La calma ha vuelto a medias al hospital Viamed de Sevilla, donde Morante de la Puebla ya descansa en planta tras abandonar la UCI. Sin embargo, la procesión va por dentro. Lo que en la plaza pareció un seco impacto de un toro de Hermanos García Jiménez, se tradujo en la enfermería en una herida de una complejidad técnica inusual que afecta a la zona anal y rectal. El doctor Octavio Mulet, jefe de los servicios médicos de la Maestranza, confirmó a LA RAZÓN que el diestro cigarrero se enfrenta a un proceso de curación lento y meticuloso: “Más que una cornada de gravedad inmediata, se trata de lesiones delicadas por su localización. Ha sido necesaria una reconstrucción de los esfínteres, lo que convierte la intervención en una cirugía compleja”.. El fantasma de la colostomía (la apertura de una vía externa para la evacuación) sobrevoló el quirófano de la plaza durante la intervención. Era el peor escenario posible para un hombre que vive por y para el cuerpo a cuerpo con el toro. No obstante, el equipo médico optó por una estrategia conservadora pero estricta: “Se planteó esa posibilidad, pero cuando la perforación no es excesivamente extensa se puede reparar bien. Hemos optado por lo que llamamos una ‘colostomía química’, que consiste en dejarlo sin alimentación oral para que el residuo que llegue a la zona sea ninguno o mínimo”. El objetivo es que la costura interna en el recto cicatrice en un entorno lo más estéril posible.. La gran amenaza ahora no es el dolor, sino la infección. Por la ubicación de la cornada, el riesgo de contaminación bacteriana es máximo, lo que obliga a un seguimiento clínico exhaustivo durante la primera semana. El doctor Mulet es tajante respecto a la prudencia que dicta el calendario: “Habrá que esperar al menos unos diez días para evaluar la evolución antes de establecer plazos. El primer riesgo que preocupa en estos casos es el tema de las infecciones por el sitio tan peligroso que es”. Estos diez días son, por tanto, la verdadera «aduana» que determinará si el plan médico ha tenido éxito o si Morante debe volver a pasar por el quirófano y valorar esa colostomía que se quiere evitar, entre otras intervenciones.. Más allá de la cicatrización, preocupa la funcionalidad futura de una zona clave para el esfuerzo físico que requiere el toreo. La musculatura del esfínter ha quedado dañada y su reparación es solo el primer paso de un largo camino. Según explica el cirujano, la vuelta a los ruedos no será inmediata ni sencilla: “La recuperación provocará algún tipo de disfunción que requerirá rehabilitación y trabajo para que todo llegue a su mejor estado. No podemos dar una fecha de recuperación, la evolución es la que manda”. La capacidad del genio de La Puebla para soportar el esfuerzo abdominal al entrar a matar o al cuajar un natural dependerá de cómo responda esa musculatura reconstruida.. A pesar de la dureza del trance, el ánimo del torero sigue intacto, aferrado a esa mística que le ha hecho reaparecer de mil batallas previas. “De ánimo lo vi bien, muy puesto a recuperarse, a pesar del intenso dolor que ha sufrido”, concluye Mulet, quien respira aliviado al ver que, de momento, la fiebre no ha aparecido. Morante tiene por delante una recuperación que no se mide en tardes, sino en milímetros de tejido regenerado. El toreo espera, pero los tiempos del toreo se detienen ante los tiempos de la medicina: la prioridad absoluta es que el hombre sane para que el artista pueda, algún día, volver a soñar frente a un toro.
El doctor Octavio Mulet desvela la complejidad de la reconstrucción de esfínteres y el plan extremo para evitar una colostomía tras la grave cornada sufrida por el genio cigarrero
La calma ha vuelto a medias al hospital Viamed de Sevilla, donde Morante de la Puebla ya descansa en planta tras abandonar la UCI. Sin embargo, la procesión va por dentro. Lo que en la plaza pareció un seco impacto de un toro de Hermanos García Jiménez, se tradujo en la enfermería en una herida de una complejidad técnica inusual que afecta a la zona anal y rectal. El doctor Octavio Mulet, jefe de los servicios médicos de la Maestranza, confirmó a LA RAZÓN que el diestro cigarrero se enfrenta a un proceso de curación lento y meticuloso: “Más que una cornada de gravedad inmediata, se trata de lesiones delicadas por su localización. Ha sido necesaria una reconstrucción de los esfínteres, lo que convierte la intervención en una cirugía compleja”.. El fantasma de la colostomía (la apertura de una vía externa para la evacuación) sobrevoló el quirófano de la plaza durante la intervención. Era el peor escenario posible para un hombre que vive por y para el cuerpo a cuerpo con el toro. No obstante, el equipo médico optó por una estrategia conservadora pero estricta: “Se planteó esa posibilidad, pero cuando la perforación no es excesivamente extensa se puede reparar bien. Hemos optado por lo que llamamos una ‘colostomía química’, que consiste en dejarlo sin alimentación oral para que el residuo que llegue a la zona sea ninguno o mínimo”. El objetivo es que la costura interna en el recto cicatrice en un entorno lo más estéril posible.. La gran amenaza ahora no es el dolor, sino la infección. Por la ubicación de la cornada, el riesgo de contaminación bacteriana es máximo, lo que obliga a un seguimiento clínico exhaustivo durante la primera semana. El doctor Mulet es tajante respecto a la prudencia que dicta el calendario: “Habrá que esperar al menos unos diez días para evaluar la evolución antes de establecer plazos. El primer riesgo que preocupa en estos casos es el tema de las infecciones por el sitio tan peligroso que es”. Estos diez días son, por tanto, la verdadera «aduana» que determinará si el plan médico ha tenido éxito o si Morante debe volver a pasar por el quirófano y valorar esa colostomía que se quiere evitar, entre otras intervenciones.. Más allá de la cicatrización, preocupa la funcionalidad futura de una zona clave para el esfuerzo físico que requiere el toreo. La musculatura del esfínter ha quedado dañada y su reparación es solo el primer paso de un largo camino. Según explica el cirujano, la vuelta a los ruedos no será inmediata ni sencilla: “La recuperación provocará algún tipo de disfunción que requerirá rehabilitación y trabajo para que todo llegue a su mejor estado. No podemos dar una fecha de recuperación, la evolución es la que manda”. La capacidad del genio de La Puebla para soportar el esfuerzo abdominal al entrar a matar o al cuajar un natural dependerá de cómo responda esa musculatura reconstruida.. A pesar de la dureza del trance, el ánimo del torero sigue intacto, aferrado a esa mística que le ha hecho reaparecer de mil batallas previas. “De ánimo lo vi bien, muy puesto a recuperarse, a pesar del intenso dolor que ha sufrido”, concluye Mulet, quien respira aliviado al ver que, de momento, la fiebre no ha aparecido. Morante tiene por delante una recuperación que no se mide en tardes, sino en milímetros de tejido regenerado. El toreo espera, pero los tiempos del toreo se detienen ante los tiempos de la medicina: la prioridad absoluta es que el hombre sane para que el artista pueda, algún día, volver a soñar frente a un toro.
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