«No es por ego, nunca me han entrado ganas», dice Iñigo Pérez, para explicar por qué no suele repasar derrotas tan dolorosas como la de hoy. «No creo que vea este partido nunca más en mi vida. Las finales que perdí nunca las vi», añade. «No creo que pueda digerirla, no nos han dejado mostrar nuestras virtudes», asegura el entrenador del Rayo Vallecano. Iñigo define sus sentimientos como una mezcla de «dolor, rabia y tristeza por sentir que una oportunidad como esta se ha escapado y la complejidad de que se vuelva a dar una situación así».. Después de perder una final, la primera en la historia del Rayo, queda una sensación de vacío que es difícil de explicar. «Los entrenadores que hemos empezado jóvenes y tenemos que lidiar con situaciones nuevas y que son difíciles para nosotros, tenemos que acudir s referentes, a entrenadores que son los que mejor lo hacen, que te puedan transmitir algo y que tú lo puedas transmitir a tus jugadores. No tengo mucho más que ofrecer, acabo de empezar», asume.. En el fondo permanece un sentimiento constante, el orgullo del barrio, por sí mismo y por el Rayo y el de los futbolistas y el cuerpo técnico por una afición que los ha acompañado siempre. «Es eterno [el orgullo], uno no tiene palabras para poder agradecerlo. Si algo he aprendido es que el sufrimiento y las dificultades forman parte de nuestra esencia, de ahí salimos hacia arriba en días como el de hoy, pero estoy muy orgulloso de los jugadores, de esta afición y de lo que representan», asume Iñigo.. «Hay retos y desafíos como el Crystal Palace hoy, muy difícil. Seguir y siempre poner un pie delante de otro para mostrarte seguro y no tener miedo es una de las grandes virtudes que tenemos y siento mucho orgullo. Cuando uno pierde está mal y siente dolor, pero me gusta sentir que ha habido felicidad en el barrio y en la afición este año. Pero cuando ves las caras te derrumbas, sientes lo que hubiera sido en caso de victoria. Sería una explosión terrible y te da rabia», continúa Iñigo en la sala de prensa del Leipzig Stadium, el Red Bull Arena cuando juega el equipo de la ciudad.. La afición está en el fondo de todo lo que gira alrededor del equipo vallecano. «Es el principal motor del Rayo, la afición. Son ellos, es por ellos y por ellos es por lo que nos rompemos cuando perdemos. Ganar o perder es parte del juego, nos hemos mantenido equilibrados en la derrota y en la victoria, pero hoy es imposible mantenerte entero. No hemos podido jugar el partido que teníamos en la cabeza que la gente viera al Rayo reproducir lo que lleva dentro. El rival ha sido mejor, nos ha superado y son justos vencedores», reconoce el preparador de la Franja. «No creo que la falta de experiencia nuestra y que ellos hayan ganado finales haya sido definitivo», agrega.. Ha sido una temporada muy larga, pero Iñigo asegura que no llega cansado. «Cansancio es algo que tenemos todos cuando pasas mucho tiempo concentrado en algo y tienes una alta demanda de energía, pero no estoy cansado, soy un privilegiado, me apasiona mi trabajo. Tengo un grupo de jugadores extremadamente solidario. Ojalá todas las temporadas fueran tan largas. Me da rabia no poder entregar a la afición algo que pensabas. No estoy cansado, no pienso en retirarme. Soy un privilegiado», advierte. Aunque no quiere hablar de su futuro cuando le preguntan si un círculo se cierra. «Tengo un pudor enorme de hablar de una situación individual como la mía. Ganar o perder genera felicidad o frustración. El impacto es perder, te duele y te deja totalmente sin fuerza y viendo a la gente lo que han hecho por nosotros, llorando de emoción, es duro de digerir para nosotros. Ojalá podamos aumentar el círculo cuando pase este dolor. La ambición no se mide en una sala de prensa por medio de las palabras, se mide por los actos y los jugadores van sobrados de eso», sentencia.
