Normalmente la realidad política, al menos en cuanto al activismo, suele ser relativamente sencilla. Es decir, hay un bando y hay otro, se enfrentan y al final la causa de alguno acaba ganando. No obstante, parece que esto no es lo habitual para ciertas organizaciones de extrema izquierda que, como se ha revelado recientemente, podrían haber financiado con millones de dólares a sus supuestos enemigos declarados. Hace pocos días se revelaba que la Southern Poverty Law Center, una organización de izquierdas de EE.UU. enfocada en el antirracismo, habría financiado a organizaciones supremacistas blancas en el país de acuerdo con las acusaciones del Departamento de Justicia, aún no resueltas. Entre los varios ejemplos que se recogen en el documento «United States of America vs Southern Poverty Law Center Inc», hecho público por el fiscal Todd Blanche y el director del FBI Kash Patel, destaca el caso del Ku Klux Klan. Y es que esta organización, terrible en su época y más bien paródica en la actualidad, habría recibido durante años financiación por parte de esta entidad antirracista. En teoría, al menos con los datos actuales, las cifras que estas organizaciones, incluyendo al Klan, habrían recibido se acercarían a los tres millones de dólares entre los años 2013 y 2023. Este dinero habría sido recibido por Southern Poverty Law Center de sus donantes para luego, mediante varios sistemas, llegar a las manos de estas organizaciones. Estas donaciones irían enfocadas a individuos concretos que se convertirían en informantes y colaboradores. Entre los más destacados se encuentran un Gran Mago del Ku Klux Klan, un alto cargo del National Alliance y uno de los organizadores de los disturbios de Charlottesville del año 2017, unas revueltas organizadas por grupos neonazis que causaron tres muertes y decenas de heridos. Ahora bien, la organización antirracista afirma que esto era debido a que deseaban monitorizar las actividades de estas organizaciones mediante informantes y que el departamento de justicia lo conocía. No obstante, resulta muy iluso creer que nunca se les hubiese ocurrido que esos millones de dólares repartidos no se usarían para ningún fin en concreto. Es aquí donde cabe pensar que a lo mejor estamos ante un flagrante caso de algo que en ciencias políticas se conoce como «Radical flank effect».. Esto es una estrategia de comunicación política que busca, grosso modo, legitimar las propias posturas mediante el apoyo de los extremos. Es decir, si hay más nazis en este caso, mi organización, el Southern Poverty Law Center, es por ende más necesaria que nunca. Aunque pueda parecer algo maquiavélico, se utiliza mucho en política y ha sido una herramienta estándar en buena parte del activismo, sobre todo en Estados Unidos.. Ingeniería social. Un magnífico artículo publicado por la Universidad de Oxford en 2022 titulado «Radical flanks of social movements can increase support for moderate factions», analiza cómo cuando un grupo extremista crece, aumenta de igual manera el apoyo a opciones consideradas como moderadas o más razonables. Es decir, estos grupos mueven lo que es socialmente considerado correcto, la llamada ventana de Overton, y movimientos que antes nos parecían radicales de repente se vuelven moderados y aceptables.. El FBI lo hizo en Estados Unidos durante décadas con la colaboración de miembros de estas organizaciones. El libro «There’s Something Happening Here The New Left the Klan and FBI Counterintelligence» publicado en 2004 por el profesor David Cunningham nos relata cómo organizaciones del Estado aliadas con facciones de extrema derecha o izquierda manipulaban a grupos rivales, forzaban actos o aumentaban el extremismo de ciertos movimientos para justificar políticas públicas. Así auparon a grupos para que otros perdieran fuerza o cuando querían dar una mala imagen de determinados movimientos impulsaban acciones violentas mediante la financiación y sus infiltrados. Un ejercicio de ingeniería social en toda regla. En este caso particular no parece que el FBI haya estado influyendo, pero el grupo podría haber copiado las estrategias de control mediático que han usado otros actores a lo largo de la historia de Estados Unidos. Así, la financiación de estos cargos en organizaciones nazis les permitiría no solo conocer el funcionamiento interno, sino también empujar ciertas agendas que a ellos como organización les beneficiarían. Por supuesto, esto es por ahora teoría y habrá que ver qué ocurre en el proceso judicial, pero la revelación de estas informaciones resulta verdaderamente llamativa. Más allá de las explicaciones oficiales sobre el uso de informantes y la vigilancia de grupos extremistas, el caso abre una cuestión más incómoda, la posibilidad de que esta financiación pretenda crear también un relato político de alarma. En ese sentido no resulta descabellado plantear que la propia existencia y mantenimiento de ciertos actores radicales pueda haber terminado siendo funcional para reforzar la relevancia de grupos como el Southern Poverty Law Center. Al final, lo que nos revela esto es que debemos tener cuidado con las informaciones que creemos y que el activismo, si las afirmaciones del Departamento de Justicia son ciertas, esconde unas sombras muy alargadas.
