de personas cuyo único talento es aplicar la violencia sin reparo, torturando o matando. Así, vidas y perfiles comunes de la sociedad se entremezclan con los grandes mafiosos en un mundo de jerarquías, crueldad y explotación regado con purpurina de dinero y sexo. La lucha contra el narcotráfico lleva décadas librándose, pero el mensaje que deja Muse es claro y desalentador. No solo no es posible combatirlo, sino que vivimos en la época dorada de esta droga. Se produce más cantidad que nunca
De la selva a la discoteca, el periodista británico-estadounidense Toby Muse detalla, desde dentro, el proceso de elaboración y distribución de una de las drogas más consumidas del mundo
Como un documentalista, cámara en mano, registrando todo lo que ocurre a su alrededor para mostrarlo sin filtros, sin efectos, sin adornos, en crudo. Así se mueve el periodista británico-estadounidense Toby Muse en cada página que escribe en “Kilo. El mundo secreto de los cárteles de la cocaína”, un libro que Capitán Swing edita por primera vez en español después de ver la luz hace seis años. Sobre el submundo de la droga, del narcotráfico, de las mafias, de la corrupción, la violencia y de los cientos de miles de millones que mueve alrededor se ha escrito mucho y se han filmado cientos de películas, series y documentales. Pero Muse añade un detalle irresistible a su narrativa: instala una butaca en primera fila, se sienta frente al gran teatro de la cocaína, ante todos los escenarios que pisa el polvo blanco, y se convierte (y te convierte) no solo en un espectador in situ que asiste, en vivo y en directo, a cada proceso llevado a cabo hasta que un consumidor compra un gramo en un local de moda de una gran ciudad; también interpela e interactúa con todos los protagonistas que lo hacen posible.Llegar a esos agentes activos del mundo de la cocaína no es cosa menor. El acceso a ellos nunca es posible si no perteneces a su grupo. Pero Toby Muse fue capaz, después de 15 años viviendo en Colombia, de ganarse la confianza de los que operan en la sombra. No alardea de ello, pero el lector sufre por su seguridad al percibirlo siempre caminando sobre el filo de un cuchillo. Otro valor que se agradece en “Kilo”, título que hace referencia al ladrillo estándar de cocaína, es la ausencia de moralina y efectismo. El autor no trata de convencer de nada; no juzga; solo narra, poniendo delante del destinatario final que compra su dosis en un callejón de una gran ciudad, el espejo en el que se puede ver como el eslabón final de una cadena de montaje ensangrentada que normalmente ignora o invisibiliza.El actor secundario deja de serlo y cobra gran relevancia en el relato, desde el campesino que recoge la hoja de coca, pasando por el que elabora la pasta en lo más profundo de la selva, el que controla o cruza las fronteras o el que conduce las narcolanchas, hasta el camello de poca monta, la prostituta o el sicario adolescente que asume una muerte temprana a cambio de una vida intensa y excitante. La romantización del mundo de los grandes capos se esfuma en “Kilo” para exhibir un lujo excesivo e histriónico, de olor putrefacto, de personas cuyo único talento es aplicar la violencia sin reparo, torturando o matando. Así, vidas y perfiles comunes de la sociedad se entremezclan con los grandes mafiosos en un mundo de jerarquías, crueldad y explotación regado con purpurina de dinero y sexo.La lucha contra el narcotráfico lleva décadas librándose, pero el mensaje que deja Muse es claro y desalentador. No solo no es posible combatirlo, sino que vivimos en la época dorada de esta droga. Se produce má
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