Hay trayectorias que no se trazan en línea recta, sino a base de intuición, riesgo y una necesidad constante de crear. La de Elena Olmos es una de ellas. Periodista, actriz y artista, esta cacereña llegó a Madrid «con una mano delante y otra detrás», encadenando trabajos y formándose mientras, casi sin darse cuenta, iba construyendo un lenguaje artístico propio.. Años después, ese impulso creativo, nacido entre museos, cuadernos de dibujo y mucha incertidumbre, la ha llevado a exponer en el Carrousel del Louvre, en París, uno de los espacios más simbólicos del arte contemporáneo. Lo hizo dentro de la muestra «Women in Art», en un contexto internacional y con una obra creada prácticamente a contrarreloj, enfrentándose además a un formato muy distinto al habitual en su trabajo.. Pero más allá del hito profesional, Elena habla con La Razón de su proceso, de vértigo, de síndrome del impostor, de comunidad y de la necesidad, casi urgente, de crear en un mundo que, según ella misma dice, está «hiperconectado pero profundamente desconectado».. Entrevista a Elena Olmos. Pregunta (P): ¿Cómo fue el proceso de selección?. Respuesta (R):»Recibí un mail de la directora de la galería, se llamaba Salma y era italiana. Pensé que era una estafa porque muchas veces pasa, pero el mensaje era muy personalizado.. No contesté al principio porque estaba centrada en otro proyecto. Luego, hablando con mi madre y mi chico, me dijeron que era una buena oportunidad.. Contesté y la chica me dijo que solo quedaban dos plazas, por lo que todo fue muy rápido».. (P): ¿Cómo fue el reto de pasar del gran formato al pequeño?. (R): «Fue muy difícil. Tú te metes en mi perfil y ves las obras que hago y son obras de tres metros, cuatro metros, dos metros y medio. Me gusta sentirme muy pequeña respecto al lienzo. Quiero sentirme un individuo que no tiene por qué ser el protagonista de la obra.. Hacía años que no pintaba en un metro por un metro y fue un trabajo de contención. Sabía los colores que quería, quería hacer algo diferente, pero fue complicado. Me hizo mirar con otra mirada a los artistas que pintan en pequeño formato, porque es muy difícil conseguir ese impacto. Fue de los retos más difíciles.. Decidimos llevar la obra en coche y fueron 13000 kilómetros hasta París, lo hice junto a mi chico y nos lo tomamos como un viaje de aventura haciendo varias paradas».. (P): ¿Qué significó para ti exponer en el Louvre?. (R): «Ha sido un antes y un después, un hito sobre todo personal y muy simbólico. Yo me vine a Madrid hace 11 o 12 años con una mano delante y otra detrás. Trabajé en series de televisión, en tiendas de dependienta, para poder pagarme la vida y la carrera de periodismo.. Siempre estuve muy enamorada de la historia del arte. Iba a ver exposiciones al CaixaForum, al Thyssen…copiaba cuadros, dibujaba, pero nunca pensé que esa pasión se iba a transformar en la posibilidad de pintar yo.. Con la pandemia fue el primer hito, cuando empecé a pintarme el cuerpo inspirada en Yves Klein. Ahí dije: esto se puede poner serio».. «Durante años he tenido síndrome del impostor, pensaba que no era merecedora. Hasta que entiendes que esa seriedad te la tienes que dar tú misma. Exponer en el Louvre es la reafirmación de que una es merecedora de un espacio de creación. Que puedes hacerlo».. (P): En redes comentabas que al entrar al museo sentías que estabas en casa. ¿Por qué?. (R): «Era una sensación de formar parte de la historia. Hay artistas de tantos siglos compartiendo un mismo espacio…artistas que nunca se han conocido pero laten en la misma sintonía.. Para mí era algo espiritual, como entrar en esa vibración. Sentía que todos los artistas que estaban allí me daban la mano para entrar. Yo no quería que se mostrase mi obra sin más, quería crear historia, como todas esas obras que están allí. Cuando vas desde la pureza, creo que nada puede salir mal».. (P): ¿Fuiste consciente de lo que estabas viviendo al ver tu obra allí?. (R): «No, no era consciente. No te lo terminas de creer. Creo que ahora es cuando me estoy dando cuenta de todo.. Me ayudó mucho compartirlo con otras artistas internacionales, hablar con ellas, me traía a tierra. Me gustaba ver sus obras incluso más que la mía. Había una sensación de comunidad, de que todas estábamos viviendo lo mismo».. (P): La exposición busca visibilizar el papel de la mujer en el arte. ¿Sigue siendo necesario?. (R): «Creo que sigue siendo extremadamente necesario. La mujer no ha sido visible en la historia del arte hasta prácticamente el siglo XX.. Para mí lo natural sería que hubiera