A un estudiante de biotecnología no le enseñan de emprendimiento, por eso el camino que han tenido que hacer Clara González Blasco, Hugo Lluch Vidal-Abarca y Alejandro Aymerich Pérez no ha sido solo dentro del laboratorio. La idea está clara: «Queremos modificar bacterias para fertilizar y descontaminar los suelos agrarios», o como dicen estos veinteañeros en la jerga de su edad: «‘Hackeamos’ bacterias para restaurar el futuro del suelo».. Los tres estaban en el último curso del Grado de Biotecnología de la Universitat Politècnica de València a punto de presentar su Trabajo Fin de Grado cuando un profesor les informó de la convocatoria de MuéveteXValencia, el certamen de la Fundación Princesa de Girona enfocado en proyectos innovadores en torno a la dana.. Ahí se pusieron a pensar y lanzaron Biosoil con una idea: revertir el suelo degradado por la riada del 29 de octubre. «La idea nació por la dana, pero cuando empezamos a investigar nos dimos cuenta de que es una problemática a nivel mundial: un tercio de los suelos del planeta están degradados y en 2050 serán el 90% si seguimos con métodos tradicionales como fertilizantes químicos, es una problemática que no solo existe en Valencia», afirma Hugo Lluch a LA RAZÓN por teléfono.. El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ratificó la capacidad productiva del suelo agrícola afectado por la dana, pero a pesar de la riada cada vez hay más tierras abandonadas en la Comunitat Valenciana. Solo en 2025 se dejó de cultivar 3.548 hectáreas y batió el récord histórico de tierras abandonadas con 179.994 hectáreas de cultivo. Los motivos son varios: la falta de relevo generacional, los fenómenos meteorológicos y el coste encarecido de fertilizantes y su uso cada vez más restringido por las autoridades europeas. Biosoil Technologies viene a solucionar esto último: «Las soluciones que hay ahora son dos: o los químicos tradicionales, pero tienes que echarle muchas veces y destrozan los nutrientes y la vida que hay en el suelo, o biosoluciones, que se acercan un poco más a lo que proponemos, pero no son tan precisas». Porque Biosoil consiste en la biología sintética, una disciplina que mezcla conceptos de ingeniería en seres vivos. «Para descontaminar hemos buscado mucha bibliografía para saber qué genes producen estas hormonas en la parte de fertilización para las plantas y una vez identificados en el laboratorio, lo primero era diseñarlo informáticamente», explica Hugo del proceso, que hace una analogía con bloques de Lego para explicar cómo funciona el proceso. «El bloque que produce la hormona lo combinamos con otros bloques para que la bacteria entienda y produzca la hormona», afirma de un proceso que es adaptable: «Podemos meter este ‘chasis’ en cualquier tipo de bacteria», explica. Ahora toca convencer a los inversores, y no van por mal camino.. En junio de 2025 fueron uno de los cuatro ganadores del MuévetexValencia de la Fundación Princesa de Girona y ganaron también el premio SantanderX. Entre ambos han conseguido 19.000 euros para poder empezar a testear en el laboratorio la teoría. Comenzaron a «construir» las bacterias a principio de año, y el objetivo es tener un producto para ofrecer a inversores a final de año testeado ya en plantas fuera del laboratorio. Ayer ganaron la Final Nacional de Red Bull Basement que se celebró ayer en La Harinera en Valencia y que les llevará a Silicon Valley, donde pueden volver si ganan el programa Dream Big de Imagin, el banco joven de Caixabank. «Es una pasada», afirma Hugo».. El objetivo es poder comercializar su producto a finales de 2027. «Hemos tenido contacto con algunas aceleradoras y fondos de inversión y están interesados en cuanto desarrollen más el producto y estamos en proceso con agroquímicas», dice Hugo, que prefiere no precipitarse. «Hace un año éramos ratas de laboratorio», ríe. Aun así, sabe que es el futuro. «Es una solución de diseño que de entrada es más cara, pero solo hay que echarle una vez y acaba siendo rentable», dice. «Además, si los agricultores siguen usando fertilizantes químicos la UE se los va a cargar a multas y el suelo acabará muerto. Con nuestra solución hacemos revivimos el suelo», dice, en un efectivo «pitch» al lector.
