La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China suele describirse como una guerra de chips, pero la etiqueta se queda corta. La verdadera pugna abarca todo el ecosistema de la inteligencia artificial: el hardware que ejecuta los modelos, el software que lo hace utilizable y el diseño de los propios modelos. En los dos primeros frentes la competencia se ha reducido a dos empresas, Nvidia y Huawei. Europa, pese a tener un papel imprescindible en las máquinas que fabrican los chips, mira la pugna desde fuera.Seguir leyendo
La UE es un proveedor imprescindible en la carrera tecnológica pero carece de un ecosistema para competir
La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China suele describirse como una guerra de chips, pero la etiqueta se queda corta. La verdadera pugna abarca todo el ecosistema de la inteligencia artificial: el hardware que ejecuta los modelos, el software que lo hace utilizable y el diseño de los propios modelos. En los dos primeros frentes la competencia se ha reducido a dos empresas, Nvidia y Huawei. Europa, pese a tener un papel imprescindible en las máquinas que fabrican los chips, mira la pugna desde fuera.En hardware, EE UU sigue a la cabeza. Nvidia controla cerca de la mitad de los chips de IA instalados del mundo y hasta dos tercios de la capacidad de cálculo. Huawei es su rival más serio, pero sus procesadores Ascend aún se quedan atrás en memoria, herramientas para programadores y eficiencia: para igualar el rendimiento consumen entre dos y cuatro veces más energía.La brecha importa menos de lo que parece. Los controles que impone Washington a las exportaciones de los chips más avanzados, más los subsidios de Pekín a sus empresas, junto a las compras preferentes y la energía barata para quien usa Ascend, han creado un mercado cautivo capaz de sostener a Huawei y reinvertir esos ingresos en investigación. De esta forma, China gana tiempo: presiona a Washington para conseguir los microprocesadores más avanzados mientras impulsa una alternativa propia, una doble vía que el enfoque transaccional estadounidense ha facilitado en lugar de cerrar.Lo que hace duradera la ventaja de Nvidia no es la fabricación de chips avanzados, sino haber construido durante años un ecosistema de software —CUDA— que se ha convertido en el estándar del sector. Como casi todo el hardware instalado es de Nvidia, los programadores trabajan sobre CUDA; eso agranda su comunidad y su biblioteca de código y hace cada vez más difícil migrar a un rival. El resultado son márgenes de negocio del 70% al 80%.La respuesta de Huawei sigue el manual del sector: subvencionar la adopción y llevar a los programadores chinos al software del país. En agosto de 2025 abrió el código de piezas clave de su herramienta CANN —un golpe directo al modelo cerrado de CUDA— y atrajo a laboratorios y universidades chinas. Los programadores aún se quejan de fallos en CANN y de que los 20 años de ventaja de CUDA no tienen rival; pero hace dos años nada de esto existía.El lanzamiento de Kimi K3 este mes de julio mostró la velocidad a la que surgen nuevos modelos de IA cada vez más competitivos. El modelo de Moonshot AI, con 2,8 billones de parámetros, es el mayor publicado nunca en abierto —libre para usar y adaptar—, solo por detrás de Claude Fable 5 y GPT-5.6 en las pruebas de la empresa. La aparición de Kimi K3 preocupó a los inversores y provocó una caída del 1,4% del Nasdaq, así como fuertes descensos en las empresas de semiconductores. El presidente chino, Xi Jinping, usó la reciente Conferencia Mundial de IA de Shanghái para alinear a Pek
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