Cuando el proyecto SETI busca señales de inteligencia extraterrestre, la mayoría imagina enormes radiotelescopios apuntando hacia estrellas lejanas. Pero esta vez los científicos dirigieron sus instrumentos hacia algo mucho más cercano: un objeto que está atravesando nuestro propio sistema solar.. Se llama 3I/ATLAS y es apenas el tercer visitante interestelar confirmado que hemos observado. Llegó desde otro sistema estelar, cruzó el vecindario solar y, durante unas semanas, se convirtió en uno de los objetivos más interesantes para los astrónomos de todo el mundo. Pero ahora, no solo los expertos en astronomía han decidido que merece su interés, también el SETI, el Instituto de Búsqueda Extraterrestre. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué? ¿Acaso hay algún motivo para sospechar de alguna tecnología extraterrestre?. La respuesta corta es no, pero la respuesta larga es mucho más interesante que una afirmación. Desde que comenzó la era espacial, los astrónomos han observado millones de asteroides y cometas. Casi todos tienen algo en común: nacieron alrededor del Sol, pero 3I/ATLAS es diferente. Su trayectoria demuestra que procede del espacio interestelar y que no está ligado gravitatoriamente a nuestra estrella. Es un visitante procedente de otro sistema planetario, una auténtica cápsula del tiempo formada alrededor de un sol distinto al nuestro.. Antes de él solo habíamos identificado dos casos similares: el célebre ʻOumuamua en 2017 y el cometa 2I/Borisov en 2019. Cada uno de estos visitantes representa una oportunidad extraordinaria para estudiar materiales formados alrededor de otras estrellas. Pero también plantea una cuestión que, aunque improbable, resulta científicamente legítima. ¿Y si algún día uno de esos objetos no fuera natural?. La clave para entender la investigación del SETI está en dos sondas lanzadas hace casi medio siglo. Las naves Voyager 1 y Voyager 2 abandonaron hace años la región planetaria del sistema solar y continúan viajando hacia el espacio interestelar. Algún día pasarán cerca de otras estrellas.. Desde el punto de vista de una hipotética civilización alienígena, las Voyager serían objetos artificiales procedentes de otro sistema estelar. Es decir, exactamente el tipo de visitante interestelar que nosotros podríamos encontrar algún día. Con esto en mente, un equipo liderado por Sofia Sheikh, publicó un estudio en The Astronomical Journal, autora principal del estudio, se centró en explicar por qué es importante comprender cómo son los objetos interestelares naturales para poder reconocer una anomalía si alguna vez aparece una.. Para investigar 3I/ATLAS, el equipo de Sheikh utilizó el Allen Telescope Array, una red de radiotelescopios situada en California. Durante más de siete horas examinaron frecuencias entre 1 y 9 gigahercios en busca de señales extremadamente estrechas y ordenadas, el tipo de emisiones que la naturaleza no suele producir de forma espontánea. El resultado fue una avalancha de datos.. Los algoritmos detectaron cerca de 74 millones de señales candidatas. Después de eliminar interferencias procedentes de teléfonos, satélites, transmisiones terrestres y otras fuentes humanas, quedaron apenas unos 200 casos dignos de revisión detallada. Todos terminaron teniendo una explicación convencional. No había ningún mensaje alienígena, ninguna baliza interestelar, ninguna nave extraterrestre escondida en el interior del objeto. A primera vista, el estudio parece haber concluido con un resultado negativo. Sin embargo, para Sheikh es justo lo contrario.. Las observaciones permitieron descartar la presencia de transmisores de radio relativamente modestos, de apenas entre 10 y 110 vatios, una potencia comparable a la de muchos electrodomésticos domésticos. Eso significa que los sistemas actuales ya son capaces de poner límites muy precisos a posibles tecnologías extraterrestres. En pocas palabras: si hay señales de otras civilizaciones, tenemos cómo detectarlas.. Probablemente 3I/ATLAS sea exactamente lo que parece: un cometa o cuerpo helado formado alrededor de otra estrella hace miles de millones de años. Los astrónomos creen que en las próximas décadas descubriremos muchos más visitantes interestelares gracias a nuevas generaciones de telescopios. Cada uno de ellos será una oportunidad para estudiar otros sistemas planetarios sin salir del nuestro. Y cada uno ofrecerá una ocasión para poner a prueba una de las preguntas más antiguas de la humanidad. ¿Estamos solos?. Por ahora, 3I/ATLAS no ha aportado ninguna evidencia de inteligencia extraterrestre. Pero para el SETI ha servido para demostrar algo igual de importante: cuando aparezca el próximo visitante interestelar, estaremos preparados para escucharlo.
La excusa es la detección de tecnología extraterrestre según un nuevo estudio. Pero el motivo es más profundo.
