Probablemente esta noche Juanma Moreno volverá a ser el candidato más votado en las elecciones andaluzas por segunda vez consecutiva, con o sin mayoría (útil, suficiente, cariñosa o social), pero seguirá cuatro años más como presidente de la Junta a no ser que se produzca un milagro. Si nos alejamos de la milagrería, el problema no lo tendrá solamente el PSOE achicharrado de María Jesús Montero, también en la sede nacional del PP habrá consecuencias. En primer lugar porque desde el inicio de la campaña el PP-A ha negado que vaya a cerrar un acuerdo con VOX si no le salen los números de una manera u otra. Directa o indirectamente, el propio Moreno mantiene que no le gustan los antecedentes de Aragón y Extremadura, hasta el punto de renegar incluso de la negociación de los pactos cerrados en Madrid. En su momento, se tuvo que comer el sapo de enero de 2019 cuando el apoyo de los ultras se firmó de esa manera. Ahora el contexto es diferente y desde las elecciones en Castilla y León los de Abascal muestran un estancamiento, al cierre de esta columna, que permite a los populares respirar con más autonomía pero sólo en Andalucía. Feijóo tiene el desafío, desde mañana, de elegir una estrategia inteligente porque él no puede conseguir a nivel nacional lo que sí logrará esta noche su candidato meridional. De hecho, sólo tiene que recordar las anteriores elecciones generales de 2023 para saber que no basta con ser el más votado. El líder nacional no cuenta con este respaldo, el granero de votos andaluz al cruzar Despeñaperros se disgrega. En segundo lugar, si finalmente VOX no crece en Andalucía y vuelve a quedarse como una organización inútil, en términos parlamentarios, comenzará un descenso que tampoco beneficiará a los intereses del gallego. A día de hoy, la llave para que el político gallego sea presidenciable la forman los teóricos más de 60 diputados que VOX podría lograr en las próximas generales. La previsible victoria de Moreno esta noche allanará la entrada del PP en San Telmo otra legislatura más, pero se convertirá en un desafío, ya que sin los diputados ultras no se puede desalojar al PSOE y estos se convierten en la gasolina que moviliza el voto en la izquierda española. Cuántos más pactos como los de Azcón y Guardiola, más miedo a que llegue la derecha. No hay que ser un lince para comprenderlo. Habrá buena noche en la calle San Fernando pero se esperan nubarrones en Génova.
«El propio Moreno mantiene que no le gustan los antecedentes de Aragón y Extremadura»
Probablemente esta noche Juanma Moreno volverá a ser el candidato más votado en las elecciones andaluzas por segunda vez consecutiva, con o sin mayoría (útil, suficiente, cariñosa o social), pero seguirá cuatro años más como presidente de la Junta a no ser que se produzca un milagro. Si nos alejamos de la milagrería, el problema no lo tendrá solamente el PSOE achicharrado de María Jesús Montero, también en la sede nacional del PP habrá consecuencias. En primer lugar porque desde el inicio de la campaña el PP-A ha negado que vaya a cerrar un acuerdo con VOX si no le salen los números de una manera u otra. Directa o indirectamente, el propio Moreno mantiene que no le gustan los antecedentes de Aragón y Extremadura, hasta el punto de renegar incluso de la negociación de los pactos cerrados en Madrid. En su momento, se tuvo que comer el sapo de enero de 2019 cuando el apoyo de los ultras se firmó de esa manera. Ahora el contexto es diferente y desde las elecciones en Castilla y León los de Abascal muestran un estancamiento, al cierre de esta columna, que permite a los populares respirar con más autonomía pero sólo en Andalucía. Feijóo tiene el desafío, desde mañana, de elegir una estrategia inteligente porque él no puede conseguir a nivel nacional lo que sí logrará esta noche su candidato meridional. De hecho, sólo tiene que recordar las anteriores elecciones generales de 2023 para saber que no basta con ser el más votado. El líder nacional no cuenta con este respaldo, el granero de votos andaluz al cruzar Despeñaperros se disgrega. En segundo lugar, si finalmente VOX no crece en Andalucía y vuelve a quedarse como una organización inútil, en términos parlamentarios, comenzará un descenso que tampoco beneficiará a los intereses del gallego. A día de hoy, la llave para que el político gallego sea presidenciable la forman los teóricos más de 60 diputados que VOX podría lograr en las próximas generales. La previsible victoria de Moreno esta noche allanará la entrada del PP en San Telmo otra legislatura más, pero se convertirá en un desafío, ya que sin los diputados ultras no se puede desalojar al PSOE y estos se convierten en la gasolina que moviliza el voto en la izquierda española. Cuántos más pactos como los de Azcón y Guardiola, más miedo a que llegue la derecha. No hay que ser un lince para comprenderlo. Habrá buena noche en la calle San Fernando pero se esperan nubarrones en Génova.
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