«Dolor, rabia y tristeza» es lo que siente el entrenador del Rayo Vallecano después de la derrota en la final de la Conference League
«No es por ego, nunca me han entrado ganas», dice Iñigo Pérez, para explicar por qué no suele repasar derrotas tan dolorosas como la de hoy. «No creo que vea este partido nunca más en mi vida. Las finales que perdí nunca las vi», añade. «No creo que pueda digerirla, no nos han dejado mostrar nuestras virtudes», asegura el entrenador del Rayo Vallecano. Iñigo define sus sentimientos como una mezcla de «dolor, rabia y tristeza por sentir que una oportunidad como esta se ha escapado y la complejidad de que se vuelva a dar una situación así».. Después de perder una final, la primera en la historia del Rayo, queda una sensación de vacío que es difícil de explicar. «Los entrenadores que hemos empezado jóvenes y tenemos que lidiar con situaciones nuevas y que son difíciles para nosotros, tenemos que acudir s referentes, a entrenadores que son los que mejor lo hacen, que te puedan transmitir algo y que tú lo puedas transmitir a tus jugadores. No tengo mucho más que ofrecer, acabo de empezar», asume.. En el fondo permanece un sentimiento constante, el orgullo del barrio, por sí mismo y por el Rayo y el de los futbolistas y el cuerpo técnico por una afición que los ha acompañado siempre. «Es eterno [el orgullo], uno no tiene palabras para poder agradecerlo. Si algo he aprendido es que el sufrimiento y las dificultades forman parte de nuestra esencia, de ahí salimos hacia arriba en días como el de hoy, pero estoy muy orgulloso de los jugadores, de esta afición y de lo que representan», asume Iñigo.. «Hay retos y desafíos como el Crystal Palace hoy, muy difícil. Seguir y siempre poner un pie delante de otro para mostrarte seguro y no tener miedo es una de las grandes virtudes que tenemos y siento mucho orgullo. Cuando uno pierde está mal y siente dolor, pero me gusta sentir que ha habido felicidad en el barrio y en la afición este año. Pero cuando ves las caras te derrumbas, sientes lo que hubiera sido en caso de victoria. Sería una explosión terrible y te da rabia», continúa Iñigo en la sala de prensa del Leipzig Stadium, el Red Bull Arena cuando juega el equipo de la ciudad.. La afición está en el fondo de todo lo que gira alrededor del equipo vallecano. «Es el principal motor del Rayo, la afición. Son ellos, es por ellos y por ellos es por lo que nos rompemos cuando perdemos. Ganar o perder es parte del juego, nos hemos mantenido equilibrados en la derrota y en la victoria, pero hoy es imposible mantenerte entero. No hemos podido jugar el partido que teníamos en la cabeza que la gente viera al Rayo reproducir lo que lleva dentro. El rival ha sido mejor, nos ha superado y son justos vencedores», reconoce el preparador de la Franja. «No creo que la falta de experiencia nuestra y que ellos hayan ganado finales haya sido definitivo», agrega.. Ha sido una temporada muy larga, pero Iñigo asegura que no llega cansado. «Cansancio es algo que tenemos todos cuando pasas mucho tiempo concentrado en algo y tienes una alta demanda de energía, pero no estoy cansado, soy un privilegiado, me apasiona mi trabajo. Tengo un grupo de jugadores extremadamente solidario. Ojalá todas las temporadas fueran tan largas. Me da rabia no poder entregar a la afición algo que pensabas. No estoy cansado, no pienso en retirarme. Soy un privilegiado», advierte. Aunque no quiere hablar de su futuro cuando le preguntan si un círculo se cierra. «Tengo un pudor enorme de hablar de una situación individual como la mía. Ganar o perder genera felicidad o frustración. El impacto es perder, te duele y te deja totalmente sin fuerza y viendo a la gente lo que han hecho por nosotros, llorando de emoción, es duro de digerir para nosotros. Ojalá podamos aumentar el círculo cuando pase este dolor. La ambición no se mide en una sala de prensa por medio de las palabras, se mide por los actos y los jugadores van sobrados de eso», sentencia.
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