Documentos revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos nos muestran la cara más oculta de las organizaciones progresistas
Normalmente la realidad política, al menos en cuanto al activismo, suele ser relativamente sencilla. Es decir, hay un bando y hay otro, se enfrentan y al final la causa de alguno acaba ganando. No obstante, parece que esto no es lo habitual para ciertas organizaciones de extrema izquierda que, como se ha revelado recientemente, podrían haber financiado con millones de dólares a sus supuestos enemigos declarados. Hace pocos días se revelaba que la Southern Poverty Law Center, una organización de izquierdas de EE.UU. enfocada en el antirracismo, habría financiado a organizaciones supremacistas blancas en el país de acuerdo con las acusaciones del Departamento de Justicia, aún no resueltas. Entre los varios ejemplos que se recogen en el documento «United States of America vs Southern Poverty Law Center Inc», hecho público por el fiscal Todd Blanche y el director del FBI Kash Patel, destaca el caso del Ku Klux Klan. Y es que esta organización, terrible en su época y más bien paródica en la actualidad, habría recibido durante años financiación por parte de esta entidad antirracista. En teoría, al menos con los datos actuales, las cifras que estas organizaciones, incluyendo al Klan, habrían recibido se acercarían a los tres millones de dólares entre los años 2013 y 2023. Este dinero habría sido recibido por Southern Poverty Law Center de sus donantes para luego, mediante varios sistemas, llegar a las manos de estas organizaciones. Estas donaciones irían enfocadas a individuos concretos que se convertirían en informantes y colaboradores. Entre los más destacados se encuentran un Gran Mago del Ku Klux Klan, un alto cargo del National Alliance y uno de los organizadores de los disturbios de Charlottesville del año 2017, unas revueltas organizadas por grupos neonazis que causaron tres muertes y decenas de heridos. Ahora bien, la organización antirracista afirma que esto era debido a que deseaban monitorizar las actividades de estas organizaciones mediante informantes y que el departamento de justicia lo conocía. No obstante, resulta muy iluso creer que nunca se les hubiese ocurrido que esos millones de dólares repartidos no se usarían para ningún fin en concreto. Es aquí donde cabe pensar que a lo mejor estamos ante un flagrante caso de algo que en ciencias políticas se conoce como «Radical flank effect».. Esto es una estrategia de comunicación política que busca, grosso modo, legitimar las propias posturas mediante el apoyo de los extremos. Es decir, si hay más nazis en este caso, mi organización, el Southern Poverty Law Center, es por ende más necesaria que nunca. Aunque pueda parecer algo maquiavélico, se utiliza mucho en política y ha sido una herramienta estándar en buena parte del activismo, sobre todo en Estados Unidos.. Ingeniería social. Un magnífico artículo publicado por la Universidad de Oxford en 2022 titulado «Radical flanks of social movements can increase support for moderate factions», analiza cómo cuando un grupo extremista crece, aumenta de igual manera el apoyo a opciones consideradas como moderadas o más razonables. Es decir, estos grupos mueven lo que es socialmente considerado correcto, la llamada ventana de Overton, y movimientos que antes nos parecían radicales de repente se vuelven moderados y aceptables.. El FBI lo hizo en Estados Unidos durante décadas con la colaboración de miembros de estas organizaciones. El libro «There’s Something Happening Here The New Left the Klan and FBI Counterintelligence» publicado en 2004 por el profesor David Cunningham nos relata cómo organizaciones del Estado aliadas con facciones de extrema derecha o izquierda manipulaban a grupos rivales, forzaban actos o aumentaban el extremismo de ciertos movimientos para justificar políticas públicas. Así auparon a grupos para que otros perdieran fuerza o cuando querían dar una mala imagen de determinados movimientos impulsaban acciones violentas mediante la financiación y sus infiltrados. Un ejercicio de ingeniería social en toda regla. En este caso particular no parece que el FBI haya estado influyendo, pero el grupo podría haber copiado las estrategias de control mediático que han usado otros actores a lo largo de la historia de Estados Unidos. Así, la financiación de estos cargos en organizaciones nazis les permitiría no solo conocer el funcionamiento interno, sino también empujar ciertas agendas que a ellos como organización les beneficiarían. Por supuesto, esto es por ahora teoría y habrá que ver qué ocurre en el proceso judicial, pero la revelación de estas informaciones resulta verdaderamente llamativa. Más allá de las explicaciones oficiales sobre el uso de informantes y la vigilancia de grupos extremistas, el caso abre una cuestión más incómoda, la posibilidad de que esta financiación pretenda crear también un relato político de alarma. En ese sentido no resulta descabellado plantear que la propia existencia y mantenimiento de ciertos actores radicales pueda haber terminado siendo funcional para reforzar la relevancia de grupos como el Southern Poverty Law Center. Al final, lo que nos revela esto es que debemos tener cuidado con las informaciones que creemos y que el activismo, si las afirmaciones del Departamento de Justicia son ciertas, esconde unas sombras muy alargadas.
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