Durante más de un siglo, volar ha sido una cuestión de tránsito. Los aviones despegan, cruzan el cielo y vuelven a aterrizar. Es su naturaleza: todo se mueve en el cielo. Pero ahora, una empresa llamada Sceye, especializada en sistemas de plataformas de gran altitud (HAPS por sus siglas en inglés) para telecomunicaciones y monitoreo ambiental en tiempo real, quiere cambiar esa idea con una propuesta contradictoria: volar sin ir a ninguna parte.. Su aeronave, un híbrido entre dirigible, dron y satélite bautizado SE2, no está diseñado para viajar, sino para quedarse. En una prueba reciente, logró mantenerse en la estratosfera durante doce días seguidos, recorriendo más de 6.400 kilómetros a una altitud de unos 16 kilómetros. Es decir, por encima del tráfico aéreo comercial, pero aún muy por debajo del espacio. Y ahí arriba, en esa franja olvidada del cielo, ocurre algo interesante.. La atmósfera es tan tenue que apenas hay turbulencias, pero todavía hay suficiente aire como para sostener una estructura aerodinámica. Y, sobre todo, hay algo crucial: luz solar casi constante. Sin nubes, sin noche completa durante largos periodos, sin interferencias. Es el lugar perfecto para un nuevo tipo de máquina.. El SE2 funciona con energía solar, almacenando electricidad durante el día para seguir operativo por la noche. Pero lo verdaderamente novedoso no es que vuele con energía solar (eso ya lo hemos visto en otros prototipos), sino su capacidad de permanencia. No está pensado para cruzar continentes, sino para vigilar, medir, observar. Como un satélite que, en lugar de orbitar la Tierra, decide quedarse flotando sobre un punto concreto.. Ese cambio de enfoque abre posibilidades que hasta ahora estaban fragmentadas entre distintas tecnologías. Los satélites pueden cubrir grandes áreas, pero con menor resolución y sin capacidad de reaccionar en tiempo real. Los drones pueden ser precisos, pero tienen una autonomía limitada. Los aviones requieren combustible y una logística constante. El SE2 ocupa un espacio intermedio.. “La resistencia es lo que lo hace posible – explica Mikkel Vestergaard Frandsen, director de Sceye en un comunicado -. La capacidad de permanecer sobre un área durante períodos prolongados permite una conectividad constante y una monitorización en tiempo real donde las redes tradicionales y las tecnologías existentes resultan insuficientes. A través de la estratosfera, podemos extender el alcance de las redes existentes a nivel mundial a miles de millones de personas sin conexión y proporcionar información práctica en tiempo real que mejora significativamente nuestra preparación y respuesta ante incendios forestales u otros desastres naturales”.. Por ejemplo, desde esa altura, puede monitorizar incendios forestales, seguir la evolución de huracanes, medir emisiones contaminantes o proporcionar conectividad en zonas remotas o afectadas por una catástrofe. Todo ello durante días o incluso semanas, sin necesidad de aterrizar.. Una capa adicional sobre nuestras cabezas que no existía hasta ahora: ni tan alta como el espacio, ni tan cercana como el tráfico aéreo. Un territorio nuevo, la estratosfera baja, que hasta hace poco era solo un lugar de paso y que ahora empieza a perfilarse como un espacio habitable… al menos para máquinas.. La prueba de doce días no es solo un récord técnico. El viaje llevó al SE2 a lo largo de 6.400 kilómetros desde Nuevo México hasta Brasil, deteniéndose hasta 88 horas seguidas en diferentes zonas, inmóvil. De día, cuando el sol les daba energía y de noche, cuando utilizaban la almacenada. También mantuvieron los estándares de presión imprescindibles para que todos los dispositivos de a bordo funcionaran correctamente.. Sceye se está preparando para su primer vuelo de prueba precomercial en Japón, con el objetivo de proporcionar una conexión a la red central de uno de los bancos más importantes de Asia y realizar demostraciones de conectividad ampliada durante escenarios de respuesta a emergencias y desastres.. Lógicamente, como suele ocurrir, la tecnología empieza a dibujar preguntas antes incluso de consolidarse. ¿Quién controla ese espacio? ¿Cómo se regula una red de plataformas que no son ni aviones ni satélites? ¿Qué ocurre cuando decenas, o cientos, de estos dispositivos compartan esa franja del cielo? Desafortunadamente, como ocurre con la mayoría de las tecnologías (internet, genética, nucleares) habrá que esperar a los conflictos para que las preguntas se tomen en serio.