El proyecto Biosoil Technologies busca revitalizar suelos agrícolas degradados con una idea de biología sintética única
A un estudiante de biotecnología no le enseñan de emprendimiento, por eso el camino que han tenido que hacer Clara González Blasco, Hugo Lluch Vidal-Abarca y Alejandro Aymerich Pérez no ha sido solo dentro del laboratorio. La idea está clara: «Queremos modificar bacterias para fertilizar y descontaminar los suelos agrarios», o como dicen estos veinteañeros en la jerga de su edad: «‘Hackeamos’ bacterias para restaurar el futuro del suelo».. Los tres estaban en el último curso del Grado de Biotecnología de la Universitat Politècnica de València a punto de presentar su Trabajo Fin de Grado cuando un profesor les informó de la convocatoria de MuéveteXValencia, el certamen de la Fundación Princesa de Girona enfocado en proyectos innovadores en torno a la dana.. Ahí se pusieron a pensar y lanzaron Biosoil con una idea: revertir el suelo degradado por la riada del 29 de octubre. «La idea nació por la dana, pero cuando empezamos a investigar nos dimos cuenta de que es una problemática a nivel mundial: un tercio de los suelos del planeta están degradados y en 2050 serán el 90% si seguimos con métodos tradicionales como fertilizantes químicos, es una problemática que no solo existe en Valencia», afirma Hugo Lluch a LA RAZÓN por teléfono.. El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ratificó la capacidad productiva del suelo agrícola afectado por la dana, pero a pesar de la riada cada vez hay más tierras abandonadas en la Comunitat Valenciana. Solo en 2025 se dejó de cultivar 3.548 hectáreas y batió el récord histórico de tierras abandonadas con 179.994 hectáreas de cultivo. Los motivos son varios: la falta de relevo generacional, los fenómenos meteorológicos y el coste encarecido de fertilizantes y su uso cada vez más restringido por las autoridades europeas. Biosoil Technologies viene a solucionar esto último: «Las soluciones que hay ahora son dos: o los químicos tradicionales, pero tienes que echarle muchas veces y destrozan los nutrientes y la vida que hay en el suelo, o biosoluciones, que se acercan un poco más a lo que proponemos, pero no son tan precisas». Porque Biosoil consiste en la biología sintética, una disciplina que mezcla conceptos de ingeniería en seres vivos. «Para descontaminar hemos buscado mucha bibliografía para saber qué genes producen estas hormonas en la parte de fertilización para las plantas y una vez identificados en el laboratorio, lo primero era diseñarlo informáticamente», explica Hugo del proceso, que hace una analogía con bloques de Lego para explicar cómo funciona el proceso. «El bloque que produce la hormona lo combinamos con otros bloques para que la bacteria entienda y produzca la hormona», afirma de un proceso que es adaptable: «Podemos meter este ‘chasis’ en cualquier tipo de bacteria», explica. Ahora toca convencer a los inversores, y no van por mal camino.. En junio de 2025 fueron uno de los cuatro ganadores del MuévetexValencia de la Fundación Princesa de Girona y ganaron también el premio SantanderX. Entre ambos han conseguido 19.000 euros para poder empezar a testear en el laboratorio la teoría. Comenzaron a «construir» las bacterias a principio de año, y el objetivo es tener un producto para ofrecer a inversores a final de año testeado ya en plantas fuera del laboratorio. Ayer ganaron la Final Nacional de Red Bull Basement que se celebró ayer en La Harinera en Valencia y que les llevará a Silicon Valley, donde pueden volver si ganan el programa Dream Big de Imagin, el banco joven de Caixabank. «Es una pasada», afirma Hugo».. El objetivo es poder comercializar su producto a finales de 2027. «Hemos tenido contacto con algunas aceleradoras y fondos de inversión y están interesados en cuanto desarrollen más el producto y estamos en proceso con agroquímicas», dice Hugo, que prefiere no precipitarse. «Hace un año éramos ratas de laboratorio», ríe. Aun así, sabe que es el futuro. «Es una solución de diseño que de entrada es más cara, pero solo hay que echarle una vez y acaba siendo rentable», dice. «Además, si los agricultores siguen usando fertilizantes químicos la UE se los va a cargar a multas y el suelo acabará muerto. Con nuestra solución hacemos revivimos el suelo», dice, en un efectivo «pitch» al lector.
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