El 79,3% de las compañías familiares de Cataluña que estaban activas en 2015 seguían siéndolo en 2024, una tasa de supervivencia seis puntos superior al 73,6% registrado entre las compañías no familiares, según el informe «La empresa familiar en Cataluña 2026: contribución y continuidad», presentado por la Asociación Catalana de la Empresa Familiar (Ascef) en Barcelona, en el marco de su asamblea anual de socios. La ventaja se consolida y se amplía con el paso de los años. A los 10 años, la empresa familiar alcanza una tasa de supervivencia del 99%, frente al 98,1% de la no familiar. A los 20, la brecha crece hasta los 4,8 puntos —93,2% frente a 88,4%—. La mayor diferencia se produce a los 30 años: el 84,4% de las compañías familiares sigue en activo, frente al 78,4% de las no familiares, una distancia de seis puntos. El informe atribuye esta mayor resistencia a la «vocación de perpetuarse a través de las siguientes generaciones», que impulsa una visión a largo plazo y un arraigo territorial que, según el texto, «fundamentan su mayor capacidad de resiliencia y continuidad». La Ascef señala también que las empresas familiares consolidadas —de segunda generación en adelante— están menos endeudadas que las no familiares y, en consecuencia, son «más solventes», una ventaja que se acentúa precisamente entre las compañías más longevas. Las compañías familiares no solo aguantan más, sino que constituyen el núcleo del tejido productivo de Cataluña. Representan el 92,3% de las empresas de la región, generan el 76,9% del empleo privado y aportan el 70,3% del valor añadido bruto (VAB), el indicador que mide el valor de la producción descontando el coste de materias primas y servicios intermedios. En la práctica, nueve de cada 10 empresas catalanas y tres cuartas partes del empleo privado llevan apellido familiar. La continuidad generacional sigue siendo, con todo, el principal reto estructural del modelo. El 40% de las empresas familiares se encuentran en primera generación, lo que refleja que una parte significativa del tejido familiar catalán es de creación reciente. Solo el 2,1% ha alcanzado la tercera generación o más. La presidenta de la Ascef, Rosa Tous, apuntó que garantizar la sucesión es «especialmente complejo en las empresas más jóvenes», y añadió que la necesidad de crecer para ganar competitividad y la demanda de «un entorno estable» figuran entre los retos prioritarios del sector. La implantación del modelo varía por demarcaciones. Lleida encabeza la clasificación, con el 94% de sus compañías de carácter familiar, seguida de Tarragona (93,3%), Barcelona (92%) y Girona (91,4%). El análisis por antigüedad introduce matices relevantes: si se excluyen las empresas con menos de 10 años, el modelo familiar representa el 77,4% del tejido catalán; y si el filtro se aplica solo a las de más de 25 años —aquellas que ya han afrontado algún cambio generacional—, la cifr
Su tasa de supervivencia supera en seis puntos a la de las compañías no familiares
El 79,3% de las compañías familiares de Cataluña que estaban activas en 2015 seguían siéndolo en 2024, una tasa de supervivencia seis puntos superior al 73,6% registrado entre las compañías no familiares, según el informe «La empresa familiar en Cataluña 2026: contribución y continuidad», presentado por la Asociación Catalana de la Empresa Familiar (Ascef) en Barcelona, en el marco de su asamblea anual de socios.La ventaja se consolida y se amplía con el paso de los años. A los 10 años, la empresa familiar alcanza una tasa de supervivencia del 99%, frente al 98,1% de la no familiar. A los 20, la brecha crece hasta los 4,8 puntos —93,2% frente a 88,4%—. La mayor diferencia se produce a los 30 años: el 84,4% de las compañías familiares sigue en activo, frente al 78,4% de las no familiares, una distancia de seis puntos. El informe atribuye esta mayor resistencia a la «vocación de perpetuarse a través de las siguientes generaciones», que impulsa una visión a largo plazo y un arraigo territorial que, según el texto, «fundamentan su mayor capacidad de resiliencia y continuidad». La Ascef señala también que las empresas familiares consolidadas —de segunda generación en adelante— están menos endeudadas que las no familiares y, en consecuencia, son «más solventes», una ventaja que se acentúa precisamente entre las compañías más longevas.Las compañías familiares no solo aguantan más, sino que constituyen el núcleo del tejido productivo de Cataluña. Representan el 92,3% de las empresas de la región, generan el 76,9% del empleo privado y aportan el 70,3% del valor añadido bruto (VAB), el indicador que mide el valor de la producción descontando el coste de materias primas y servicios intermedios. En la práctica, nueve de cada 10 empresas catalanas y tres cuartas partes del empleo privado llevan apellido familiar.La continuidad generacional sigue siendo, con todo, el principal reto estructural del modelo. El 40% de las empresas familiares se encuentran en primera generación, lo que refleja que una parte significativa del tejido familiar catalán es de creación reciente. Solo el 2,1% ha alcanzado la tercera generación o más. La presidenta de la Ascef, Rosa Tous, apuntó que garantizar la sucesión es «especialmente complejo en las empresas más jóvenes», y añadió que la necesidad de crecer para ganar competitividad y la demanda de «un entorno estable» figuran entre los retos prioritarios del sector.La implantación del modelo varía por demarcaciones. Lleida encabeza la clasificación, con el 94% de sus compañías de carácter familiar, seguida de Tarragona (93,3%), Barcelona (92%) y Girona (91,4%). El análisis por antigüedad introduce matices relevantes: si se excluyen las empresas con menos de 10 años, el modelo familiar representa el 77,4% del tejido catalán; y si el filtro se aplica solo a las de más de 25 años —aquellas que ya han afrontado algún cambio generacional—, la cifra se
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