equilibrio en los museos, y ahora mismo no lo hay. Oportunidades así hacen que niñas de 10 o 12 años ni siquiera se cuestionen si pueden estar ahí. Que sepan que es un hecho».. (P): ¿Qué representa la obra que presentaste?. (R): «Mi obra busca dar un halo de esperanza. Estamos viviendo un momento con guerras, inestabilidad…hay muchos vacíos. Quería construir belleza frente a la destrucción. Utilicé colores tecnológicos, como verdes y naranjas tipo microchip, junto a colores de tierra.. La idea era crear un mapa fragmentado de la realidad: unir pasado y futuro para entender el presente. Me gusta que el arte sea testigo de lo que vivimos. Ojalá dentro de 200 años alguien vea la obra y entienda este momento.. Quiero que se quede la sensación de que, incluso en el desequilibrio, siempre hay una opción para cambiar y ser libres».. (P): ¿Qué papel juegan tus raíces?. (R): «Influyen mucho. Mi familia es lo que me sostiene. Cuando pasan cosas, vuelvo a casa y me doy cuenta de que nada importa tanto.. Ni siquiera haber expuesto en el Louvre puede ser mi identidad. Mi identidad es tomar un café con mi abuela, estar con mi familia. Ellos me llenan de vida, y eso es lo que luego llevo a la obra».. (P): ¿Próximos objetivos?. (R): «Tengo un sueño muy claro: exponer en Nueva York. Es una ciudad con la que conecté muchísimo. Solamente fui una vez, pero me acuerdo que me perdí y tuve esa sensación como me pasó con el Louvre de que no estaba perdida.. Aunque ahora estoy centrada en Madrid, en un proyecto que me hace feliz. Me toca reposar lo del Louvre y estar abierta a lo que venga».. (P):¿Qué mensaje lanzarías a quienes tienen miedo de seguir su vocación?. (R): «Los miedos son naturales, la sociedad está construida para tenerlos. Pero si no persigues tus sueños, ellos te persiguen a ti».. Muchas personas mayores se arrepienten de lo que no hicieron. Y considero que ese es el error, que sea demasiado tarde.. Todos tenemos que encontrar momentos en el día a día o semanales que te lleven también hacia esos sueños, porque luego te puedes arrepentir y te pueden venir problemas físicos, problemas corporales, problemas mentales que no sabes de dónde vienen y vienen de esa contención.
De la comunicación al arte, la artista Elena Olmos ha representado a España en la muestra «Women in Art», celebrada en el Carrousel del Louvre, en París
Hay trayectorias que no se trazan en línea recta, sino a base de intuición, riesgo y una necesidad constante de crear. La de Elena Olmos es una de ellas. Periodista, actriz y artista, esta cacereña llegó a Madrid «con una mano delante y otra detrás», encadenando trabajos y formándose mientras, casi sin darse cuenta, iba construyendo un lenguaje artístico propio.. Años después, ese impulso creativo, nacido entre museos, cuadernos de dibujo y mucha incertidumbre, la ha llevado a exponer en el Carrousel del Louvre, en París, uno de los espacios más simbólicos del arte contemporáneo. Lo hizo dentro de la muestra «Women in Art», en un contexto internacional y con una obra creada prácticamente a contrarreloj, enfrentándose además a un formato muy distinto al habitual en su trabajo.. Pero más allá del hito profesional, Elena habla con La Razón de su proceso, de vértigo, de síndrome del impostor, de comunidad y de la necesidad, casi urgente, de crear en un mundo que, según ella misma dice, está «hiperconectado pero profundamente desconectado».. Pregunta (P): ¿Cómo fue el proceso de selección?. Respuesta (R):»Recibí un mail de la directora de la galería, se llamaba Salma y era italiana. Pensé que era una estafa porque muchas veces pasa, pero el mensaje era muy personalizado.. No contesté al principio porque estaba centrada en otro proyecto. Luego, hablando con mi madre y mi chico, me dijeron que era una buena oportunidad.. Contesté y la chica me dijo que solo quedaban dos plazas, por lo que todo fue muy rápido».. (P):¿Cómo fue el reto de pasar del gran formato al pequeño?. (R): «Fue muy difícil. Tú te metes en mi perfil y ves las obras que hago y son obras de tres metros, cuatro metros, dos metros y medio. Me gusta sentirme muy pequeña respecto al lienzo. Quiero sentirme un individuo que no tiene por qué ser el protagonista de la obra.. Hacía años que no pintaba en un metro por un metro y fue un trabajo de contención. Sabía los colores que quería, quería hacer algo diferente, pero fue complicado. Me hizo mirar con otra mirada a los artistas que pintan en pequeño formato, porque es muy difícil conseguir ese impacto. Fue de los retos más difíciles.. Decidimos llevar la obra en coche y fueron 