Se sitúa en el margen de altitud que no es de los aviones comerciales, ni de los satélites o los drones. Un espacio que todavía no está regulado.
Durante más de un siglo, volar ha sido una cuestión de tránsito. Los aviones despegan, cruzan el cielo y vuelven a aterrizar. Es su naturaleza: todo se mueve en el cielo. Pero ahora, una empresa llamada Sceye, especializada en sistemas de plataformas de gran altitud (HAPS por sus siglas en inglés) para telecomunicaciones y monitoreo ambiental en tiempo real, quiere cambiar esa idea con una propuesta contradictoria: volar sin ir a ninguna parte.. Su aeronave, un híbrido entre dirigible, dron y satélite bautizado SE2, no está diseñado para viajar, sino para quedarse. En una prueba reciente, logró mantenerse en la estratosfera durante doce días seguidos, recorriendo más de 6.400 kilómetros a una altitud de unos 16 kilómetros. Es decir, por encima del tráfico aéreo comercial, pero aún muy por debajo del espacio. Y ahí arriba, en esa franja olvidada del cielo, ocurre algo interesante.. La atmósfera es tan tenue que apenas hay turbulencias, pero todavía hay suficiente aire como para sostener una estructura aerodinámica. Y, sobre todo, hay algo crucial: luz solar casi constante. Sin nubes, sin noche completa durante largos periodos, sin interferencias. Es el lugar perfecto para un nuevo tipo de máquina.. El SE2 funciona con energía solar, almacenando electricidad durante el día para seguir operativo por la noche. Pero lo verdaderamente novedoso no es que vuele con energía solar (eso ya lo hemos visto en otros prototipos), sino su capacidad de permanencia. No está pensado para cruzar continentes, sino para vigilar, medir, observar. Como un satélite que, en lugar de orbitar la Tierra, decide quedarse flotando sobre un punto concreto.. Ese cambio de enfoque abre posibilidades que hasta ahora estaban fragmentadas entre distintas tecnologías. Los satélites pueden cubrir grandes áreas, pero con menor resolución y sin capacidad de reaccionar en tiempo real. Los drones pueden ser precisos, pero tienen una autonomía limitada. Los aviones requieren combustible y una logística constante. El SE2 ocupa un espacio intermedio.. “La resistencia es lo que lo hace posible – explica Mikkel Vestergaard Frandsen, director de Sceye en un comunicado -. La capacidad de permanecer sobre un área durante períodos prolongados permite una conectividad constante y una monitorización en tiempo real donde las redes tradicionales y las tecnologías existentes resultan insuficientes. A través de la estratosfera, podemos extender el alcance de las redes existentes a nivel mundial a miles de millones de personas sin conexión y proporcionar información práctica en tiempo real que mejora significativamente nuestra preparación y respuesta ante incendios forestales u otros desastres naturales”.. Por ejemplo, desde esa altura, puede monitorizar incendios forestales, seguir la evolución de huracanes, medir emisiones contaminantes o proporcionar conectividad en zonas remotas o afectadas por una catástrofe. Todo ello durante días o incluso semanas, sin necesidad de aterrizar.. Una capa adicional sobre nuestras cabezas que no existía hasta ahora: ni tan alta como el espacio, ni tan cercana como el tráfico aéreo. Un territorio nuevo, la estratosfera baja, que hasta hace poco era solo un lugar de paso y que ahora empieza a perfilarse como un espacio habitable… al menos para máquinas.. La prueba de doce días no es solo un récord técnico. El viaje llevó al SE2 a lo largo de 6.400 kilómetros desde Nuevo México hasta Brasil, deteniéndose hasta 88 horas seguidas en diferentes zonas, inmóvil. De día, cuando el sol les daba energía y de noche, cuando utilizaban la almacenada. También mantuvieron los estándares de presión imprescindibles para que todos los dispositivos de a bordo funcionaran correctamente.. Sceye se está preparando para su primer vuelo de prueba precomercial en Japón, con el objetivo de proporcionar una conexión a la red central de uno de los bancos más importantes de Asia y realizar demostraciones de conectividad ampliada durante escenarios de respuesta a emergencias y desastres.. Lógicamente, como suele ocurrir, la tecnología empieza a dibujar preguntas antes incluso de consolidarse. ¿Quién controla ese espacio? ¿Cómo se regula una red de plataformas que no son ni aviones ni satélites? ¿Qué ocurre cuando decenas, o cientos, de estos dispositivos compartan esa franja del cielo? Desafortunadamente, como ocurre con la mayoría de las tecnologías (internet, genética, nucleares) habrá que esperar a los conflictos para que las preguntas se tomen en serio.
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