A un año de las elecciones cruciales que decidirán el futuro de Francia y de Europa, hay solo dos certezas en medio de un mar de interrogantes: la ultraderecha lidera los sondeos con contundencia y la izquierda está a machete en sus propias filas. O dicho de otra forma, Le Pen tiene un plan para llegar al Elíseo -sea ella o no la protagonista- y la izquierda tiene tantos que es difícil enumerarlos.. Por el momento los sondeos otorgan una cómoda ventaja al Reagrupamiento Nacional que roza el 34% en primera vuelta, aunque el dato invite a la cautela. Primero, por la falta aún de candidatos claros en el resto de formaciones y sobre todo, por esa sensación de techo de cristal que sufre el RN desde hace años, por la cual se presume que el candidato que dispute a la ultraderecha la presidencia de Francia saldrá finalmente elegido. El próximo 7 de julio la Justicia decidirá si confirma o no en apelación la inhabilitación de Le Pen por el caso del desvío de fondos europeos. Si finalmente así sucede, será su delfín, Jordan Bardella, quien tome el relevo. Una decisión judicial que marcará el pistoletazo de salida a la carrera por el Elíseo.. La izquierda francesa se desploma. Mientras tanto, la izquierda se desangra. Las mismas voces que llaman a la unidad semana tras semana y que claman que no es posible pasar a segunda vuelta si no se cuadran detrás de un único candidato, son las mismas que protagonizan zancadillas entre bastidores, trazan líneas rojas infranqueables y establecen un complejo juego de censuras y apoyos en el que nada es lo que parece. Cada semana la controversia va cambiando de nombre. La última ha sido el partido socialista. Y no ha sido un cargo menor, sino su jefe de filas en la Asamblea Nacional, Boris Vallaud.. «Al abandonar la dirección del PS, el líder de los diputados socialistas ha querido recuperar su «libertad», aunque ello suponga alimentar las especulaciones sobre sus propias ambiciones» ha sentenciado el diario Le Figaro. Esta salida pone de manifiesto el recrudecimiento de las tensiones en el seno del PS, sobre todo en torno a la cuestión de las primarias de la izquierda, que el primer secretario desea celebrar, pero a las que se opone Vallaud. Esto no impide que Olivier Faure siga al frente del partido, aunque ya no cuente con el apoyo de la mayoría y se encuentre cada vez más aislado. Faure junto a otros dirigentes ecologistas y comunistas, es partidario de celebrar unas primarias en la izquierda en las que cada vez, menos gente cree. Y a las que Vallaud no ha sido ni mucho menos el primero en dar una patada. Ya lo habían hecho antes dos pesos pesados como Mélenchon y Glucksman.. La ruptura del Nuevo Frente Popular. Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, anunció hace dos semanas, a sus 74 años, su candidatura a las presidenciales de abril de 2027, en la que será su cuarta tentativa para acceder al Elíseo. Visto como una de las figuras políticas que generan más polémica en la opinión pública francesa por sus derivas antisemitas durante los últimos años, especialmente desde el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 perpetrado por Hamás. La radicalización política de Mélenchon se ha ido incrementando a partir de la ruptura del Nuevo Frente Popular que llevó a la coalición progresista a ganar las legislativas de 2024.. Parte de su estrategia está fundamentada en su proyecto de fundación de la VI República francesa, basada en consultas populares, y el de la ‘Nueva Francia’, que aboga por el mestizaje, algo que ha seducido a las periferias de las grandes ciudades francesas, con una buena parte de poblaciones originarias del Magreb y del África subsahariana.. Un posible relevo para Macron. El contrapunto a Mélenchon lo pone otro candidato que no quiere pasar por primarias. Se trata del eurodiputado socialdemócrata Raphael Glucksmann, muy crítico con las diatribas antisemitas de Mélenchon y partidario de una línea europeísta y moderada de izquierdas. Muchos han visto en su figura a un relevo creíble de Macron, sobre todo a partir de su buen resultado en las elecciones europeas de 2024. Desde entonces, Glucksmann ha sido crítico con las alianzas de la izquierda con Mélenchon, en la misma línea del expresidente socialista François Hollande, quien también coquetea con la idea de presentar su candidatura.. En una entrevista concedida al diario Le Parisien el martes 17 de marzo, Glucksmann expresó su asombro ante la «extraña jerarquía de valores» dentro del PS, que aceptó ciertas alianzas con La Francia Insumisa en las elecciones municipales tras dar por roto el pacto del Nuevo Frente Popular con el que la izquierda se presentó a las legislativas de 2024. Todos estos movimientos han ido subrayando el momento de división que vive la izquierda francesa y su visible incapacidad para entenderse de cara a 2027. La atomización de candidaturas parece algo inevitable, como también lo es su condena a dividir el voto e impedir su acceso a segunda vuelta.
