Quién dijo que cantar ‘Apatrullando la ciudad’ fuera fácil. El soniquete de El Fary tenía su mérito. Jesulín de Ubrique lo ha sufrido en Tu cara me suena. Esta semana, le tocó imitar al hombre que nació con el nombre de José Luis Cantero. O intentarlo, pues no llegó a pronunciar todas las palabras que requería la canción. Se perdieron por el camino, frente al rostro desconcertante de Lolita.. La actuación intentaba clonar aquellas galas de José Luis Moreno. Entonces, el ventrílocuo llenaba los platós de bailarines para transmitir la sensación de fiesta apoteósica. Aunque ni quiera requería que bailaran demasiado bien. Bastaba con que ejecutaran cuatro pasos, que solían repetirse en gran parte de los playbacks. Lo importante era dar sensación de mogollón en el escenario.. Tu cara me suena se podía haber quedado en aquel jolgorio desordenado y conformarse con ver a Jesulín intentándolo. Que el hombre pone empeño. Se lo trabaja. Pero como su voz y movimiento corporal son relativos, el programa de Antena 3 es hábil para envolver la propuesta artística con el talento de los secundarios en plató. Así el caos es menos caos. Así la coreo ordena y dota al show de más enjundia desde cierta mordacidad.. La coreógrafa de Gestmusic, Miryam Benedited, ha incorporado al ‘Apatrullando’ original unos movimientos corporales dignos de Los Cantajuegos enseñando a los niños las señales de trágico. Aunque el momento culmen es cuando, detrás de Jesulín, las bailarinas y los bailarines se rejuntan hasta crear una estampa insólita: un coche humano. Una aparición indescriptible que en otro programa podría parecer un delirio y en TCMS, sin embargo, transmite vanguardia. Vanguardia socarrona, pero vanguardia. Porque el ballet de TCMS no solo danza, sobre todo interpreta. Hasta se ríe de sí mismo cuando toca, como los buenos clowns.. Y, como consecuencia, nada parece grotesco. Porque, de los bailarines hasta el público, nadie malgasta el tiempo en regodearse en el sentido del ridículo. Prefieren la alegría que siempre es una forma de modernidad.
Jesulín demostró lo difícil que fue ser El Fary.
20MINUTOS.ES – Televisión
Quién dijo que cantar ‘Apatrullando la ciudad’ fuera fácil. El soniquete de El Fary tenía su mérito. Jesulín de Ubrique lo ha sufrido en Tu cara me suena. Esta semana, le tocó imitar al hombre que nació con el nombre de José Luis Cantero. O intentarlo, pues no llegó a pronunciar todas las palabras que requería la canción. Se perdieron por el camino, frente al rostro desconcertante de Lolita.. La actuación intentaba clonar aquellas galas de José Luis Moreno. Entonces, el ventrílocuo llenaba los platós de bailarines para transmitir la sensación de fiesta apoteósica. Aunque ni quiera requería que bailaran demasiado bien. Bastaba con que ejecutaran cuatro pasos, que solían repetirse en gran parte de los playbacks. Lo importante era dar sensación de mogollón en el escenario.. Tu cara me suena se podía haber quedado en aquel jolgorio desordenado y conformarse con ver a Jesulín intentándolo. Que el hombre pone empeño. Se lo trabaja. Pero como su voz y movimiento corporal son relativos, el programa de Antena 3 es hábil para envolver la propuesta artística con el talento de los secundarios en plató. Así el caos es menos caos. Así la coreo ordena y dota al show de más enjundia desde cierta mordacidad.. La coreógrafa de Gestmusic, Miryam Benedited, ha incorporado al ‘Apatrullando’ original unos movimientos corporales dignos de Los Cantajuegos enseñando a los niños las señales de trágico. Aunque el momento culmen es cuando, detrás de Jesulín, las bailarinas y los bailarines se rejuntan hasta crear una estampa insólita: un coche humano. Una aparición indescriptible que en otro programa podría parecer un delirio y en TCMS, sin embargo, transmite vanguardia. Vanguardia socarrona, pero vanguardia. Porque el ballet de TCMS no solo danza, sobre todo interpreta. Hasta se ríe de sí mismo cuando toca, como los buenos clowns.. Y, como consecuencia, nada parece grotesco. Porque, de los bailarines hasta el público, nadie malgasta el tiempo en regodearse en el sentido del ridículo. Prefieren la alegría que siempre es una forma de modernidad.