Cuando el proyecto SETI busca señales de inteligencia extraterrestre, la mayoría imagina enormes radiotelescopios apuntando hacia estrellas lejanas. Pero esta vez los científicos dirigieron sus instrumentos hacia algo mucho más cercano: un objeto que está atravesando nuestro propio sistema solar.. Se llama 3I/ATLAS y es apenas el tercer visitante interestelar confirmado que hemos observado. Llegó desde otro sistema estelar, cruzó el vecindario solar y, durante unas semanas, se convirtió en uno de los objetivos más interesantes para los astrónomos de todo el mundo. Pero ahora, no solo los expertos en astronomía han decidido que merece su interés, también el SETI, el Instituto de Búsqueda Extraterrestre. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué? ¿Acaso hay algún motivo para sospechar de alguna tecnología extraterrestre?. La respuesta corta es no, pero la respuesta larga es mucho más interesante que una afirmación. Desde que comenzó la era espacial, los astrónomos han observado millones de asteroides y cometas. Casi todos tienen algo en común: nacieron alrededor del Sol, pero 3I/ATLAS es diferente. Su trayectoria demuestra que procede del espacio interestelar y que no está ligado gravitatoriamente a nuestra estrella. Es un visitante procedente de otro sistema planetario, una auténtica cápsula del tiempo formada alrededor de un sol distinto al nuestro.. Antes de él solo habíamos identificado dos casos similares: el célebre ʻOumuamua en 2017 y el cometa 2I/Borisov en 2019. Cada uno de estos visitantes representa una oportunidad extraordinaria para estudiar materiales formados alrededor de otras estrellas. Pero también plantea una cuestión que, aunque improbable, resulta científicamente legítima. ¿Y si algún día uno de esos objetos no fuera natural?. La clave para entender la investigación del SETI está en dos sondas lanzadas hace casi medio siglo. Las naves Voyager 1 y Voyager 2 abandonaron hace años la región planetaria del sistema solar y continúan viajando hacia el espacio interestelar. Algún día pasarán cerca de otras estrellas.. Desde el punto de vista de una hipotética civilización alienígena, las Voyager serían objetos artificiales procedentes de otro sistema estelar. Es decir, exactamente el tipo de visitante interestelar que nosotros podríamos encontrar algún día.Con esto en mente, un equipo liderado por Sofia Sheikh, publicó un estudio en The Astronomical Journal, autora principal del estudio, se centró en explicar por qué es importante comprender cómo son los objetos interestelares naturales para poder reconocer una anomalía si alguna vez aparece una.. Para investigar 3I/ATLAS, el equipo de Sheikh utilizó el Allen Telescope Array, una red de radiotelescopios situada en California. Durante más de siete horas examinaron frecuencias entre 1 y 9 gigahercios en busca de señales extremadamente estrechas y ordenadas, el tipo de emisiones que la naturaleza no suele producir de forma espontánea. El resultado fue una avalancha de datos.. Los algoritmos detectaron cerca de 74 millones de señales candidatas. Después de eliminar interferencias procedentes de teléfonos, satélites, transmisiones terrestres y otras fuentes humanas, quedaron apenas unos 200 casos dignos de revisión detallada. Todos terminaron teniendo una explicación convencional. No había ningún mensaje alienígena, ninguna baliza interestelar, ninguna nave extraterrestre escondida en el interior del objeto.A primera vista, el estudio parece haber concluido con un resultado negativo.Sin embargo, para Sheikh es justo lo contrario.. Las observaciones permitieron descartar la presencia de transmisores de radio relativamente modestos, de apenas entre 10 y 110 vatios, una potencia comparable a la de muchos electrodomésticos domésticos. Eso significa que los sistemas actuales ya son capaces de poner límites muy precisos a posibles tecnologías extraterrestres. En pocas palabras: si hay señales de otras civilizaciones, tenemos cómo detectarlas.. Probablemente 3I/ATLAS sea exactamente lo que parece: un cometa o cuerpo helado formado alrededor de otra estrella hace miles de millones de años. Los astrónomos creen que en las próximas décadas descubriremos muchos más visitantes interestelares gracias a nuevas generaciones de telescopios. Cada uno de ellos será una oportunidad para estudiar otros sistemas planetarios sin salir del nuestro. Y cada uno ofrecerá una ocasión para poner a prueba una de las preguntas más antiguas de la humanidad. ¿Estamos solos?. Por ahora, 3I/ATLAS no ha aportado ninguna evidencia de inteligencia extraterrestre. Pero para elSETI ha servido para demostrar algo igual de importante: cuando aparezca el próximo visitante interestelar, estaremos preparados para escucharlo.
Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
