Fueron noticia estas últimas semanas: en Murcia el 63% de los aspirantes a maestros de Primaria han suspendido, en Asturias el porcentaje de no aptos ha sido del 61% y en Castilla-La Mancha ha alcanzado el 59%. Peores han sido los números de Castilla y León, pues, de los 11.776 presentados a las oposiciones de Secundaria y otros cuerpos docentes, el 83% no ha llegado al aprobado. Son cifras alarmantes que hablan por sí solas del fracaso del actual sistema educativo, un sistema que prioriza las competencias o capacidades sobre los conocimientos y se sustenta en una jerga pedagógica que ha acabado con la esencia de casi todas las asignaturas.
Más alarmantes aún, y más tristes, si se considera que la culpa del estropicio cabe achacarla en parte a las faltas de ortografía, y eso que en la mayoría de las convocatorias la penalización no podía exceder los tres puntos. ¡Faltas de ortografía cuando se trata de evaluar a los futuros maestros, los encargados de enseñar a escribir con corrección, algunos de los cuales han escrito «abances» (por avances), «llendo» (por yendo, de ir), «surga» (por surja, de surgir) o «glovo» (por globo)!
Enseñar a escribir con corrección… Algo que dejó de enseñarse en las escuelas cuando las dichosas nuevas pedagogías empezaron a predicar la idea de que lo importante para el niño era que se expresara con libertad. La ortografía, que fue siempre motivo de orgullo (como la buena letra), se convirtió entonces en una traba, una cortapisa, una imposición. Y el día en que profesores y alumnos dejaron de considerar que era una obligación enseñarla y aprenderla comenzó el problema. De aquellas ideas, estos resultados.
No se entiende, y es sencillamente un disparate, que el actual sistema educativo desdeñe y desatienda la ortografía, y con ella, y por extensión, la redacción y la expresión escrita, herramientas esenciales en cualquier aprendizaje, no solo el escolar, y tan útiles y apreciadas para acceder a puestos de trabajo cualificados. Por no hablar de otros desatinos y atropellos, como el destierro de la memoria, que para qué sirve ya si el Google y la IA lo saben todo.
Enseñar a escribir con corrección, que siempre, desde hace siglos, los maestros consideraron que era una de sus principales obligaciones, sin que se preguntaran nunca si ello era transmitir competencias o proporcionar contenidos, ha de ser una prioridad educativa. Y, naturalmente, los aspirantes a profesores deben conocer y aplicar las normas ortográficas (el sello de calidad de cualquier escrito), que no son un capricho académico sino una elemental convención asumida por todos los hablantes de una lengua.
Una sombra, sin embargo, se cierne sobre el horizonte: que, para disfrazar o soslayar el problema, se recurra a la misma fórmula ya empleada en las distintas etapas educativas, desde la Primaria hasta el Bachillerato, esto es, que se baje también el nivel de exigencia en las oposiciones y asunto concluido.
Se cree erróneamente que el sistema educativo existente ignora y pasa por alto la ortografía, que es infundada y sin sentido.
En las últimas semanas, ha habido una disminución significativa en el número de personas que buscan carreras como maestros de primaria. En Murcia, la tasa de abandono escolar ha aumentado al 63%. De igual modo, en Asturias, el 61% de los candidatos han sido considerados no aptos para la profesión. En Castilla-La Mancha, este porcentaje ha alcanzado el 59%. En Castilla y León, la situación ha sido más desfavorable, ya que el 83% de las 11.776 solicitudes presentadas por instituciones de enseñanza secundaria y otras instituciones educativas en oposición no han recibido aprobación. Estas estadísticas son preocupantes y indican la insuficiencia del sistema educativo existente, que hace hincapié en la competencia o el potencial más que en el conocimiento. Este sistema se basa en un léxico pedagógico que ha socavado el núcleo de casi todos los temas. Además, es desalentador constatar que los errores de ortografía han contribuido al caos, y en la mayoría de los casos, las sanciones impuestas no superaron los tres puntos. Habilidades de ortografía inadecuadas en la evaluación de futuros educadores, que están a cargo de enseñar la escritura adecuada, algunos de los cuales han utilizado ortografías incorrectas como «abances» (que significa avances), «lendo» (que significa ir o ir), «surga» (que significa surja o surgir) y «glovo» (que significa globo). Instruyendo técnicas de escritura adecuadas… una práctica que cesó cuando los métodos de enseñanza innovadores abogaron por la autoexpresión desenfrenada, considerándola más importante que la instrucción formal. Orgullosamente perfeccionado, la ortografía se transformó en un obstáculo, una restricción y una carga no deseada. El problema surgió cuando los educadores y los alumnos ya no percibieron como un deber impartir y absorber conocimientos.
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