13000 kilómetros hasta París, lo hice junto a mi chico y nos lo tomamos como un viaje de aventura haciendo varias paradas».. (P):¿Qué significó para ti exponer en el Louvre?. (R): «Ha sido un antes y un después, un hito sobre todo personal y muy simbólico. Yo me vine a Madrid hace 11 o 12 años con una mano delante y otra detrás. Trabajé en series de televisión, en tiendas de dependienta, para poder pagarme la vida y la carrera de periodismo.. Siempre estuve muy enamorada de la historia del arte. Iba a ver exposiciones al CaixaForum, al Thyssen…copiaba cuadros, dibujaba, pero nunca pensé que esa pasión se iba a transformar en la posibilidad de pintar yo.. Con la pandemia fue el primer hito, cuando empecé a pintarme el cuerpo inspirada en Yves Klein. Ahí dije: esto se puede poner serio».. «Durante años he tenido síndrome del impostor, pensaba que no era merecedora. Hasta que entiendes que esa seriedad te la tienes que dar tú misma. Exponer en el Louvre es la reafirmación de que una es merecedora de un espacio de creación. Que puedes hacerlo».. (P): En redes comentabas que al entrar al museo sentías que estabas en casa. ¿Por qué?. (R): «Era una sensación de formar parte de la historia. Hay artistas de tantos siglos compartiendo un mismo espacio…artistas que nunca se han conocido pero laten en la misma sintonía.. Para mí era algo espiritual, como entrar en esa vibración. Sentía que todos los artistas que estaban allí me daban la mano para entrar. Yo no quería que se mostrase mi obra sin más, quería crear historia, como todas esas obras que están allí. Cuando vas desde la pureza, creo que nada puede salir mal».. (P):¿Fuiste consciente de lo que estabas viviendo al ver tu obra allí?. (R): «No, no era consciente. No te lo terminas de creer. Creo que ahora es cuando me estoy dando cuenta de todo.. Me ayudó mucho compartirlo con otras artistas internacionales, hablar con ellas, me traía a tierra. Me gustaba ver sus obras incluso más que la mía. Había una sensación de comunidad, de que todas estábamos viviendo lo mismo».. (P): La exposición busca visibilizar el papel de la mujer en el arte. ¿Sigue siendo necesario?. (R): «Creo que sigue siendo extremadamente necesario. La mujer no ha sido visible en la historia del arte hasta prácticamente el siglo XX.. Para mí lo natural sería que hubiera equilibrio en los museos, y ahora mismo no lo hay. Oportunidades así hacen que niñas de 10 o 12 años ni siquiera se cuestionen si pueden estar ahí. Que sepan que es un hecho».. (P):¿Qué representa la obra que presentaste?. (R): «Mi obra busca dar un halo de esperanza. Estamos viviendo un momento con guerras, inestabilidad…hay muchos vacíos. Quería construir belleza frente a la destrucción. Utilicé colores tecnológicos, como verdes y naranjas tipo microchip, junto a colores de tierra.. La idea era crear un mapa fragmentado de la realidad: unir pasado y futuro para entender el presente. Me gusta que el arte sea testigo de lo que vivimos. Ojalá dentro de 200 años alguien vea la obra y entienda este momento.. Quiero que se quede la sensación de que, incluso en el desequilibrio, siempre hay una opción para cambiar y ser libres».. (P): ¿Qué papel juegan tus raíces?. (R): «Influyen mucho. Mi familia es lo que me sostiene. Cuando pasan cosas, vuelvo a casa y me doy cuenta de que nada importa tanto.. Ni siquiera haber expuesto en el Louvre puede ser mi identidad. Mi identidad es tomar un café con mi abuela, estar con mi familia. Ellos me llenan de vida, y eso es lo que luego llevo a la obra».. (P): ¿Próximos objetivos?. (R): «Tengo un sueño muy claro: exponer en Nueva York. Es una ciudad con la que conecté muchísimo. Solamente fui una vez, pero me acuerdo que me perdí y tuve esa sensación como me pasó con el Louvre de que no estaba perdida.. Aunque ahora estoy centrada en Madrid, en un proyecto que me hace feliz. Me toca reposar lo del Louvre y estar abierta a lo que venga».. (P):¿Qué mensaje lanzarías a quienes tienen miedo de seguir su vocación?. (R): «Los miedos son naturales, la sociedad está construida para tenerlos. Pero si no persigues tus sueños, ellos te persiguen a ti».. Muchas personas mayores se arrepienten de lo que no hicieron. Y considero que ese es el error, que sea demasiado tarde.. Todos tenemos que encontrar momentos en el día a día o semanales que te lleven también hacia esos sueños, porque luego te puedes arrepentir y te pueden venir problemas físicos, problemas corporales, problemas mentales que no sabes de dónde vienen y vienen de esa contención.
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