Durante siglos, imaginar el pasado profundo de la Tierra era un ejercicio de abstracción. Mapas, fósiles, reconstrucciones y placas tectónicas. Gracias a ello la geología nos permitió retroceder en el tiempo y crear mapas pretéritos de la ubicación de los continentes. Ahora, por primera vez, podemos escribir la dirección de nuestra casa y verla viajar millones de años hacia atrás y localizarla en el mundo pasado. El proyecto nace en la Universidad de Utrecht, y tiene algo de truco elegante: no reconstruye nuestro domiciñio, sino el lugar donde estaba. Porque lo que se mueve no es el paisaje… son los continentes.. La herramienta, llamada Paleolatitude.org, permite calcular en qué latitud estaba cualquier punto del planeta hace hasta 320 millones de años, cuando la Tierra era muy distinta y los continentes formaban el supercontinente Pangea. Y ahí empieza lo interesante. Porque la latitud no es un dato cualquiera. Determina la cantidad de luz solar, el clima, los ecosistemas. Saber dónde estaba una roca en el pasado es, en realidad, saber en qué mundo vivía.. Eso explica por qué, en algunos lugares de Europa, los científicos han encontrado fósiles propios de ambientes tropicales. No es que el planeta entero fuera un desierto abrasador. Es que ese trozo de tierra estaba, literalmente, en otra parte del mundo.. La herramienta, que permite remontarse desde los 320 millones de años atrás a unos 4 millones de años en el pasado, funciona como una “máquina del tiempo geológica”. Para ello se introduce una localización y el resultado muestra cómo ha cambiado su posición a lo largo de cientos de millones de años. En distintas épocas, ese mismo punto puede haber sido un fondo marino tropical, una región volcánica o una zona cubierta por hielo.. Detrás hay algo más sofisticado que una simple animación. El modelo utilizado, una reconstrucción paleogeográfica global, incorpora el movimiento de placas tectónicas, incluso aquellas que ya no existen y han sido “tragadas” por el interior del planeta.. Eso permite algo que hasta ahora era extremadamente difícil: reconstruir no solo cuándo ocurrió algo en la historia de la Tierra, sino dónde ocurrió exactamente. Esta herramienta introduce una idea incómoda y fascinante a la vez: el lugar más estable de nuestra vida (nuestra casa, nuestra calle o nuestra ciudad) no ha dejado de desplazarse nunca. Ha cruzado océanos, ha cambiado de hemisferio, ha vivido climas que hoy nos resultarían irreconocibles. Y lo seguirá haciendo.
Fue desarrollada por la Universidad de Utrecht y basta con poner la ubicación y determinar cuánto queremos retroceder: entre 320 y 4 millones de años.
Durante siglos, imaginar el pasado profundo de la Tierra era un ejercicio de abstracción. Mapas, fósiles, reconstrucciones y placas tectónicas. Gracias a ello la geología nos permitió retroceder en el tiempo y crear mapas pretéritos de la ubicación de los continentes. Ahora, por primera vez, podemos escribir la dirección de nuestra casa y verla viajar millones de años hacia atrás y localizarla en el mundo pasado. El proyecto nace en la Universidad de Utrecht, y tiene algo de truco elegante: no reconstruye nuestro domiciñio, sino el lugar donde estaba. Porque lo que se mueve no es el paisaje… son los continentes.. La herramienta, llamada Paleolatitude.org, permite calcular en qué latitud estaba cualquier punto del planeta hace hasta 320 millones de años, cuando la Tierra era muy distinta y los continentes formaban el supercontinente Pangea. Y ahí empieza lo interesante. Porque la latitud no es un dato cualquiera. Determina la cantidad de luz solar, el clima, los ecosistemas. Saber dónde estaba una roca en el pasado es, en realidad, saber en qué mundo vivía.. Eso explica por qué, en algunos lugares de Europa, los científicos han encontrado fósiles propios de ambientes tropicales. No es que el planeta entero fuera un desierto abrasador. Es que ese trozo de tierra estaba, literalmente, en otra parte del mundo.. La herramienta, que permite remontarse desde los 320 millones de años atrás a unos 4 millones de años en el pasado, funciona como una “máquina del tiempo geológica”. Para ello se introduce una localización y el resultado muestra cómo ha cambiado su posición a lo largo de cientos de millones de años. En distintas épocas, ese mismo punto puede haber sido un fondo marino tropical, una región volcánica o una zona cubierta por hielo.. Detrás hay algo más sofisticado que una simple animación. El modelo utilizado, una reconstrucción paleogeográfica global, incorpora el movimiento de placas tectónicas, incluso aquellas que ya no existen y han sido “tragadas” por el interior del planeta.. Eso permite algo que hasta ahora era extremadamente difícil: reconstruir no solo cuándo ocurrió algo en la historia de la Tierra, sino dónde ocurrió exactamente. Esta herramienta introduce una idea incómoda y fascinante a la vez: el lugar más estable de nuestra vida (nuestra casa, nuestra calle o nuestra ciudad) no ha dejado de desplazarse nunca. Ha cruzado océanos, ha cambiado de hemisferio, ha vivido climas que hoy nos resultarían irreconocibles. Y lo seguirá haciendo.
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