A un año de las elecciones cruciales que decidirán el futuro de Francia y de Europa, hay solo dos certezas en medio de un mar de interrogantes: la ultraderecha lidera los sondeos con contundencia y la izquierda está a machete en sus propias filas. O dicho de otra forma, Le Pen tiene un plan para llegar al Elíseo -sea ella o no la protagonista- y la izquierda tiene tantos que es difícil enumerarlos.. Por el momento los sondeos otorgan una cómoda ventaja al Reagrupamiento Nacional que roza el 34% en primera vuelta, aunque el dato invite a la cautela. Primero, por la falta aún de candidatos claros en el resto de formaciones y sobre todo, por esa sensación de techo de cristal que sufre el RN desde hace años, por la cual se presume que el candidato que dispute a la ultraderecha la presidencia de Francia saldrá finalmente elegido. El próximo 7 de julio la Justicia decidirá si confirma o no en apelación la inhabilitación de Le Pen por el caso del desvío de fondos europeos. Si finalmente así sucede, será su delfín, Jordan Bardella, quien tome el relevo. Una decisión judicial que marcará el pistoletazo de salida a la carrera por el Elíseo.. La izquierda francesa se desploma. Mientras tanto, la izquierda se desangra. Las mismas voces que llaman a la unidad semana tras semana y que claman que no es posible pasar a segunda vuelta si no se cuadran detrás de un único candidato, son las mismas que protagonizan zancadillas entre bastidores, trazan líneas rojas infranqueables y establecen un complejo juego de censuras y apoyos en el que nada es lo que parece. Cada semana la controversia va cambiando de nombre. La última ha sido el partido socialista. Y no ha sido un cargo menor, sino su jefe de filas en la Asamblea Nacional, Boris Vallaud.. «Al abandonar la dirección del PS, el líder de los diputados socialistas ha querido recuperar su «libertad», aunque ello suponga alimentar las especulaciones sobre sus propias ambiciones» ha sentenciado el diario Le Figaro. Esta salida pone de manifiesto el recrudecimiento de las tensiones en el seno del PS, sobre todo en torno a la cuestión de las primarias de la izquierda, que el primer secretario desea celebrar, pero a las que se opone Vallaud. Esto no impide que Olivier Faure siga al frente del partido, aunque ya no cuente con el apoyo de la mayoría y se encuentre cada vez más aislado. Faure junto a otros dirigentes ecologistas y comunistas, es partidario de celebrar unas primarias en la izquierda en las que cada vez, menos gente cree. Y a las que Vallaud no ha sido ni mucho menos el primero en dar una patada. Ya lo habían hecho antes dos pesos pesados como Mélenchon y Glucksman.. La ruptura del Nuevo Frente Popular. Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, anunció hace dos semanas, a sus 74 años, su candidatura a las presidenciales de abril de 2027, en la que será su cuarta tentativa para acceder al Elíseo. Visto como una de las figuras políticas que generan más polémica en la opinión pública francesa por sus derivas antisemitas durante los últimos años, especialmente desde el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 perpetrado por Hamás. La radicalización política de Mélenchon se ha ido incrementando a partir de la ruptura del Nuevo Frente Popular que llevó a la coalición progresista a ganar las legislativas de 2024.. Parte de su estrategia está fundamentada en su proyecto de fundación de la VI República francesa, basada en consultas populares, y el de la ‘Nueva Francia’, que aboga por el mestizaje, algo que ha seducido a las periferias de las grandes ciudades francesas, con una buena parte de poblaciones originarias del Magreb y del África subsahariana.. Un posible relevo para Macron. El contrapunto a Mélenchon lo pone otro candidato que no quiere pasar por primarias. Se trata del eurodiputado socialdemócrata Raphael Glucksmann, muy crítico con las diatribas antisemitas de Mélenchon y partidario de una línea europeísta y moderada de izquierdas. Muchos han visto en su figura a un relevo creíble de Macron, sobre todo a partir de su buen resultado en las elecciones europeas de 2024. Desde entonces, Glucksmann ha sido crítico con las alianzas de la izquierda con Mélenchon, en la misma línea del expresidente socialista François Hollande, quien también coquetea con la idea de presentar su candidatura.. En una entrevista concedida al diario Le Parisien el martes 17 de marzo, Glucksmann expresó su asombro ante la «extraña jerarquía de valores» dentro del PS, que aceptó ciertas alianzas con La Francia Insumisa en las elecciones municipales tras dar por roto el pacto del Nuevo Frente Popular con el que la izquierda se presentó a las legislativas de 2024. Todos estos movimientos han ido subrayando el momento de división que vive la izquierda francesa y su visible incapacidad para entenderse de cara a 2027. La atomización de candidaturas parece algo inevitable, como también lo es su condena a dividir el voto e impedir su acceso a segunda vuelta.
Las mismas voces que llaman a la unidad semana tras semana, protagonizan zancadillas entre bastidores, trazan líneas rojas infranqueables y establecen un complejo juego de censuras y apoyos en el que nada es lo que parece
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