La noticia corre rápido, dentro y fuera de Estados Unidos. Las cámaras ya apuntan a un rascacielos que, hasta ahora, era invisible en el skyline de Nueva York. La antigua sede de la farmacéutica Pfizer sufre riesgo de colapso. El edificio, de 37 alturas, se ha achatado. Construido en los años sesenta, entre la Segunda Avenida y la Calle 42, muy cerca de la ONU, estaba siendo sometido a una reforma para transformar las oficinas en apartamentos de lujo. Y, de paso, se han ido añadiendo unas cuatas plantas encima. Pero dos columnas no han aguantado el peso.Se desaloja la zona. Los servicios de seguridad toman medidas. Empieza el espectáculo del “Ay”, que tanto alimenta a la sociedad de la inmediatez. Si fuera en otra ciudad del planeta su estatus de noticia dependería del desenlace. Pero sucede en Nueva York, la que aupamos como capital del mundo, así que hay un público ansioso de seguir el minuto a minuto “por si acaso”. Aunque desde la calle no se divise demasiado. Fox News lanza una señal en directo. Lo mismo la agencia AP. Su audiencia, previsora, demanda contemplar la fachada para sentirse parte de la historia. Para poder exclamar: «yo vi la caída con mis propios ojos». Pero LA cámara de AP toma la iniciativa. Está decidida a hacer periodismo más que a ser un mirona. No solo graba al edificio donde están los ojos de todos y va encontrando las realidades que rodean a un imprevisto. Escucha el entorno y repara en la policía lidiando con los curiosos. E incluso con un Spiderman, dispuesto a ayudar. Los superhéroes ya no son como en los años dorados de Hollywood. Se ve. Este no se cuelga por las ventanas. Tampoco da uso a sus capacidades arácnidas. Pero da la mano a las fuerzas del orden público como si fuera el alcalde de Nueva York. Educación ante todo. Y la cámara nos lo enseña. Antes de volver a mirar arriba, que en el chat de Youtube se lo reclaman. Temen perderse la tragedia que se puede sobrevenir. Pero el objetivo continúa encontrando los secundarios que dan los matices al acontecimiento. De repente, tira de zoom y se acerca hasta los camiones de bomberos a pie de andamios. Los firefighter están picando algo. Unas patatas fritas. Unos saladitos. Hay que estar con la energía cubierta. No vaya a ser que toque correr. Tras el atracón poco dietético, uno de ellos se cuelga del mobiliario público y empieza a hacer dominadas. La cámara también lo graba. Los bomberos llevan el crossfit en el ADN. Comen, calientan y, a la vez, bajan rápido las grasas ultraprocesadas que se acaban de meter en su entrenado cuerpo.Así el cámara va contando la vida entorno a un edificio con dos columnas dobladas. La gran calle vacía. Los corrillos de los funcionarios debatiendo. El atardecer. La noche apareciendo sin piedad. De hecho, con la falta de luz, la emisión se para. Hasta, sorpresa, volver desde un piso frontal al fallo estructural. Han logrado la imagen más decisiva de la noticia: las dos columnas de la planta 21
Cuando el periodismo adelanta al mero morbo.
20MINUTOS.ES – Televisión
La noticia corre rápido, dentro y fuera de Estados Unidos. Las cámaras ya apuntan a un rascacielos que, hasta ahora, era invisible en el skyline de Nueva York. La antigua sede de la farmacéutica Pfizer sufre riesgo de colapso. El edificio, de 37 alturas, se ha achatado. Construido en los años sesenta, entre la Segunda Avenida y la Calle 42, muy cerca de la ONU, estaba siendo sometido a una reforma para transformar las oficinas en apartamentos de lujo. Y, de paso, se han ido añadiendo unas cuatas plantas encima. Pero dos columnas no han aguantado el peso.Se desaloja la zona. Los servicios de seguridad toman medidas. Empieza el espectáculo del “Ay”, que tanto alimenta a la sociedad de la inmediatez. Si fuera en otra ciudad del planeta su estatus de noticia dependería del desenlace. Pero sucede en Nueva York, la que aupamos como capital del mundo, así que hay un público ansioso de seguir el minuto a minuto “por si acaso”. Aunque desde la calle no se divise demasiado. Fox News lanza una señal en directo. Lo mismo la agencia AP. Su audiencia, previsora, demanda contemplar la fachada para sentirse parte de la historia. Para poder exclamar: «yo vi la caída con mis propios ojos». Pero LA cámara de AP toma la iniciativa. Está decidida a hacer periodismo más que a ser un mirona. No solo graba al edificio donde están los ojos de todos y va encontrando las realidades que rodean a un imprevisto. Escucha el entorno y repara en la policía lidiando con los curiosos. E incluso con un Spiderman, dispuesto a ayudar. Los superhéroes ya no son como en los años dorados de Hollywood. Se ve. Este no se cuelga por las ventanas. Tampoco da uso a sus capacidades arácnidas. Pero da la mano a las fuerzas del orden público como si fuera el alcalde de Nueva York. Educación ante todo. Y la cámara nos lo enseña. Antes de volver a mirar arriba, que en el chat de Youtube se lo reclaman. Temen perderse la tragedia que se puede sobrevenir. Pero el objetivo continúa encontrando los secundarios que dan los matices al acontecimiento. De repente, tira de zoom y se acerca hasta los camiones de bomberos a pie de andamios. Los firefighter están picando algo. Unas patatas fritas. Unos saladitos. Hay que estar con la energía cubierta. No vaya a ser que toque correr. Tras el atracón poco dietético, uno de ellos se cuelga del mobiliario público y empieza a hacer dominadas. La cámara también lo graba. Los bomberos llevan el crossfit en el ADN. Comen, calientan y, a la vez, bajan rápido las grasas ultraprocesadas que se acaban de meter en su entrenado cuerpo.Así el cámara va contando la vida entorno a un edificio con dos columnas dobladas. La gran calle vacía. Los corrillos de los funcionarios debatiendo. El atardecer. La noche apareciendo sin piedad. De hecho, con la falta de luz, la emisión se para. Hasta, sorpresa, volver desde un piso frontal al fallo estructural. Han logrado la imagen más decisiva de la noticia: las dos columnas de la planta 21
