Los visitantes de la exposición Inventing Obsessions, de la artista belga Sarah Vandeursen, no solo están mirando las obras: algunos también se las están comiendo. La muestra, en el centro Biekorf de Brujas, utiliza salchichas reales como material artístico y, desde su apertura, varias ya han desaparecido. Se puede visitar gratis hasta el 19 de junio.. La idea gira en torno al droge worst, una salchicha curada muy típica de Bélgica y Países Bajos. Con ella, la artista ha creado distintas piezas, aunque hay una que se ha llevado toda la atención: una especie de cortina de carne colgada de una puerta independiente. Es también la que más ha sufrido el “hambre” del público.. “Muchas de las salchichas ya han desaparecido. Supongo que algunos no han podido resistirse”, explicó. “Tampoco dije que no se pudiera. En el arte no hay reglas”. Esa ambigüedad ha acabado convirtiendo la visita en algo más interactivo de lo habitual.. Cuando el público deja de mirar y empieza a participar. Lejos de molestarse, Vandeursen entiende que esa reacción forma parte de la obra. “La idea es alimentar a la gente. Si no es con el espíritu, que sea con el estómago”, aseguró. De hecho, reconoce que no le resultaba cómodo colgar comida mientras hay personas que pasan hambre, por lo que no ve problema en que alguien la consuma.. La exposición no se limita a esa instalación. A partir del droge worst, la artista ha creado velas, una fotografía escolar con los alumnos convertidos en salchichas e incluso una vidriera.. La idea fue creciendo poco a poco: empezó con unas velas y terminó en una exposición completa. No es casual, además, que use este producto, muy popular en la zona y habitual en bares junto a cerveza.. Eso sí, la artista reconoce que no calculó cuánto podría durar la exposición si la gente seguía comiéndose las piezas. La obra está pensada como algo efímero, pero el ritmo al que desaparecen las salchichas podría adelantar ese final.. También hay otra preocupación: el calor. Las temperaturas de los últimos días no son las más adecuadas para conservar este tipo de alimento, así que incluso duda de si seguirá siendo buena idea que alguien las pruebe dentro de unas semanas.. Vandeursen elaboró personalmente las salchichas en una carnicería local, participando en todo el proceso. La muestra se inauguró con un debate junto al comisario Jan Verhaeghe y el psicoanalista Joost Demynck.
Una visita al museo en Brujas se ha convertido en algo más que un recorrido artístico. La propuesta, tan llamativa como inesperada, ha generado una reacción difícil de controlar entre los asistentes, que han pasado de observar las piezas a interactuar con ellas de una forma poco habitual
Los visitantes de la exposición Inventing Obsessions, de la artista belga Sarah Vandeursen, no solo están mirando las obras: algunos también se las están comiendo. La muestra, en el centro Biekorf de Brujas, utiliza salchichas reales como material artístico y, desde su apertura, varias ya han desaparecido. Se puede visitar gratis hasta el 19 de junio.. La idea gira en torno al droge worst, una salchicha curada muy típica de Bélgica y Países Bajos. Con ella, la artista ha creado distintas piezas, aunque hay una que se ha llevado toda la atención: una especie de cortina de carne colgada de una puerta independiente. Es también la que más ha sufrido el “hambre” del público.. “Muchas de las salchichas ya han desaparecido. Supongo que algunos no han podido resistirse”, explicó. “Tampoco dije que no se pudiera. En el arte no hay reglas”. Esa ambigüedad ha acabado convirtiendo la visita en algo más interactivo de lo habitual.. Lejos de molestarse, Vandeursen entiende que esa reacción forma parte de la obra. “La idea es alimentar a la gente. Si no es con el espíritu, que sea con el estómago”, aseguró. De hecho, reconoce que no le resultaba cómodo colgar comida mientras hay personas que pasan hambre, por lo que no ve problema en que alguien la consuma.. La exposición no se limita a esa instalación. A partir del droge worst, la artista ha creado velas, una fotografía escolar con los alumnos convertidos en salchichas e incluso una vidriera.. La idea fue creciendo poco a poco: empezó con unas velas y terminó en una exposición completa. No es casual, además, que use este producto, muy popular en la zona y habitual en bares junto a cerveza.. Eso sí, la artista reconoce que no calculó cuánto podría durar la exposición si la gente seguía comiéndose las piezas. La obra está pensada como algo efímero, pero el ritmo al que desaparecen las salchichas podría adelantar ese final.. También hay otra preocupación: el calor. Las temperaturas de los últimos días no son las más adecuadas para conservar este tipo de alimento, así que incluso duda de si seguirá siendo buena idea que alguien las pruebe dentro de unas semanas.. Vandeursen elaboró personalmente las salchichas en una carnicería local, participando en todo el proceso. La muestra se inauguró con un debate junto al comisario Jan Verhaeghe y el psicoanalista Joost Demynck.
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