La suficiencia y brabuconería con la que habitualmente se manejan públicamente sus líderes no disimula el castigo en todos los ámbitos sufrido por la República Islámica de Irán en los meses transcurridos desde el inicio de la operación bélica israelo-estadounidense, un castigo que sucedía además a varias semanas de multitudinarias protestas contra el sistema político -y su gestión cotidiana- nacido de la Revolución de 1979 y a la guerra de los 12 días de junio pasado. Por ahora, el régimen de los ayatolás, sustentado entre otros pilares ideológicos sobre la idea del martirio, resiste y sobrevive, pero su presente y futuro, en una frágil tregua que puede romperse en cualquier momento -el miércoles Trump aconsejaba a Teherán «ser inteligentes»- y cada vez más aislado en la región y el mundo, constituyen una auténtica incógnita.. Tras ser descabezado -la ofensiva aliada comenzaba con el asesinato del ayatolá Ali Jamenei-, poco se sabe de su hijo y sucesor Mojtaba más allá de que fue herido en un bombardeo aliado y que se oculta bien por miedo a ser eliminado o por incapacidad física. Se tengan las instrucciones del nuevo líder supremo en cuenta o su figura sea ya más un símbolo que el último eslabón en la cúspide del régimen, así como las del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el poder y la última palabra sobre las grandes decisiones tanto militares como políticas -empezando sobre los términos de la negociación con curso con Washington- se encuentra en última instancia en manos de la rama ideológica de las fuerzas armadas de la República, los otrora temibles Cuerpos de la Guardia Revolucionaria.. Un golpe a sus capacidades militares. Además de la cúpula militar y política del régimen, la República Islámica ha visto severamente diezmadas sus capacidades militares tras las seis semanas de bombardeos aliados contra sus sistemas de defensa y misiles y varias instalaciones castrenses. Las aviaciones de Israel y EE UU han castigado también varias instalaciones nucleares como Arak y Yazd, así como instalaciones industriales petroquímicas y las siderúrgicas.. Aunque la operación israelí había comenzado a finales de 2024, su apoyo a Teherán ha supuesto también una severa mengua para las capacidades bélicas de la red de fuerzas paramilitares leales al régimen, empezando por Hizbulá, que ha sufrido una nueva campaña de castigo a manos de las Fuerzas de Defensa desde comienzos de marzo pasado.. Sobre el actual impasse, el analista iraní e investigador asociado a la Universidad de Alicante Ehsan Rahimi asegura que «Irán no está perdiendo la guerra en términos convencionales, pero sí entrando en una fase de erosión estructural. El riesgo central no radica en un colapso inmediato, sino en la acumulación de tensiones que refuerzan la securitización del sistema en detrimento de su eficiencia». «A corto plazo, este modelo puede sostener estabilidad relativa; a medio plazo, erosiona la economía, la legitimidad interna y la capacidad de gobernanza. La cuestión no es quién prevalece hoy, sino si este equilibrio puede sostenerse bajo presión prolongada en un entorno regional adverso», afirma Rahimi.. Por su parte, el politólogo hispano-iraní Daniel Bashandeh recuerda que «la República Islámica basa su estrategia en la resistencia. El pulso con Trump estará determinado por su nivel de motivación y por los costes que Irán esté dispuesto a asumir en un contexto de reorganización del poder». «Con ello, el régimen trata de desgastar al presidente estadounidense tanto en el frente bélico como en el diplomático», concluye analista especializado en Irán.. Si el deterioro de las condiciones económicas de la mayoría de la población fue la fuerza que empujó a finales de diciembre a los comerciantes de Teherán a echarse a la calle, la situación no ha hecho naturalmente más que agravarse desde que comenzó la guerra para un régimen asfixiado económicamente como resultado de las sanciones, el bloqueo naval a los puertos y buques iraníes impuesto por Washington y los daños causados por los bombardeos aliados.. La inflación supera el 70%. Así las cosas, la inflación supera el 70%, y en algunos productos esenciales ha llegado al 100%. La caída de la producción económica y el daño físico sufrido por numerosas instalaciones industriales y energéticas -con medio centenar de plantas petroquímicas y la principal acería iraní cerradas-han provocado hasta un millón de despidos directos y dos millones indirectos, de acuerdos con los datos del Ministerio de Trabajo iraní, lo que ha hundido aún más el poder adquisitivo de millones de familias en todo el país.. En consecuencia, la disrupción en la actividad industrial acabará por golpear también al sector de la construcción, que da empleo a casi cuatro millones de personas. Globalmente, siempre según el Gobierno iraní, los ataques estadounidenses e israelíes han causado daños por valor de 270.000 millones de dólares y afectado a casi 3.000 infraestructuras industriales.. En este contexto, las autoridades iraníes no tienen otro recurso que el de la intimidación y la violencia. La presencia de los paramilitares de la Fuerza Basij es cada vez más importante en las calles de las ciudades iraníes, y el aparato judicial no ha tenido piedad con los involucrados en las protestas del pasado mes de enero. Según datos de Naciones Unidas hechos ayer públicos, desde el inicio de la guerra las autoridades iraníes han detenido a 4.000 personas y ejecutado a 21 por su implicación en las protestas del pasado enero.. Además, el apagón de Internet, que esta semana ha cumplido dos meses, no sólo ha dejado incomunicada a una gran parte de la población, sino que ha aumentado el castigo económico a miles de empresas. Las estimaciones más conservadoras del régimen aseguran que unas 3.500 personas han perdido la vida en las seis semanas de ataques estadounidenses e israelíes.
