A solo ocho kilómetros de Ciudad Real se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Castilla-La Mancha. El cerro de Alarcos, elevado unos cien metros sobre el valle del Guadiana y con una extensión de 33 hectáreas, conserva huellas de miles de años de ocupación humana, desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media. Además, alberga la que está considerada como la única fosa de restos procedentes de una batalla documentada en España. Su posición estratégica, dominando un antiguo vado del Guadiana y varias de las principales rutas de la Meseta, convirtió este enclave en un lugar clave para distintas civilizaciones. Iberos, musulmanes y cristianos dejaron su huella en un espacio que hoy permite recorrer buena parte de la historia de la región. El parque arqueológico conserva los restos de una ciudad ibérica amurallada, además de construcciones medievales y numerosos objetos recuperados durante las excavaciones iniciadas en 1984. Entre los hallazgos más destacados figuran más de 70 exvotos de bronce utilizados en ceremonias religiosas, una falcata ibérica hallada en una zona funeraria y una gran vasija griega encontrada intacta en una necrópolis. Esta vasija demuestra que objetos procedentes del mundo griego llegaron hasta el interior de la Península Ibérica gracias a las rutas comerciales de la época. Decorada con figuras rojas y escenas vinculadas al dios Dioniso, fue utilizada como urna funeraria para guardar las cenizas de una persona fallecida. Un lugar clave durante siglos Buena parte de la importancia de Alarcos se explica por su ubicación. El cerro domina un antiguo paso sobre el Guadiana y controlaba algunas de las principales rutas de comunicación de la Meseta, lo que favoreció que distintas comunidades se asentaran allí durante generaciones. Las excavaciones han permitido documentar calles, viviendas, cementerios y un santuario ibérico donde se celebraban rituales religiosos. Gracias a estos hallazgos, los arqueólogos han podido reconstruir parte de la vida cotidiana de quienes habitaron el lugar hace más de dos mil años. La batalla que marcó el destino de Alarcos El episodio más conocido de la historia de Alarcos tuvo lugar el 19 de julio de 1195. Aquel día, las tropas castellanas de Alfonso VIII fueron derrotadas por el ejército almohade liderado por el califa Yaqub al-Mansur, un enfrentamiento que frenó el crecimiento de la ciudad y cambió para siempre el futuro del enclave. Las excavaciones han permitido encontrar pruebas directas de aquella batalla. En las zanjas abiertas para construir una muralla que nunca llegó a completarse aparecieron restos humanos y animales, además de puntas de flecha, lanzas, cuchillos, espuelas, herraduras, monedas y objetos personales. Los investigadores han identificado al menos 34 personas, la mayoría hombres jóvenes. El hallazgo es excepcional porque no corresponde a un cementerio, sino a una fosa donde se depositaron los cuerpos y restos r
Este enclave, situado junto a Ciudad Real, conserva restos de distintas civilizaciones y uno de los hallazgos arqueológicos más singulares del país
A solo ocho kilómetros de Ciudad Real se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Castilla-La Mancha. El cerro de Alarcos, elevado unos cien metros sobre el valle del Guadiana y con una extensión de 33 hectáreas, conserva huellas de miles de años de ocupación humana, desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media.Además, alberga la que está considerada como la única fosa de restos procedentes de una batalla documentada en España.Su posición estratégica, dominando un antiguo vado del Guadiana y varias de las principales rutas de la Meseta, convirtió este enclave en un lugar clave para distintas civilizaciones. Iberos, musulmanes y cristianos dejaron su huella en un espacio que hoy permite recorrer buena parte de la historia de la región.El parque arqueológico conserva los restos de una ciudad ibérica amurallada, además de construcciones medievales y numerosos objetos recuperados durante las excavaciones iniciadas en 1984. Entre los hallazgos más destacados figuran más de 70 exvotos de bronce utilizados en ceremonias religiosas, una falcata ibérica hallada en una zona funeraria y una gran vasija griega encontrada intacta en una necrópolis.Esta vasija demuestra que objetos procedentes del mundo griego llegaron hasta el interior de la Península Ibérica gracias a las rutas comerciales de la época. Decorada con figuras rojas y escenas vinculadas al dios Dioniso, fue utilizada como urna funeraria para guardar las cenizas de una persona fallecida.Un lugar clave durante siglos Buena parte de la importancia de Alarcos se explica por su ubicación. El cerro domina un antiguo paso sobre el Guadiana y controlaba algunas de las principales rutas de comunicación de la Meseta, lo que favoreció que distintas comunidades se asentaran allí durante generaciones.Las excavaciones han permitido documentar calles, viviendas, cementerios y un santuario ibérico donde se celebraban rituales religiosos. Gracias a estos hallazgos, los arqueólogos han podido reconstruir parte de la vida cotidiana de quienes habitaron el lugar hace más de dos mil años.La batalla que marcó el destino de Alarcos El episodio más conocido de la historia de Alarcos tuvo lugar el 19 de julio de 1195. Aquel día, las tropas castellanas de Alfonso VIII fueron derrotadas por el ejército almohade liderado por el califa Yaqub al-Mansur, un enfrentamiento que frenó el crecimiento de la ciudad y cambió para siempre el futuro del enclave.Las excavaciones han permitido encontrar pruebas directas de aquella batalla. En las zanjas abiertas para construir una muralla que nunca llegó a completarse aparecieron restos humanos y animales, además de puntas de flecha, lanzas, cuchillos, espuelas, herraduras, monedas y objetos personales.Los investigadores han identificado al menos 34 personas, la mayoría hombres jóvenes. El hallazgo es excepcional porque no corresponde a un cementerio, sino a una fosa donde se depositaron los cu
Noticias de Castilla-La Mancha: última hora local de hoy en La Razón