La suficiencia y brabuconería con la que habitualmente se manejan públicamente sus líderes no disimula el castigo en todos los ámbitos sufrido por la República Islámica de Irán en los meses transcurridos desde el inicio de la operación bélica israelo-estadounidense, un castigo que sucedía además a varias semanas de multitudinarias protestas contra el sistema político -y su gestión cotidiana- nacido de la Revolución de 1979 y a la guerra de los 12 días de junio pasado. Por ahora, el régimen de los ayatolás, sustentado entre otros pilares ideológicos sobre la idea del martirio, resiste y sobrevive, pero su presente y futuro, en una frágil tregua que puede romperse en cualquier momento -el miércoles Trump aconsejaba a Teherán «ser inteligentes»- y cada vez más aislado en la región y el mundo, constituyen una auténtica incógnita.. Tras ser descabezado -la ofensiva aliada comenzaba con el asesinato del ayatolá Ali Jamenei-, poco se sabe de su hijo y sucesor Mojtaba más allá de que fue herido en un bombardeo aliado y que se oculta bien por miedo a ser eliminado o por incapacidad física. Se tengan las instrucciones del nuevo líder supremo en cuenta o su figura sea ya más un símbolo que el último eslabón en la cúspide del régimen, así como las del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el poder y la última palabra sobre las grandes decisiones tanto militares como políticas -empezando sobre los términos de la negociación con curso con Washington- se encuentra en última instancia en manos de la rama ideológica de las fuerzas armadas de la República, los otrora temibles Cuerpos de la Guardia Revolucionaria.. Un golpe a sus capacidades militares. Además de la cúpula militar y política del régimen, la República Islámica ha visto severamente diezmadas sus capacidades militares tras las seis semanas de bombardeos aliados contra sus sistemas de defensa y misiles y varias instalaciones castrenses. Las aviaciones de Israel y EE UU han castigado también varias instalaciones nucleares como Arak y Yazd, así como instalaciones industriales petroquímicas y las siderúrgicas.. Aunque la operación israelí había comenzado a finales de 2024, su apoyo a Teherán ha supuesto también una severa mengua para las capacidades bélicas de la red de fuerzas paramilitares leales al régimen, empezando por Hizbulá, que ha sufrido una nueva campaña de castigo a manos de las Fuerzas de Defensa desde comienzos de marzo pasado.. Sobre el actual impasse, el analista iraní e investigador asociado a la Universidad de Alicante Ehsan Rahimi asegura que «Irán no está perdiendo la guerra en términos convencionales, pero sí entrando en una fase de erosión estructural. El riesgo central no radica en un colapso inmediato, sino en la acumulación de tensiones que refuerzan la securitización del sistema en detrimento de su eficiencia». «A corto plazo, este modelo puede sostener estabilidad relativa; a medio plazo, erosiona la economía, la legitimidad interna y la capacidad de gobernanza. La cuestión no es quién prevalece hoy, sino si este equilibrio puede sostenerse bajo presión prolongada en un entorno regional adverso», afirma Rahimi.. Por su parte, el politólogo hispano-iraní Daniel Bashandeh recuerda que «la República Islámica basa su estrategia en la resistencia. El pulso con Trump estará determinado por su nivel de motivación y por los costes que Irán esté dispuesto a asumir en un contexto de reorganización del poder». «Con ello, el régimen trata de desgastar al presidente estadounidense tanto en el frente bélico como en el diplomático», concluye analista especializado en Irán.. Si el deterioro de las condiciones económicas de la mayoría de la población fue la fuerza que empujó a finales de diciembre a los comerciantes de Teherán a echarse a la calle, la situación no ha hecho naturalmente más que agravarse desde que comenzó la guerra para un régimen asfixiado económicamente como resultado de las sanciones, el bloqueo naval a los puertos y buques iraníes impuesto por Washington y los daños causados por los bombardeos aliados.. La inflación supera el 70%. Así las cosas, la inflación supera el 70%, y en algunos productos esenciales ha llegado al 100%. La caída de la producción económica y el daño físico sufrido por numerosas instalaciones industriales y energéticas -con medio centenar de plantas petroquímicas y la principal acería iraní cerradas-han provocado hasta un millón de despidos directos y dos millones indirectos, de acuerdos con los datos del Ministerio de Trabajo iraní, lo que ha hundido aún más el poder adquisitivo de millones de familias en todo el país.. En consecuencia, la disrupción en la actividad industrial acabará por golpear también al sector de la construcción, que da empleo a casi cuatro millones de personas. Globalmente, siempre según el Gobierno iraní, los ataques estadounidenses e israelíes han causado daños por valor de 270.000 millones de dólares y afectado a casi 3.000 infraestructuras industriales.. En este contexto, las autoridades iraníes no tienen otro recurso que el de la intimidación y la violencia. La presencia de los paramilitares de la Fuerza Basij es cada vez más importante en las calles de las ciudades iraníes, y el aparato judicial no ha tenido piedad con los involucrados en las protestas del pasado mes de enero. Según datos de Naciones Unidas hechos ayer públicos, desde el inicio de la guerra las autoridades iraníes han detenido a 4.000 personas y ejecutado a 21 por su implicación en las protestas del pasado enero.. Además, el apagón de Internet, que esta semana ha cumplido dos meses, no sólo ha dejado incomunicada a una gran parte de la población, sino que ha aumentado el castigo económico a miles de empresas. Las estimaciones más conservadoras del régimen aseguran que unas 3.500 personas han perdido la vida en las seis semanas de ataques estadounidenses e israelíes.
Debilitado por los bombardeos, la crisis económica y la represión interna, el régimen de los ayatolás sobrevive en una frágil tregua mientras aumenta su aislamiento regional e internacional
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
